MARÍA ELENA TORD

Cada vez más se considera al Cusco dentro de los destinos para viajes en familia y es que muchos prejuicios como el problema de la altura han sido superados y se ha comenzado a considerar a esta ciudad como una alternativa familiar, pues ese encanto que tiene y que tanto gusta a los grandes, también fascina, aunque no lo crea, a los niños. Una vez ahí se dará cuenta de que actividades para los niños hay muchas y cada vez aumentan.

PRIMERA EXCURSIÓN: EL VALLE SAGRADO Es recomendable que la primera parada al llegar al Cusco sea el valle de Urubamba, debido a que está un poco más bajo que la ciudad del Cusco; se trata de un buen comienzo si quiere prevenir un posible soroche.

A los niños siempre les cae bien los paseos al río y a los valles. Un poco de aire fresco siempre es reconfortante, sobre todo para los que viven en la ciudad.

Una caminata que los más pequeños disfrutan mucho es la visita a las salineras de Maras, donde cientos de pozos de sal forman un paisaje blanco rodeado de montañas. Aquí se extrae la sal que abastece a los mercados de la región. A las salineras se llega a pie por un camino de herradura o en carro por carretera en temporada seca.

No muy lejos están también las andenerías circulares de Moray, este lugar, que sirvió como laboratorio agrícola durante la época de los incas, es una diversión asegurada. Ahí los niños pueden correr a sus anchas, bajar y subir cuantas veces quieran con un hermoso paisaje de la cordillera como fondo.

También cerca, y a solo unos 20 minutos en carro de Moray, está Chinchero. Ahí pregunte por los talleres textiles, donde las señoras de la zona hacen didácticas demostraciones de todo el proceso de hilado y teñido de los tejidos. Estos textiles son famosos por ser de los más bellos de la región y por conservar ancestrales técnicas en su elaboración que podrá apreciar en las clases.

En Chinchero, aproveche para conocer su iglesia y el complejo arqueológico que está a un lado de la plaza principal.

Otra opción para pasar la tarde es el Wayra, que es un centro campestre del hotel Sol y Luna, que ofrece diferentes experiencias a los visitantes del valle, muchas de las cuales están dedicadas exclusivamente a los más pequeños. El concepto de Wayra es dar a conocer a los niños la cultura y el arte de sus pobladores a través de talleres de cerámica, textilería y cocina.

Tanto en Wayra como otras empresas de la zona ofrecen paseos a caballo de paso y excursiones por el valle en bicicletas de montaña y kayac. Ahora Natura Vive tiene en Pachar, en el Valle Sagrado alternativas de aventura que les permitirá a niños desde los 6 años de edad escalar de forma segura la Vía Ferrata, en una pared de roca de 300 m y luego descender a través de 6 líneas de canopy.

En el valle hay una pollería llamada Wallpa Wasi, que es un acogedor restaurante campestre, al estilo de la Granja Azul, donde ofrecen pollos a la brasa tipo bufet, y cuentan además con un gran jardín con saltarines y juegos para niños. Esta es una buena opción para la hora del almuerzo.

DE REGRESO A LA CIUDAD En el Cusco ciudad también hay varias alternativas para divertirse con sus hijos. A las afueras está el complejo arqueológico de Sacsayhuamán. Si se introduce en el lugar, encontrará unas formaciones naturales de piedra que se usan como resbaladeras. Las hay de varios tamaños.

Si quiere actividades al aire libre, puede contratar caballos que lo lleven hasta la Zona X para conocer sus misteriosas cuevas. Una vez en la ciudad puede optar por el tranvía turístico que sale de la Plaza de Armas y llega a Sacsahuamán.

ANTOJITOS POR LA TARDE Llega la tarde y qué mejor que un dulcecito en un sitio lleno de juguetes. En el Cusco existe un lugar llamado Yanapay que, con lo que recauda por el restaurante, promueve una aldea de niños. Hay mesas y sillas a la medida de los más pequeños y juegos, postres y cuentos.

Otra opción es también la heladería El Hada donde Alessandra Pinasco, inspirada en la pasión culinaria heredada de su abuelo, ofrece helados artesanales de más de 40 sabores, creados con originales insumos 100% naturales como de lavanda, de manzanas horneadas, doña Pepa, vainilla real y el de suspiro. Y para los más grandes destaca su buen café.

El Choco Museo es también otra parada fija. En su lúdico museo el visitante podrá conocer todo el proceso de preparación del cacao y del chocolate. Para los niños está el taller Desde el árbol: 2 horas bien divertidas, donde hacen sus propios chocolates con más de una docena de sabores por elegir. Recomendable para niños desde los 8 años de edad. Es una experiencia para compartir con los padres.

Para los más pequeños está el Minitaller de 45 minutos (de 4 años de edad en adelante) donde moldean sus chocolates con los sabores que se les antoje.

Y para la noche, qué mejor que una pizza. En el barrio de San Blas está el Pacha Papa, un acogedor restaurante que tiene un amplio patio. Desde sus hornos de barro sale toda clase de pizzas.