Un buen jefe destaca en el contexto empresarial porque es reconocido por practicar con el ejemplo. (Foto: iStock)
Un buen jefe destaca en el contexto empresarial porque es reconocido por practicar con el ejemplo. (Foto: iStock)
Percy Marquina

(Percy Marquina es director general de CENTRUM Pucp)

Pensar que existe un libro de políticas empresariales que otorgue a los trabajadores respuestas para las situaciones que afrontan a diario es irreal. Hasta el momento no se ha encontrado, y dudo que se pueda encontrar un conjunto de reglas que posibilite a un empleado tener una respuesta a los eventos de un ambiente tan dinámico como lo es el de los negocios. Más aun, poner mucho énfasis y confianza en un libro de reglas puede resultar contraproducente, pues limitamos el desarrollo de una verdadera y auténtica cultura laboral, así como la capacidad creativa de nuestros empleados.

Crear una cultura flexible no nos garantiza un recetario mágico que solucione toda situación, pero sí permite dotar a los trabajadores de la suficiente autonomía y pensamiento crítico para pensar en soluciones rápidas.

A pesar de sus beneficios, la flexibilidad en la cultura laboral suele ser manejada con mucha cautela, dada la línea delgada que se traza con el abuso de esta libertad. En efecto, construir una cultura flexible no es tarea fácil, para nada.

Para empezar, debemos tomar en cuenta que crear una cultura flexible no solo significa dotar a los empleados de cierta libertad para tomar decisiones ante las situaciones que enfrenten, sino que estos requieren de nuestra comprensión y flexibilidad en sus situaciones personales, tal como si fueran un cliente más.

Por último, y como ocurre con toda cultura organizacional, el ejemplo de cómo la flexibilidad debe ser practicada se propaga a través del líder. En ese sentido, la cabeza de la organización debe practicar las mismas directrices que espera que sus colaboradores sigan, lo que implica también ponerse a sí mismo los límites a la libertad y flexibilidad que desea otorgar a sus empleados.

La flexibilidad no tiene que significar que las personas trabajen menos. Por el contrario, la flexibilidad debe de estimular a que la diversidad reine en un ambiente que respira reciprocidad. Esto significa que otorguemos suficiente libertad a nuestros empleados cuando la necesiten, así como que estos estén dispuestos a ofrecernos su esfuerzo extra cuando la situación así lo amerite.