Natalia Parodi: "¡No puedo, no me acuerdo!" (Pánico escénico)"
Natalia Parodi: "¡No puedo, no me acuerdo!" (Pánico escénico)"
Redacción EC

Siempre me asustaron los exámenes orales. Me paralizaba la sola idea de pararme frente a alguien que esperara una respuesta acertada y bien explicada, pero inmediata. Era como si con los ojos fueran capaces de obligarme a exclamar, contra mi voluntad: ¡No sé, no sé! ¡No tengo la respuesta!

En la universidad tuve que dar algunos exámenes orales. Una vez fue fatal. La profesora de Filosofía Moderna, una mujer seria y serena a quien no se la podía convencer con una sonrisa, nos esperaba para evaluarnos uno por uno. Yo entré muy nerviosa. Había estudiado bastante, pero temía que no lo suficiente. ¿Si me ponía nerviosa y no recordaba nada? ¿Si preguntaba algo que yo no supiera?

Cuando llegó mi turno, la profesora dijo mi nombre. Me paré y me acerqué a su escritorio. Mientras todos esperaban ser llamados, el elegido debía acercarse a ella con valentía y con su propio pie. La profesora me pidió que explicara la teoría de Hegel. Yo sentí fría la nuca, la mente vacía, y pensé que me desmayaría. Pero de pronto la información volvió a mí, y aliviada expuse todo lo que sabía. Hablé sin parar. La profesora no asentía ni reprobaba. Solo era testigo inmutable de mi enorme esfuerzo por dar un buen examen y por exprimir de mi cerebro todo lo que sabía sobre la teoría de Hegel. Al terminar me callé. Su rostro no expresaba nada. Yo estaba aterrada. Después de una pausa que pareció eterna, ella hizo un gesto extraño y dijo: «Muy bien». Y antes de que pudiera sentir alivio me miró a los ojos y agregó: «Pero eso es Kant». Reprobé el examen.

Entre risueña, colorada y con los ojos un poco aguados de rabia y vergüenza, salí del salón en el que había vivido esa desconcertante experiencia. Hasta hoy sigue siendo una anécdota que recuerdo con una sonrisa, un bochorno y un nudo en el estómago. Pero la tengo presente por lo reveladora que resultó. ¿Cómo es posible que estando preparada una persona pueda sentir que no sabe nada? Eso no solo ocurre en los exámenes. Ocurre en la vida cada vez que el temor y la inseguridad nos ganan y dudamos de lo que somos y sabemos y podemos hacer.

Hay quienes sufren porque sienten que no tienen las herramientas para lidiar con situaciones que les parecen imposibles. Están convencidas de que no tienen la respuesta y que otros sí. Y sienten la necesidad de que les digan lo que tienen que hacer. Porque creen que solas no pueden. Como si la vida fuera un examen para el que no tiene las respuestas correctas.

La vida no es un conjunto de preguntas con respuestas definidas. Lo que hay son posibilidades. De lo que se trata es de explorar, probar, buscar. De confiar en lo que sí sabemos. De obedecer más a la búsqueda, a la intuición, a lo vivido, al propio criterio. Eso no quiere decir que no podamos consultar, investigar, cotejar. Pero confiar en que sabemos más de lo que pensamos. Y elegir, tomar decisiones, responder.

Tal vez haya momentos en que no tengas idea, pero puede ser que solo estés temporalmente paralizada. Quizá puedas respirar, tomarte tu tiempo. Y tal vez por ahí flotando, silenciosas, estén algunas respuestas. Dales cabida. Es preferible equivocarse a no intentar. Y dentro de lo posible, aderezarlo con humor silencioso. Quizá esto le haga cosquillas a la inseguridad, le saque la lengua al miedo, y te sorprendas de ti misma y termines diciendo «Sí puedo, ya me acordé, ¡sí sé!».

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