Redacción EC

María Inés Ching

Sofía en griego significa sabiduría. Aún sin saberlo, la actriz Sofía Rocha ha internalizado ese amor al conocimiento: dedica su tiempo libre a la lectura y a la investigación de personajes, a la enseñanza de nuevos talentos y a saborear cada experiencia.

Desde 1992 la hemos disfrutado en el teatro, la TV y el cine. La recordamos como Jossie en la telenovela «Los de arriba y los de abajo». Fue Bárbara, a quien Sofía [Gianella Neyra] le roba un beso en la película «A los 40». Protagonizó una inolvidable Medea en el teatro y todas las noches luce un mechón blanco como Miranda en la serie «Locura de Amor».

Un día después de su debut como Silda Graumann en la obra «Otras ciudades del desierto», en donde interpreta a una alcohólica en proceso de rehabilitación, Sofía está descalza y sin maquillaje.

Me dice que en su vocabulario no está la palabra feliz, que «contenta» describe mejor su estado actual: exitosa a los 47. A lo que aspira es a saber más. A ser más Sofía.

¿Cuánto tiempo te preparaste para la obra?

Dos meses y medio que es más o menos el tiempo que toman casi todas las obras de teatro, a no ser que sea un musical enorme, con números, porque tienes más cosas que ensayar: baile, canto y luego viene la actuación.

Cuéntame de tu personaje.

Es Silda, la tía que está viviendo en la casa porque no tiene adónde vivir, no tiene plata a pesar de que ella misma ha tenido dinero. Parece ser que a través de su vida y sus malas decisiones ha perdido todo. Es alcohólica y está en una de sus tantas rehabilitaciones, está medicada. Entonces ella es un poco así [...] Es muy gracioso, pero también es muy trágico.

¿Has vivido conflictos similares?

Sí, en mi familia ha habido miembros débiles. Con el tiempo me he dado cuenta de que hay personas que no tienen o no les dieron las herramientas de chicos para afrontar ciertas cosas y eso es lo que falla. No es que no quiera hacer las cosas sino que no sabe cómo hacerlas. Con los años he logrado entender qué es lo que pasaba y entablar alguna relación con esta persona [...]. Es una persona mayor. Luego entiendes que la vida es mucho más complicada que eso, que no todo el mundo tiene lo que necesita para afrontar la vida de una forma exitosa o por lo menos, sin tanto tropiezo.

¿Y cómo es tu relación con el alcohol?

Me encanta el vino. Creo que es una de mis pocas adicciones, mi pasión. Me gusta la sensación que te da el vino: primero es la copa, hermosa, el color del vino, el adormecimiento que te da y el poder acompañarlo con comida me encanta.

¿Cuál es tu límite?

Son tres copitas, entre comidas, conversando. Un vino tinto, seco, ‘cabernet sauvignon’. Y si quiero estar divertida y tranquila, tengo que tomar otra cosa porque el vinito me tiende a adormecer: «Bueno ya me voy a mi casa, chau, chau».

Lo contrario a lo que eres...

Sí. Soy muy retraída y me gusta mucho mirar: esta cosa de llenarte el ojo con lo que pasa, divertirte, escuchar la música.

¿Eres de las que cuenta historias?

Sí, me gusta y no lo había pensado. Probablemente hay una combinación entre lo que veo y mis propias experiencias. Me gusta explicar las cosas contando historias.

¿Teatro, cine o televisión?

Si tuviera que elegir, me quedaría con el teatro. El cine es completamente diferente al teatro y a la televisión. La TV es muy inmediata [chasquea los dedos], es una cosa más sistematizada. El teatro es estar frente al público, tienes una respuesta en ese momento. Sin embargo, cuando haces cine tienes una sensación de que estás contando una historia que va a durar para siempre [...]. Con el teatro, es algo que te saca de tu casa y además tienes una disposición para que te cuenten una historia y creértela, a pesar de que en realidad lo que pasa en el escenario es verdad en ese momento, pero no es... tenemos esta cosa infantil y que es muy primaria a la cual apela el teatro que es «cuéntame una historia » y meterte en ella.

¿Qué preparación tienes antes de salir a escena?

Cada obra me dicta intuitivamente su propia preparación. En este caso yo estoy muy relajada, haciendo bromas, andando por ahí despeinada. Hay otras obras que me piden aislarme, no hablar mucho con los compañeros...

¿Cuidas tu voz?

La verdad es que no, es así. No tenía conciencia de mi voz cuando era muy joven y una de las cosas que me preguntaron cuando hice una entrevista para entrar al TUC [Teatro de la Universidad Católica] hace muchísimos años fue un profesor de voz y me dijo: «¿Estás consciente del poder de tu voz?». Y yo le dije: «sí, lo grito a mi hermano a cada rato». Era muy joven, no entendía nada, «estaba en la calle» y no, nunca me pareció gran cosa.

¿Cantas?

Pero con mi familia. Mi hermano toca la guitarra, a veces canta en karaoke. Todos intuitivamente hemos usado nuestra voz, es algo que viene de familia y no nos llama mucho la atención.

¿Has pensado en hacer locución?

Me encantaría, pero como yo tengo mi madriguera, a la que vuelvo, me falta mucho contacto. Todo llega a su momento. Yo creo que puede haber la posibilidad cuando tenga menos obras, haga algo así como para conversar y estoy segura de que llegará.

Te imagino en un programa de los 80 y de conversación...

Me fascinan los 80, si yo pudiera seguiría usando casete, pero no se puede. Me encanta: «A-ha», «Depeche Mode»...

¿Y ahora qué escuchas?

La verdad es que me asombro de las cosas que salen, ya estoy un poco ‘tía’, hago mis comentarios: «¿qué cosa es eso?, ¿cómo pueden escuchar eso?». Pero igual, hay cosas de ahora que sí me gustan: hay un grupo Live, escucho Amy Winehouse... También tengo Myriam Hernández [y ríe a carcajadas], a Christian Castro... mis amigos no pueden creerlo. Soy absolutamente romántica, no parece, pero sí. Escucho esas canciones de José José, Roberto Carlos: me fascinan. Es que también son de los 80, música en castellano.

¿Qué recuerdos de niña?

Siempre he estado muy pegada a mi mamá, detrás de ella, la acompañaba a comprar al mercado [ríe], a mi abuela también, creo que por eso tengo bastante de ellas. Mi mamá se casó con su primer enamorado, que era mi papá y mi abuela siempre fue muy recta... A veces tengo que pelear un poco con eso porque está en mi ADN y soy como «muy señorita de Tacna» [reímos], pero me encanta porque viene de ellas.

¿Y con tus hermanos?

Todos los veranos de mi niñez y adolescencia los he pasado en Chaclacayo, ahí sí «mataperreábamos» los cuatro. Estábamos mucho en los árboles, sacando pacaes, nísperos, terminábamos por «pelar» todos los árboles del lugar en donde estábamos o sino en la laguna haciendo guerra de sapos. Aprendimos a nadar muy jóvenes, subíamos cerros. Esos juegos eran terribles: tapábamos los nidos de las abejas con papel periódico y le prendíamos fuego. Después todas las abejas salían y corríamos. A veces nos empezaban a picar. Una de las cosas que tengo es que veo un insecto y no salgo corriendo como la mayoría. Estoy muy acostumbrada a los bichos [ríe].

¿Sabías que querías ser actriz?

Sí. Pero, obviamente, yo muda porque no había forma. Yo decía: «¿cómo vamos a pagar la luz, el agua… y voy a decir que quiero ser cantante, actriz?» ¡Me iban a tirar por la ventana! Entonces estudié en el Cenecape Andrés Bello. Terminé e inmediatamente me consiguieron un trabajo en una empresa de luminarias de alumbrado público y me hice secretaria de un ‘pool’. Tenía 19 años, me sentía aprisionada entre cuatro paredes. Me pregunté: «Dios mío ¿voy a tener que hacer esto toda mi vida?». Ejercí por dos años y dije: «no». Entonces renuncié. Mi familia dijo «¿cómo se te ocurre?». Decidí seguir mi sueño y «si me quieren botar de mi casa, que me boten». Por supuesto no lo hicieron. Decidí seguir mi sueño.

¿Qué pasó luego?

Comencé a hacer dulces, mi mamá tenía un negocio de ‘catering’, que fue muy grande después, pero al principio empezó haciendo alfajores, tortas de novias y esas cosas. Me metí en eso, y les vendía a algunas tiendas, amigos y así pagué mi taller y me metí poco a poco al teatro y mi profesor en esa época me puso en escena al año. Para serte sincera, estaba un poco perdida. Él me decía: «tú apréndete la letra y no te choques con los muebles» y yo suponía que era así [...]. Aprendí haciendo.

¿Cuál fue tu primera obra?

«Mitos de Fuego». Estaba muy de moda la creación colectiva. Nos dieron el tema del encuentro de dos mundos: los españoles y el mundo andino. Nos dieron unos libros para leer e improvisamos muchísimo. El director se encargaba de juntar estas dos cosas y darle coherencia. Nos  presentamos en un festival en donde participaba mucha gente y si ganabas un cupo, podías ir al Cusco a un festival iberoamericano. Y ganamos, nos fuimos al Cusco, fue uno de los primeros viajes que hice.

¿Cómo es tu día a día?

Es muy irregular porque sufro de insomnio, he tenido épocas que no, tengo mil cosas para el insomnio: Off [Fuxion], Flores de Bach, Xanax, Wawasana. Soy un poquito «vampirito», pero trato de evitarlo. Felizmente como mi horario no es regular y cuando no estoy grabando en TV, es teatro, enseño algunos días, tengo tiempo para dormir hasta las 11 o 12. Me duermo a las 3:30 a.m. y corro mi sueño. Si no duermo, a veces me voy de boleto, todo el día trabajo y al día siguiente trato de descansar todo el día, pero cuando sé que tengo que hacer algo, tengo que forzarme a dormir de algún modo.

¿Tus comidas?

Yo me cocino, pero me hago ensaladas. Soy como la cuchara de palo en la casa de herrero: mi hermano es chef, mi madre tenía el negocio de comida, pero no era lo mío. [...] De cocinar guisos no tengo la menor idea. A veces como fuera o en casa de mi hermana. La comida no es algo que me preocupe mucho: como lo que puedo, donde y a la hora que puedo. No soy muy regular con eso, debería, porque me afecta un poco al estómago.

¿Cómo te cuidas?

Hago ‘spinning’ hace ocho años, he corrido también, abdominales, pero lo que sí me fascina es el ‘spinning’. Tengo mis zapatos especiales, mi reloj que me ve las pulsaciones del corazón, puedo dictar clases, me fascina. La clase de spinning en todo el mundo es 45 minutos, bien hecho. Si puedo ir, voy seis veces a la semana. No pasa una semana entera sin que vaya.

¿Para quemar la torta de chocolate?

Tengo una debilidad por la torta de chocolate y por el chocolate en general. Es un placer casi sexual, sin mentirte: una buena torta de chocolate y te quedas ahí con el pedacito y el próximo pedacito y he descubierto algunos lugares que venden torta de chocolate, que esté hecha con buenos insumos: busco la mejor torta, que tenga cacao, que te aporta al cuerpo y que no sea fudge, con azúcar.

¿Cómo te llevas con tu cabello rizado?

Yo odié mi cabello durante mucho tiempo porque mi mamá me hacía la ‘toca’, es un término antiguo, que te hacían dormir con ruleros gigantes como el tubo redondo del papel higiénico para que se estire más. Entonces yo crecí con la sensación de que mi pelo estaba mal y que debía ponerlo lacio. Cuando fui creciendo me dije «no, ¡mi pelo es hermoso, es maravilloso!» Y comencé a adorarlo y ahora lo amo. Cuando me hacen laciado, no espero la hora de volver a mis rulos, me fascinan. [...] Uso un champú para cabello teñido, un ‘spray’ de keratina para después del lavado que lo regenera. [...] Soy canosa desde que tengo 26 años y a mí me encanta mi pelo blanco pero en esta sociedad es un poco difícil. Me hace más vieja, sí. Pero por otro lado me hace más natural. 

Cuando me las he dejado me preguntan «¿qué pasó, estás deprimida, no tienes plata para el tinte?». Y yo les digo «no, a mí me gusta». Espero que cuando tenga 60 y tantos ya pueda dejármelo y espero estar plateada.

¿Por qué andas descalza?

Yo lo hago por comodidad. Si pudiera estar calata, lo haría, pero no puedo. Todo lo que nos ponemos es incómodo para mí. Es lo único que puedes desnudar para que no te digan nada, pero si yo pudiera me quito el polo...

¿Qué proyectos a futuro?

He viajado mucho porque he tenido que viajar, pero viajo interiormente. Tengo una personalidad un poco autista en mi fuero más interno: mis comidas son siempre lo mismo, mis colores son siempre uno solo, sin cosas, tengo mis aretes que si se pierde uno, tengo otro igual. No me gusta moverme del lugar donde estoy y si me veo igual en cuanto a formas de aquí a 10 años, seré feliz. Sé que voy a ser más sabia, que voy a aprender más, que quizá algo de mí mute y así estoy bien. Vivo el día a día y de pronto en 10 años no estoy. Así de simple es el asunto.

¿Qué es el éxito para ti?

Es llegar a ser lo que soñaste ser y yo ya tengo éxito. Yo soñé con ser actriz y lo soy. Eso para mí es ser exitosa, lo demás importa: pero es secundario.

TAGS RELACIONADOS