Verónica Linares: "Un ama de casa sin remordimientos"
Verónica Linares: "Un ama de casa sin remordimientos"
Redacción EC

Soy un ama de casa cuyo trabajo actual es cubrir la noticia más importante del Perú en las últimas décadas. Estoy en Santiago de Chile y esta es la primera vez que dejo mi casa desde que soy madre de familia. Hace cinco días que no sé si mi hijo está fastidiado o escaldado o si el departamento donde vivimos está patas arriba. Cada vez que encuentro un tiempo para llamar, me dicen que todo marcha bien y no hace falta que me preocupe. Tengo que admitir que les hago caso porque prefiero no estresarme.

Dicen que los hombres llevan los problemas del trabajo a la casa y las mujeres al revés. Bueno, no todas somos iguales. Lo cierto es que cuando estoy trabajando me olvido de todo. Y aunque mi horario es lo que otras mujeres considerarían inhumano, a veces no quiero salir del canal porque sé que una vez que esté afuera empieza «lo bueno».

A 3.500 kilómetros de distancia de mi hijo, tengo una sensación extraña. Debo admitir que me siento aliviada porque tengo menos responsabilidades. El día a día es duro, correteo constante, pero solo debo hacer eso: trabajar. Lo mismo que he hecho desde que tengo 20 años. En cambio, en Lima, combinar las dos obligaciones me vuelve loca. Siendo un poco práctica y solo por jugar, si me dieran a elegir entre trabajar o ser ama de casa, sin duda elegiría lo primero. Y por si acaso, no es un asunto de liberación femenina o independencia, ¡qué va! Sino que quedarse en casa a organizarlo todo requiere demasiado esfuerzo. ¿Cómo hacen? Mis respetos.

Creo que cada vez somos más las mujeres que salimos a buscárnosla. Ya sea porque significa mayor ingreso familiar o por un tema personal, de independencia y desarrollo. Lo cierto es que creo que es más fácil así. ‘Machas’ las que se ocupan de los quehaceres de la casa, los hijos y el marido. Solo enumerar las tareas me agita. Siempre hay algo que hacer, así tengas ayuda: debes estar ahí pendiente las 24 horas al día. Y ojo que es sin sueldo, horas extras ni gratificación y mucho menos ascensos.

Por eso, cuando escucho a algunas mujeres hablar con desdén de las amas de casa de tiempo completo, como si ellas fueran menos, me ofusco. ¡Qué tal raza! ¿Quién se anima? Es un tema distinto si no es tu elección, si tu pareja te obliga a hacerlo, pero si te sientes realizada dedicándote a tu familia, me parece excelente. Admirable.

Los colegas de canal 13 en Chile me han facilitado un auto con chofer. Aquí las distancias son cortas pero solo si uno conoce el tráfico. Él se llama Claudio y es un experto. Una noche comíamos un sánguche antes de regresar al hotel y me mostró la foto de sus hijos. Dos niños y una niña, los tres preciosos. «¿Y tu esposa?», le pregunté. «En la casa -me dijo-, ella no trabaja». De inmediato exclamé, «¡qué valiente!». Y me contó que justo hacía unos minutos lo había llamado preguntándole a qué hora regresaba. Era domingo y normalmente él ayuda los fines de semana para que ella se relaje. Él procura que al menos un día a la semana ella salga o pueda mirar tele. Pero esta periodista peruana había llegado a trabajar, olvidándose de que algunas tenemos asuntos pendientes en casa. «¡Vámonos!», le dije. Me comí el pan en dos bocados para que me regresara a mi hotel. Él volvió a su casa y yo me quedé pensando en la mía.

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