(Foto: GEC)
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Juan Carlos Odar Zagaceta

Como habíamos comentado hace dos semanas, si calculamos la variación de la local durante el primer trimestre de este año, como se hace en EE.UU., la tasa de anualizada no sería el 2,3% que se obtiene al compararla con los tres primeros meses del año pasado, que es como se hace en el Perú, sino que registraríamos una caída anualizada de 4,5% según el BCR. O de 5,3%, según publica The Economist.

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Esta tasa ha generado un revuelo económico y político, pues nos coloca a un trimestre de la recesión. En efecto, dos trimestres consecutivos de caída de la actividad económica se consideran técnicamente una recesión. Y tras el resultado de abril -debo decirlo: muy por debajo de nuestro estimado- las luces ámbar sobre la situación económica se estarían convirtiendo en rojas para algunos ojos. Pero estamos lejos de que eso haya ocurrido.

En efecto, pongámonos en un escenario pesimista en el que las tasas interanuales de actividad económica de mayo y junio hayan sido cero. Advierto: no parece haber sido el caso en mayo (indicadores parciales como la producción de electricidad y la recaudación del IGV han crecido 4,5% y 2,7%, respectivamente, aunque la inversión pública se ha contraído 11%) y resulta improbable un estancamiento en lo que queda de junio, por lo que se trata de un ejercicio hipotético. Pero, incluso, en ese improbable escenario encontraríamos que bajo la métrica utilizada en EE.UU. -bache de abril incluído- la tasa anualizada resultaría 2,5%.

Además, el golpe se ha dado en sectores primarios, como pesca, minería y sus manufacturas. En efecto, si construimos un índice que resuma el comportamiento conjunto de construcción, comercio y servicios -los grandes creadores de empleo en el sector urbano de la economía- y medimos el crecimiento frente al trimestre anterior, el primer trimestre muestra una tasa cercana al 1%. La economía ha perdido velocidad. Y sin embargo, se mueve. Los mercados financieros internacionales lo reconocen.

En este contexto, se incrementa la incertidumbre sobre si la pérdida de velocidad de crecimiento es transitoria o si va a ser duradera. La reducción del déficit fiscal que está en marcha sugiere que el margen para aplicar una política expansiva es amplio, pero surgen dudas sobre cuán rápido reaccionaría la política fiscal. En todo caso, la próxima publicación del Reporte de Inflación -y la revisión de proyecciones del MEF- nos indicarán cuán severos y duraderos se prevé que sean los choques en marcha. Y sobre todo, cómo estos influirán en la política fiscal.