(Foto: Archivo Histórico El Comercio)
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Carlos Batalla

Había llegado el viernes 1 de febrero de 1985 al Perú, y al día siguiente en la mañana se había encaminado a Arequipa. La tarde del sábado 2, ya en Lima, un numeroso grupo de jóvenes lo observaba como a un santo de la Iglesia en el hipódromo de Monterrico.

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)
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Su presencia eclesial los azoraba y en sus palabras hallaron la paz y el consuelo ante las horas de terrible violencia que se vivían entonces. Era el II Encuentro de Jóvenes que Juan Pablo II visitó, animó y bendijo. A su lado estuvo el Señor del Santuario de Santa Catalina.

El Papa characato

Como dijimos, en la ciudad de Arequipa -esa mañana del sábado 2-, el Papa peregrino dejó la luz de sus palabras al lado de la Virgen de Chapi, a la que adoró y bendijo, coronándola bajo la atenta mirada de los arequipeños. En ese viaje al sur grande también beatificó a Sor Ana de los Ángeles Monteagudo.

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)
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Al encuentro de los chalacos

El lunes 4, muy temprano, ya estaba en el puerto del Callao compartiendo con los obispos limeños y chalacos en el Campo Eucarístico. Entonces dio su bendición al Señor del Mar, y a la Virgen de Carmen de la Legua, y luego recorrió hospitales demostrando una increíble voluntad de ayuda y apoyo al prójimo.

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)
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En la viña del Señor

El martes 5 de febrero, tras un corto viaje la noche anterior al norte del país (Trujillo y Piura), las pistas de Lima se abrieron paso tras los patrulleros para dejar que el Papamóvil llevara al Sumo Pontífice a los arenales de Villa El Salvador. Una multitud incalculable lo esperaba. Gente pobre, pero ilusionada por el mensaje de paz y fe que proponía Juan Pablo. Su paso dejó una luz radiante, y ese verano fue más cálido aún. Inolvidable.

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Mensaje de esperanza

Justamente, en esa última jornada en el cono sur de Lima, al lado del pueblo de Villa El Salvador, el Papa abrazó, alentó y expresó amor a laicos y religiosos. Pero también fue serio y rotundo al pedir saciar “el hambre de pan y de Dios de los pobres del Perú”. Su voz resonó como un huracán en la mente de los hombres y mujeres que lo escuchaban alegres y extasiados. Ese mismo martes se dirigiría luego a Iquitos, donde hizo famosa la frase: “¡El Papa es charapa!”.

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)
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Hasta luego Papa Peregrino

El Papa polaco se despidió de los limeños en el Grupo Aéreo N° 8; llegaría a Iquitos, para luego en la tarde de ese día partir hacia Trinidad y Tobago. Una verdadera maratón de fe y fuerza moral nos legó Juan Pablo II en aquellos cinco días en que recorrió la capital, el norte, el sur y el oriente del país.

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)
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Por segunda vez entre los peruanos

En 1988, el Papa Juan Pablo II regreso al Perú, aunque menos días que en 1985.