(Fotos: Archivo/ El Comercio)
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Celeste Pérez

“No es poco decir que hace 64 años las no éramos consideradas como ciudadanas de este país”, cuenta Beatriz Córdova, politóloga y coordinadora de GirlGov. Y es la verdad. Hace poco más de seis décadas la mujer peruana no tenía , es decir, no era considerada como parte de la ciudadanía.

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Las pisadas de independencia femenina empezaron a sentirse desde los años 30. Para ser más específicos, fue en 1936 que el Código Civil de nuestro país reconoció que las mujeres tenían el “derecho a oponerse a las decisiones de su marido con relación al hogar común”, haciendo respetar también el derecho a sus propiedades.

“Antes de la época de Odría, ya existían importantes momentos que exigían el reconocimiento político y ciudadano de la mujer. Su contexto, antes de obtener el derecho a voto, ya avizoraba importantes acciones de ella. En general, desde el año 32, se promovían congresos, encuentros y movilizaciones en las calles”, rescata Jacqueline Minaya, socióloga e investigadora del Reniec, acerca del contexto que se vivía poco antes del cambio.

Las sufragistas también cobraron un rol importante en la lucha por el reconocimiento de la mujer en el Perú, pues figuras como María Jesús Alvarado, Magda Portal y Clorinda Matto de Turner desafiaron los estándares políticos de su época, debatieron temas e impulsaron la iniciativa años atrás.

Mujeres hacen cola para sufragar por primera vez, en junio de 1956. (Foto: Archivo El Comercio)
Mujeres hacen cola para sufragar por primera vez, en junio de 1956. (Foto: Archivo El Comercio)

“Las sufragistas en el Perú estaban conectadas con las de otros países, y eso fue clave para buscar la respuesta en el gobierno de Odría, que promovió el voto femenino desde el Ejecutivo. Ello representaba una presión política, pues distintos países de avanzada ya habían dado este paso”, indica Minaya. En Latinoamérica, fuimos el penúltimo país en lograr el voto femenino, antes de Paraguay.

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La buena nueva llegaría el 7 de setiembre de 1955, durante el gobierno de Manuel Odría. Ese día se firmó y promulgó la ley 12391 que incluía la siguiente modificación a la Constitución: Artículo 84: Son ciudadanos los peruanos varones y mujeres mayores de edad, los casados mayores de 18 y los emancipados.

Sin embargo, el voto femenino se reducía solo a aquellas mujeres mayores de 21 años y casadas mayores de 18 años que fueran letradas. Un fuerte indicador de lo -aún más- limitantes que eran las clases sociales en aquellos años. “Llevamos casi 63 años con la disposición del voto hacia las mujeres, pero hay que recordar que solo se dio a las mujeres alfabetas, que eran menor cantidad representativa en aquel entonces. Es con la constitución del 79 y las elecciones del 80 que las mujeres analfabetas (y población en general con esta restricción) también pudo participar y ser parte de la representación política, formando parte de los procesos electorales”, agrega Beatriz Córdova de GirlGov.

Viñeta publicada en El Comercio el día previo a las elecciones generales de 1956. (Foto: Archivo El Comercio)
Viñeta publicada en El Comercio el día previo a las elecciones generales de 1956. (Foto: Archivo El Comercio)

Aunque los avances parecen haberse dado lentos, el cambio hacia la actividad política de la mujer se está dando. El rol femenino está empezando a asimilarse aún más con temas de liderazgo, en contraste a lo que históricamente era prohibido. En efecto, practicar el voto femenino de manera consciente y conocer un poco más acerca de nuestra historia como mujeres peruanas, impulsará a una representación más justa en el parlamento, y, como consecuencia, al tratamiento de temas urgentes en la agenda política que vinculen al rol de la mujer (en ámbitos como la salud, educación, economía, etc).

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¿Cuánto de ello aprendemos en el colegio?

Impresiona volver atrás y no recordar ni una sola clase que tratara sobre el paso tan importante que dio la mujer en 1956. Con Beatriz y Jacqueline coincidimos. Los currículos escolares y textos muchas veces han pasado por alto a las mujeres que construyeron nuestra historia (y no solo en el marco de la votación femenina), mujeres como María Parado de Bellido, Flora Tristán, María Elena Moyano y Pilar Coll.

“Si existieran espacios de debate y reflexión acerca de temas tan importantes como el de la mujer se abriéndose paso para recibir un derecho político y civil -desde la experiencia educativa- en el futuro, se consolidarían mejores capacidades para entender que a la mujer no se le trata como objeto, que no es propiedad del hombre, y que tiene el derecho de vivir las libertades que cualquier otro ciudadano de a pie tiene”, rescata Jacqueline Minaya, quien también es docente de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de UNMSM.

Por su parte, la politóloga Beatriz Córdova señala el papel activo de la juventud, pues con GirlGov (Programa de desarrollo de habilidades de liderazgo político en niñas y adolescentes) ha notado que “las nuevas generaciones tienen un fuerte interés en poder participar en la vida política, sin embargo, las frenan algunas diferencias, como por ejemplo el vivir en comunidades urbanas o rurales, por lo que se debe trabajar de manera sistemática con una educación de igualdad”.

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