En el 2011 fundó la ONG ¡Soy Autista y Qué!(Foto: Archivo El Comercio)
En el 2011 fundó la ONG ¡Soy Autista y Qué!(Foto: Archivo El Comercio)
Alejandro Salas

Cuando su hijo Jimmy fue diagnosticado con a los 2 años, (48) sabía que debía dejar su trabajo como periodista para poder dedicarse por completo a su cuidado. No lo pensó dos veces. “O trabajo o me dedicó a él. Porque todo no voy a poder. Empecé a sacrificar cosas, porque primero estaba él”, detalla.

Por desconocimiento, Milagro no entendía que las rabietas de Jimmy en la calle escondían algo más. Era una situación que se repetía cada vez que salían y que aumentó en el nido. Mientras los niños de su edad empezaban a decir sus primeras palabras, su pequeño no hablaba.

Huamán pensó que se trataba de un problema de lenguaje, pero luego de que su hijo fue evaluado por especialistas, y esperar casi un mes y medio por los resultados, escuchó lo que ya presentía por dentro: “es un niño con autismo”. Desde ese día empezó una lucha incansable al lado de Jimmy. Pasó de redactar notas periodísticas a asistir más de 10 horas semanales a citas con neurólogos, terapistas, psicólogos. Todo con la finalidad de que él pudiera crecer y desenvolverse de la mejor manera en su vida.

(Foto: Archivo)
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Milagro ponía todo de su parte, pero el tratamiento para una persona con autismo tiene un costo elevado y es demandante para toda madre. Había noches en las que no dormía. Por momentos se frustraba y creía que lo que le pasaba a Jimmy era su culpa. Así que empezó a combinar las terapias con momentos amenos con su hijo. Dibujaban, pintaban, practicaban natación. Sin darse cuenta, mientras que a Milagro estos hábitos empezaron a ayudarla a despejar su mente, para Jimmy significaron un gran avance sin gritos o golpes en las ventanas.

Liderando un movimiento

(Foto: Archivo)
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A Milagro nadie le contó sobre la poca empatía de la gente hacia un niño con autismo. Ella lo vivió en carne propia. Cuando iba a restaurantes o supermercados debía pedir disculpas por el accionar de Jimmy y, sobre todo, soportar las caras largas o críticas de personas que no entendían porque su hijo se comportaba de esta manera.

Fue así, que en el 2011, gracias a la motivación de otras madres con niños con autismo, decidió que era el momento de hacer algo más grande y crear la ONG , con la idea de sensibilizar a la población sobre el autismo. “Había que poner en el tapete qué es el autismo y no usar esta palabra como una ofensa”, explica.

El trabajo recién empezaba. Visitó medios de comunicación, envió notas de prensa, organizó y dictó junto a especialistas talleres gratuitos a padres y profesores. También, se unió a campañas mundiales. Cada vez, gracias a la ONG, hacía mucho más de lo que creía poder alcanzar por los derechos de las personas con autismo. Pero no se detuvo. Esta iniciativa permitió que se promulgara en Perú la . “Ahora estamos esperando el Plan Nacional. Hemos logrado algunas cosas, pero nos falta mucho”, reflexiona.

Su otra pasión: la cocina

(Foto: Archivo)
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“Mi terapia era meterme a la cocina. Hacia un pastel, amasaba fuerte la masa y lloraba en los momentos más duros”, recuerda la fundadora de la asociación ¡Soy autista y qué!

A diferencia de otras personas que se resignan y se tiran a la cama, Milagro asegura que la cocina era el lugar donde se sentía bien. Así empezó su otra gran pasión. Incluso, en una Navidad vendió casi 400 tortas a sus amigas. El siguiente paso fue abrir Fausta (Calle Gral. Mendiburu 738, Miraflores), una pastelería casera que rinde homenaje a su bisabuela paterna, quien preparaba dulces y panes tradicionales huanuqueños. Allí se da el gusto de ofrecer su postre estrella: el alfajor de pecanas con sal de maras, hecho con mantequilla, pecanas, manjar de olla y cristales de la sal milenaria de los incas traída de Maras en Cusco. Igual que la mamá, Jimmy también ha heredado el gusto por hacer postres, llegando a vender algunos juntos a sus amigos.

Mientras Jimmy cocina, dibuja o juega con sus amigos con una gran sonrisa en el rostro, Milagro se da cuenta que el camino que han recorrido juntos ha valido la pena. Ella es feliz, si él lo es, pero sabe que aún tienen más cosas por vivir y luchar.

(Foto: Archivo)
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