Adriana Rojas Somontes

author

adriana.rojas@comercio.com.pe

Un portón rojo decorado con una franja blanca que va de esquina a esquina en la cuadra 21 de la avenida Canadá sirve de marco para ingresar a la cancha donde se llevó a cabo el torneo más importante de fútbol femenino en Perú. Se trata de una de las canchas de La Videna en el distrito de San Luis, Lima. En este lugar, el domingo 24 de noviembre se jugó la última fecha de la fase de grupos de la etapa regional que compete a Lima y Callao. Las agrupaciones que lograron su pase a la final para, por fin, medirse con equipos de todo el país y tentar alcanzar el título nacional son: Alianza Lima en el grupo A y Universitario de Deportes en el B.

En el camino de tierra que direcciona a la cancha de gras sintético donde se define quiénes jugarían la final, suenan las alegorías de la U. Son las 11:00 am, las cremas ganan por dos goles a cero a JC Sport Girls, un equipo que ha campeonado cuatro veces en su historia y que, antes, ha vencido a la U. “Vamos vamos merengues a ganar, la hinchada te sigue a dónde vas. Domingo a domingo siempre voy a estar. No me falles que queremos campeonar”, es el ritmo que musicaliza los goles de las cremas. La contienda termina con Universitario como ganador absoluto. Un arrollador cinco a cero las coloca líderes del grupo B y las hace esperar con ansias el siguiente resultado que definirá a su competidor en el grupo A. Deberán vencerlas para alcanzar su meta: ganar el torneo nacional y obtener un pase a la Copa Libertadores Femenina.

Las aproximadamente cuarenta personas que alientan a las futbolistas de la U, son Fuerza U Norte, pero no siempre pudieron estar ahí. Hace tres meses empezó la lucha que con esta presencia va entregando resultados. Una fotografía tomada a la delantera merengue Steffani Otiniano, que tras anotarle un gol al equipo de Cristal (el tercer mejor equipo en la Zona Lima), cambio la merecida celebración por una expresión de enojo en su rostro. Steffani se plantó frente a los pocos fotógrafos que registraban el partido y diagramó el símbolo matemático de igual con sus antebrazos puestos frente a su pecho en posición horizontal. Jugaban sin público hacía varios partidos y reclamaba igualdad de oportunidades. Sería simple decir que ahí empezó todo, pero no. El pedido de igualdad arrastra años.

Steffani Otiniano celebrando su gol ante Sporting Cristal. (Foto: Universitario)
Steffani Otiniano celebrando su gol ante Sporting Cristal. (Foto: Universitario)

Cuando termina el partido entre la U y JC espero reunirme con Kimberly Flores Peralta. Sus pasos hacia las gradas de la cancha sintética de La Videna se ven interrumpidos por jóvenes periodistas que quieren alguna de sus declaraciones, hinchas que le piden firmar sus camisetas y sonreír para los selfies que sus seguidores y seguidoras están listos a capturar junto a ella.

De sus 29 años, diez han sido destinados al ejercicio del fútbol. Es hincha de la U y llegó a vestir la camiseta del equipo de sus amores gracias a que su hermano, el carismático mediocampista de la selección nacional de varones, Edison Flores, le notificara de una convocatoria femenina en el club. Ahí conoció la realidad del deporte de multitudes si las mujeres quieren jugarlo. Las carencias eran insostenibles. “No les importábamos tanto al club, a los dirigentes. No había apoyo”, recuerda. El club no les daba camisetas, tenían que mandárselas a hacer por sí mismas. Es decir, las futbolistas no perciben sueldo y, encima, tenían que invertir para jugar.

Se vio obligada a cambiar de piel. Su carácter no le permitió darse licencia a quedarse en un lugar donde no se sentía bien tratada. Hace dos años retornó a lo que ella denomina su casa. Aún falta muchísimo por mejorar, pero al menos durante este año han recibido un incentivo económico para invertir en pasajes. A diferencia de antes, ahora también las hidratan brindándoles bebidas.

Las historias de los futbolistas emblema en el Perú – y en el mundo- casi siempre se caracterizan por el gran esfuerzo que depositaron en sus sueños. Los favoritos de la hinchada peruana: Jefferson Farfán o Paolo Guerrero, son perfectos ejemplos de ello. Hombres que cuando eran niños no tenían dinero siquiera para las zapatillas y que, diez o veinte años después, lucen los relojes, los autos y las propiedades más costosas. Gracias a mostrarse en la primera división del torneo local para que luego alguien en el extranjero note su destreza en el dominio del balón. Lamentablemente, las niñas que tienen el don en los pies no corren la misma suerte. En el Perú, se puede trabajar duro para ser una futbolista, pero lograrlo no saca de la pobreza a ninguna.

Para una niña es difícil optar por dedicarse al fútbol. Sin modelos los sueños no parecen tener una pista de aterrizaje. El camino de estas mujeres es tan sacrificado como lo fue salir de la pobreza a Jefferson Farfán. Cindy Novoa, la mediocampista estrella de la U y precursora del movimiento #QueremosSerVistas, es una prueba. Tres de los cinco días hábiles de la semana los dedica a entrenar con su club en el estadio Lolo Fernández, el resto del tiempo lo hace de manera independiente para no perder el físico y el último resto de su tiempo lo emplea a estudiar en la universidad.

Cuando Cindy notó que su compañera Steffani Otiniano se plantó a pedir igualdad, decidió armar un movimiento. Convocó a las futbolistas más representativas del torneo, una por cada equipo, para organizarse y exigir condiciones iguales. Primero lo impostergable, seguro médico. Luego lo justo, jugar con público. Y finalmente lo que corresponde a cualquier persona que realice un trabajo profesional: personal capacitado para entrenarlas, incremento de presupuesto para apuntar al crecimiento del fútbol femenino, posibilidad para inscribir futbolistas extranjeras que incrementen el nivel y más. El pedido fue hecho a nombre de las futbolistas de clubes y las seleccionadas; es decir, a la Federación y los clubes.

Foto: Giancarlo Avila
Foto: Giancarlo Avila

Así se enteró Némesis Leal, la número siete de Alianza Lima, el equipo victoriano. Su capitana, Alison Reyes, les avisó por el grupo de WhatsApp que organizarían un banderolazo por la igualdad. Ella no pudo asistir porque fue a Ecuador convocada a jugar con la selección en la Liga Sudamericana sub-19. Es que, hace un par de meses, Némesis era menor de edad. Aunque ella no estuvo en la marcha #QueremosSerVistas el 13 de setiembre, sus padres sí. Como en cada paso de su carrera. “Es que a mi mamá le gusta mucho el fútbol”, me cuenta con esa sonrisa que, cuando se muestra, hace notar su corta edad. A su papá también, desde niña la inscribía en los torneos de su barrio en Villa El Salvador.

Luego, en los equipos que perfilarían sus dotes antes de lucir la blanquiazul. Némesis pasó toda su secundaria jugando fútbol por las tardes. Salía del colegio, almorzaba y se iba a entrenar. Regresaba a las ocho de la noche diariamente con el tiempo justo para comer y dormir. Era como llevar una doble vida, pero nada le importaba más que el fútbol. Durante esos años afinaba su velocidad y su notable dominio de la pelota.

Fotografía: César Campos.
Fotografía: César Campos.

“Antes había muchas críticas. Jugabas fútbol y decían machona o marimacha”, confiesa la delantera de Alianza, que aunque siempre gozó del apoyo de sus padres, también recibió críticas de compañeros en el colegio. Siempre hizo oídos sordos para evitarse problemas y siguió adelante hasta hoy. Cindy Novoa también confiesa haber sido criticada. En su natal Amazonas no era común que las mujeres jueguen al fútbol. Ella tenía que practicar con hombres porque no había muchas niñas que compartan su gusto y a su padre, fallecido hace cuatro años, parecía incomodarle. “Nunca me lo dijo, pero estoy segura de que no le gustaba mucho”, señala.

Es que el fútbol parece ser un deporte no diseñado para mujeres. Se puede ver desde los uniformes. Las jugadoras de vóley femenino, un deporte bien visto para las féminas, se han caracterizado por vestir ceñidos shorts que apenas cubren por completo sus nalgas. Antes, usaban una prenda que parecía una truza. Este deporte adaptado a la versión masculina no traslada la indumentaria. Los hombres voleibolistas usan pantalones holgados hasta los muslos. A diferencia del voley, las chicas en el fútbol femenino usan el mismo estilo de uniforme que los varones, camiseta, shorts que cubren sus muslos por completo hasta la rodilla y medias largas.

En la misma cancha de La Videna, ubicada en la cuadra 21 de la avenida Canadá, pero a la 1:00pm Alianza Lima se asegura su pase al partido final de la etapa regional. Con cinco goles en su favor y cero en contra, se impone ante el club Partizán que ve apagado el sueño. Al terminar el partido, su hinchada, La Banda Blanquiazul las aplaude y les canta. “Por qué será que te llevo tan adentro. Un sentimiento que no tiene explicación. Te seguiré toda la vida porque eres mi pasión. Alianza Lima yo te quiero ver campeón”. Un bombo y una tarola acompañan el canto el canto final que adornó el triunfo de las blanquiazules. Ellas se acercan a la hinchada y saltan abrazadas mientras comparten la alegría.

Me acerco a Emily la Peque Flores. En este último partido del grupo A, anotó un golazo desde fuera del área. Es seleccionada, ex jugadora de Universidad Cesar Vallejo y hoy uno de los jales de Alianza para clasificarse a la etapa nacional del torneo. El resultado la desborda, pero sabe que el encuentro final será un partido muy duro. Le pregunto qué sentiría si le anuncian que la final de la etapa regional también será en el Estadio Nacional, sonríe. “Sería más emocionante. Que la gente vaya a alentar porque nosotras también jugamos”. Y es que el punto más álgido de la campaña #QueremosSerVistas sucedió hace más de un mes atrás. El 26 de octubre, las agrupaciones femeninas de Alianza y Universitario conglomeraron a más de 10 mil personas en el Estadio Nacional. Por fin eran vistas.

Las entradas costaron cinco soles para zona Oriente y quince para zona Occidente. Solo se habilitaron dos tribunas. Al parecer, desplegar orden para cubrir un clásico requería más tiempo. Una semana antes se había resuelto que ambas escuadras se enfrentarían por el título de la Zona Lima, pero sería cuatro días después que se decidiría jugarlo en el recinto deportivo más importante del país. Se decretó que el partido se jugaría el sábado a las cuatro de la tarde y apenas el viernes por la mañana se habilitó la venta online. Casi todas se vendieron en día y medio. “Marcamos un récord”, me comenta Cindy con satisfacción. Ese es uno de los reclamos. Las coordinaciones para el desarrollo de los partidos son risibles.

En 2017, cuando enfrentaban a JC Sport Girls por la final del campeonato Regional, las chicas de la U vivieron el momento más incómodo de sus carreras. Malas coordinaciones de la Federación Peruana de Fútbol hicieron que la final se llevara a cabo tres veces. En la primera ganó la U, pero la persona responsable de la Federación no se hizo presente y no validó su título. Luego, las llevaron a un estadio del que, a mitad de partido debieron salir porque no contaban con autorización para jugar ahí. En esa segunda fecha tenían la opción de buscar otra cancha inmediatamente o cambiar el día otra vez. Decidieron cambiar la fecha. En la tercera final que se jugó, perdieron las chicas cremas. Cindy escribió una carta dirigida a Edwin Oviedo -en ese entonces presidente de la Federación Peruana de Fútbol- con la firma de muchas de sus compañeras abalando el reclamo por la poca seriedad con las que fueron tratadas. La respuesta llegó dos años después, cuando algunas deportistas fueron convocadas a jugar representando a la selección. Entonces les hicieron firmar una carta disculpándose por el reclamo. Solo así podrían vestir la bicolor. Ellas lo hicieron. Cindy duda de que la Federación haya estado detrás de semejante condición. Seguramente –dice- la persona de la que se quejaron les quiso dar un escarmiento.

El recuerdo de aquel clásico a finales de octubre las transporta al momento más feliz de su vida. “Aún no podemos creerlo”, en palabras de Cindy Novoa. “Fue un sueño”, en palabras de Némesis Leal. El enfrentamiento fue televisado por cable y radio. Ese partido marcó un antes y un después en sus vidas. Luego de la exposición mediática que les dio el clásico, la fiesta no ha terminado. La hinchada las sigue, las alienta y admira.

Xiomara Canales, defensa de Alianza Lima, reconoce que antes las venían a alentar muy poco. Particularmente a ella le pedían fotografías porque su hermana gemela juega en la U y resultaba muy curioso para los asistentes observar el enfrentamiento. De hecho, el penal otorgado al cuadro crema durante el clásico que definió al campeón de la Zona Lima, se debió a una falta que Xiomara le hizo a su hermana Xioczana Canales, la nueve de la U. Para ella es una nueva oportunidad. “Realmente lo anhelaba porque quiero mi revancha. No me sentí tan satisfecha por el resultado que tuvimos”- Universitario ganó por dos a uno – “Pero ya que nos hemos reforzado y nos estamos entendiendo con la gente. Se va a dar un bonito clásico, ¿no? Y que la gente venga a apoyarnos”. Esa es la sentencia de todas. Que el trabajo de entregarse diariamente a la pasión que las mueve tenga resultados. Que puedan ser vistas.

Fotografía: César Campos.
Fotografía: César Campos.


RELACIONADAS