Pedro Canelo

Como hace cuatro años, la selección peruana nos hace viajar entre los límites de la máxima felicidad y de una incómoda angustia. De la euforia de goles imposibles a enredar puntos en casa. Como hace cuatro años, otra vez estamos aquí. Intactos, soñadores, esperando con excesiva ansiedad el próximo partido. El único alivio es que ya conocemos este camino. Aún nos queda el impulso para una tímida sonrisa. Porque ya pasamos por esto.

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