Marjhori Oyola

La carrera de Educación no es de las más atractivas para las nuevas generaciones, así quedó demostrado en la prueba PISA del 2015, donde se reveló que solo el 3% de estudiantes peruanos de 15 años estaba interesado por esta profesión. A pesar de estos datos, los profesores cumplen un papel importante y fundamental en la formación de nuestros niños. Luz Torres Tasayco es una de ellos y sabe cuál es el rol que cumple en la sociedad, por esa razón ha decidido cambiar el destino de su profesión y demostrar a los demás la importancia que esta tiene.

Luz acaba todos los días sus clases con el mandil manchado de plumones y colores, muestra del trabajo que tuvo con los niños de inicial de 5 años del colegio Inmaculada Concepción. Ella tiene 56 años, 39 de ellos entregados a la docencia. Supo desde muy pequeña que quería ser maestra y con el transcurso del tiempo ese sueño se volvió realidad.

Ella es de Chincha Baja, de la región de Ica, y desde que terminó la secundaria ingresó a trabajar en el Programa No Estandarizado de Educación Inicial (PRONOEI). Estos lugares son instituciones educativas que se encuentran en asentamientos humanos en reemplazo de los Centros Educativos y las encargadas de enseñar son animadoras de la misma zona. Luz fue una de ellas y trabajó durante 8 años, y ahí adquirió experiencia.

“Entonces, en ese tiempo, estaba en el PRONOEI, lugar donde solo estaban las que tenían ganas de enseñar a niños. El alcalde de Chincha nos ayudó a hacer las transacciones con la UGEL y el pequeño lugar donde enseñábamos a los chicos se convirtió en un instituto pedagógico formal donde estuve 6 años más, pero ya como maestra”, cuenta Luz.

Ella y sus cuatro hermanos se criaron y tuvieron una profesión gracias a su padre. Él fue un trabajador del campo y la falta de necesidades básicas hizo que cada uno de ellos busque su destino y vaya por el camino del éxito. “Mi papá es un hombre muy inteligente y él siempre nos inculcó estudiar y, nos decía ustedes sea como sea tienen que seguir adelante. Desde pequeña siempre quise salir de ese ambiente y formar mi familia. La pobreza hace que uno tenga las ganas de seguir adelante y poder sobresalir”, comenta. Recuerda lo que le dijo su padre, que primero era su educación y eso se le quedó grabado hasta ahora.

Así como su padre crió de ella y sus hermanos, a ella le tocó el mismo papel de asumir el rol de padre y madre para sus dos hijos. Ha trabajado 39 años para darles una buena educación y siempre les menciona que aunque no pueda pagar una universidad particular les va a dar lo necesario para que aprendan.

-GRAN OPORTUNIDAD-

El hijo de Luz se llama Pablo Ochoa y tras su intento y empeño de estudiar la carrera de Ingeniería Industrial y de Sistemas, este año se postuló a la beca de Excelencia Académica para hijos de Docentes y ganó. “Desde que tengo memoria, en mi casa siempre se ha hablado de la educación como la base de todas las aspiraciones. Si quieres ser alguien en la vida, estudia y persevera en lo que elijas. Eso me decía mi mamá”, comenta Pablo.

El concurso se realiza cada año por el Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (Pronabec) del Ministerio de Educación y ha beneficiado a más de mil jóvenes. Adriana Soyer, especialista legal para convocatorias y convenios de la Oficina de Gestión de Becas del Pronabec, sostiene que “surge como una política de bienestar docente y de revalorización de la carrera docente, es decir, buscar otorgar bienestar al docente con el beneficio económico dirigido a sus hijos y además al revalorar la carrera docente, atraer a los profesionales de educación a la carrera pública magisterial con especial prioridad para aquellos que ejercen la docencia en las zonas rurales”.

Para Luz es importante acompañar a los niños en la educación así como lo hizo con sus propios hijos. Recalca que un niño necesita saber de valores y que puede saber muchas cosas como sumar, restar, pero también hay que prestar atención si es un buen artista, deportista o músico. “Me parece muy buena la oportunidad porque hay muchos chicos como Pablo que tienen las habilidades y son competentes, pero por falta de dinero no pueden acceder a estudios. Es algo que si sigue puede cambiar en algo la sociedad que estamos viviendo, porque hay tantos jóvenes en las calles que tienen las ganas de aprender, pero la falta de dinero los limita un poco”, finaliza.

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