María Rosa Villalobos

Para todo siempre hay una primera vez. Así como desde el 2014 en el Mundial de Brasil se autorizó la venta de cerveza en los partidos, el marca el regreso de la prohibición. Y, para , que en los últimos nueve años ha sido la cerveza del Mundial, este evento es al menos anecdótico. Esta es la primera vez en ocho años que en el país sede del evento se toma la decisión de limitar –no prohibir– la venta de cerveza.

Aunque el anuncio de las autoridades cataríes nos haya tomado por sorpresa el último viernes, si uno le da contexto, el efecto debería ser inverso. El Qatar premundialista, con 2,8 millones de habitantes aproximadamente, ya era un país altamente conservador. De hecho, la la venta de alcohol está restringida de manera permanente. Dada su gran mayoría de ciudadanos musulmanes, no se vende alcohol en los supermercados. De hecho, pocos son los lugares en los que se puede ordenar y consumir este tipo de bebidas –que además tienen precios elevados–, siendo los más comunes los hoteles en la capital, Doha.

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Sin duda, Qatar se puso de moda por el Mundial. Y más allá de su geografía y demografía, quizá la lección más importante que nos dejan sus autoridades es que aunque se hayan abierto las puertas del país a los hinchas del fútbol de todo el globo, la religión y las costumbres son prioridad.

¿Cómo Budweiser no la vio venir? En setiembre la marca tuvo una primera señal de alerta cuando las autoridades cataríes indicaron que los hinchas con entradas podrían comprar cerveza alcohólica tres horas antes del inicio de los partidos y una hora después de que terminaran, mas no mientras se disputaran los encuentros.

“Bueno, esto es incómodo”, fue la respuesta de Budweiser vía Twitter, que fue borrada posteriormente. ¿Qué queda? Control de daños. Como no se ha prohibido del todo la venta de alcohol no es que el negocio se haya ido por el caño. Pero, los aproximadamente US$75 millones que la compañía pagó a la FIFA serán más difíciles de recuperar. La marca podría exigir una indemnización millonaria al torneo. ¿Lo hará? El vínculo comercial entre la FIFA y la marca termina luego de este Mundial. El próximo, en el 2026, será el primero en tener tres sedes: Estados Unidos, México y Canadá, países en los que la cerveza es, más bien, una costumbre.

María Rosa Villalobos Editora de Economía y Día 1

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