¿Casarse o no casarse? consideraciones antes de dar el sí
¿Casarse o no casarse? consideraciones antes de dar el sí
Redacción EC

Rosa Chávez Yacila

Matrimonio, boda, casamiento, nupcias, casorio. Lo que a primera vista trae consigo: el vestido blanco, los aros, el «sí acepto», la luna de miel. Si vives por esta parte del mundo llamada Occidente, estas escenas forman parte de tu imaginario. Si además eres mujer, seguro habrás pensado más de una vez en el rol que asumirás al respecto. ¿Serás la novia o la eterna invitada? ¿Lo harás antes o después de los 30? ¿Estás a favor o en contra? ¿Matrimonio o convivencia? Soy de la idea de que las mujeres debemos pensar en serio en el matrimonio (¿Qué significa? ¿Por qué lo hacemos? ¿Qué implica para una chica escéptica como yo?), en lugar de solo dejarnos llevar por la vorágine popular e histérica que nos hace creer que estamos destinadas a él y que si no nos casamos, hemos fallado.

El matrimonio fue y sigue siendo un símbolo de estatus y bienestar. Una persona casada es vista por los demás como estable, madura, responsable, fiel, seria. Y aunque por lo general el estereotipo del «felizmente casado» no funciona tan felizmente en la vida real, allí sigue, perpetuo e invencible, modelando nuestros pensamientos y decisiones respecto a la vida en pareja. ¿Podemos vivir libres de su influencia?

En su libro «Cómo ser mujer», la periodista británica Caitlin Morán dice que el matrimonio y su insignia por excelencia,la boda, es un suceso con el que principalmente sueña la novia. Si nos ha tocado pensar de más en el asunto, al menos meditemos en los motivos que nos impulsan a contraerlo; porque atender los equívocos nos perjudicará tarde o temprano. Al cabo de un tiempo puedes arrepentirte y desear acabar con tu unión. «Ya se me está pasando la hora», «lo hago sobre todo por mis papás», «estoy embarazada» o «si no es con él no habrá otro» no son razones suficientes para casarte. Aunque la opinión de tus padres, tu edad o tu posición económica son aspectos que podrían importar para tomar una decisión, no deben ser determinantes.

Al igual que con la maternidad, nunca estarás por completo preparada para el matrimonio y su prueba de fuego diaria, la convivencia. Además, como dice el psicoanalista Enrique Roig «cuando te casas con una persona, además lo haces con su familia». Tu pareja es un entramado de valores, conductas, modos de pensar y familiares quizá muy diferentes a los tuyos. Si las expectativas de tu matrimonio están basadas en tus propias vivencias, lo más probable es que te estrelles contra la pared. El éxito de una relación depende de la capacidad de las partes para llegar a un acuerdo, de saber ponerse en el lugar del otro, de buscar el bien mutuo. De ahora en adelante no se tratará solo de ti, sino de ambos, por más independiente que te hayas propuesto ser.

Nunca estarás 100% lista para casarte, pero al menos si sabes y sientes que amas a la persona que está contigo, que de ningún modo te daña o te degrada y que pueden crecer juntos; entonces no está mal que quieras casarte. Después de todo, el matrimonio nunca pasará de moda.

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