Melissa Cosmópolis

El en el ámbito laboral es más común de lo que se piensa, pero las víctimas suelen no reconocerlo en su momento o reconocerlo, pero callarlo.

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En el Perú tenemos desde el 2004 la regulación necesaria para luchar legalmente contra el acoso sexual en los espacios laborales (). Sin embargo, los esfuerzos por hacer evidente el problema se hicieron más visibles cuando en el 2018 el MTPE publicó laen el diario oficial El Peruano, en la que se instaura el Día de la Lucha contra el Hostigamiento Sexual en el Ámbito Laboral. Así es, 14 años tuvieron que pasar para hacer de este problema, uno de importancia nacional.

Sin embargo, nunca se había realizado un estudio oficial que permitiera ver la complejidad del acoso sexual en el trabajo. GenderLab, organización dedicada a temas de género y creadora de la herramienta digital ), ha podido levantar la data suficiente para poder crear el primer informe en su tipo.

Tras entrevistar a colaboradores de distintos sectores como energía y minas, banca y finanzas, retail, call centers, agrario e instituciones del sector público entre enero y setiembre 2021, GenderLab logró obtener una muestra de 32.632 encuestas realizadas.

“Lo que encontramos con ELSA es que la principal barrera viene por factores asociados al miedo y la vergüenza”, comenta Marlene Molero, cofundadora y CEO de GenderLab.

Grupos afectados

Según ELSA, los mayores índices de acoso sexual están asociados a los espacios donde las mujeres son minoría, incluso en niveles ejecutivos altos. En gerencias y vicepresidencias, el índice de acoso es de 34%, en cargos de subgerencias y jefaturas un 40%, coordinadores o analistas un 39%, administrativos un 37% y personal operativo un 34%.

Infografía: Luis Alberto Huaitan.
Infografía: Luis Alberto Huaitan.

Esta situación no solo afecta el bienestar personal de las víctimas, sino que tiene una relación directa con los costos empresariales. Según el informe de Genderlab, la satisfacción de los colaboradores disminuye en un 50% luego de haber sufrido alguna situación de acoso. Además, afecta también la productividad laboral. “De las personas que reportaron pasar por situaciones de este tipo en los últimos dos años el 70% sufrió estrés, el 50% experimentó problemas para concentrarse, el 30% disminuyó su rendimiento laboral, y el 20% faltó al trabajo o reuniones de trabajo a causa de esta situación”, describe el documento.

Trasladando estos porcentajes a números reales, ELSA muestra que 7 de cada 10 personas que pasaron por situaciones de hostigamiento sexual en los últimos dos años sufrieron estrés, 5 de cada 10 personas enfrentaron problemas para concentrarse, 3 de cada 10 disminuyeron su rendimiento laboral y 2 de cada 10 personas faltaron al trabajo o reuniones laborales.

Infografía: Luis Alberto Huaitan.
Infografía: Luis Alberto Huaitan.

Es relevante destacar que más de la mitad de los casos de acoso sexual viene de las personas más cercanas en el trabajo. El 37% proviene de los pares y el 19% de los jefes inmediatos.

Otro de los datos interesantes que presenta el informe es que el “50% de personas no heterosexuales en contraposición al 34% de heterosexuales señaló haber pasado por alguna [situación de acoso o comentarios de hostigamiento] en los últimos 24 meses. La manifestación que más se reporta en estos casos es el de las bromas o comentarios sobre la orientación sexual de una persona”.

El silencio

Aunque 9 de cada 10 personas piensa que si pasara por una situación de acoso sexual denunciaría el hecho, la data demuestra un escenario distinto. La realidad es que dos de cada cuatro personas que han sufrido acaso sexual laboral no comenta con nadie lo sucedido y una de cada cuatro pide un traslado de área.

Infografía: Luis Alberto Huaitan.
Infografía: Luis Alberto Huaitan.

“De una muestra de más de 30 mil personas, 498 señalaron haber pasado por insinuaciones o propuestas de mejoras laborales a cambio de aceptar invitaciones, acercamientos o encuentros sexuales y 462 recibieron amenazas de despidos o pérdida de beneficios laborales por no aceptar invitaciones, acercamientos o encuentros sexuales”, se puede leer en el informe ELSA.

Al respecto, se puede ver que las personas que pasaron por un caso de hostigamiento sexual laboral ascienden a un 34%, mientras que aquellos que lo reconocieron como tal solo sumaron 4%. Aquellos que denunciaron a través de los canales respectivos fueron 10%. De la muestra que reconoció haber pasado por una situación de acoso, el 55% lo cuenta a algún compañero o compañera, ya sea en busca de apoyo o consejo, pero no necesariamente realizan una denuncia.

Infografía: Luis Alberto Huaitan.
Infografía: Luis Alberto Huaitan.

Según Marlene Molero, cofundadora y CEO de GenderLab, existe una serie de barreras que hacen que la denuncias no sean mayores, entre ellas el miedo y la vergüenza.

“Hay un factor de miedo de represalias que pueda tomar la organización; aunque éste es menor que el miedo al qué dirán. Y también hay un factor asociado a la vergüenza. Si tú sumas esos porcentajes, más o menos la mitad de las personas que no denuncian, sobre todo en el caso de mujeres, es por es por estos factores”, dice Molero.

Sumado a esto, está el desconocimiento vinculado a saber, o no, si lo que está pasando es acoso u hostigamiento sexual. Según el informe, nueve de cada 10 personas no entiende realmente el concepto de acoso sexual y solo reconoce manifestaciones graves, es decir, cuando ya es muy tarde.

“Una prefiere intentar tolerar o llevar de alguna manera lo que está sucediendo: evitarlo, hacerse como la que no está pasando nada o que no le afecta. Se cree que así vas a poder sostenerlo, pero permite que siga el acoso y que los actos o los comportamientos se vuelvan más frecuentes e intensos; hasta que, en algún momento, la persona va a buscar romper con ello. Ese romper puede ser renunciar, pedir un cambio de área o denunciar”, explica Molero.

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El culpable no es la víctima

Aunque es lógico entender que la víctima no es nunca la culpable de las agresiones, acoso u hostigamiento, siete de cada 10 personas cree que debería existir un rechazo expreso para hablar de acoso sexual. “Casi el 74% de la muestra está totalmente de acuerdo o de acuerdo en que las prácticas o comportamientos hubieran cesado si la víctima los hubiera rechazado cuando sucedieron”, menciona el informe.

Mientras, seis de cada 10 le da un rol relevante a la intención de quien está realizando los comportamientos indebidos, es decir, al agresor.

Viéndolo en porcentajes:

  • Para que haya un caso de acoso sexual se debe mostrar rechazo: No: - 27%, Sí: 73%
  • Para que haya acoso sexual se debe tener la intención de acosar: No: - 38%; Sí: 62%

Otro dato interesante que se rescata de ELSA es que alrededor del 42% de las personas consideraron que sería exagerado denunciar una situación como acoso sexual cuando se trata de “comentarios sobre la orientación sexual, bromas sexistas, invitaciones reiteradas a salir y acercamientos físicos innecesarios. Esto se condice con casi el 30% que considera que las bromas homofóbicas o las invitaciones reiteradas a salir son inevitables en una sociedad como la nuestra”.

Desconocimiento de las leyes

Perú, como se comentó al inicio de este artículo, tiene leyes al respecto desde el 2004. En nuestro país es obligatorio que las empresas tengan reglamento de prevención frente al acoso sexual, procedimientos de investigación y canales de denuncias. Sin embargo, vemos que el 34% de las víctimas no tiene acceso a canales de denuncia, ya sea porque no los conocen (13%) o porque no saben de su existencia (21%).

Según ELSA, más del 30% de personas no recuerda haber recibido capacitación sobre este tema (a pesar de sí haberla recibido de acuerdo con su organización). Además, aunque una de cada dos personas recibió estas capacitaciones durante su proceso de inducción o durante los tres primeros meses de trabajo, la ley estipula que debería ser el 100%.

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¿En qué debemos mejorar?

Según Marlene Molero, cofundadora y CEO de GenderLab, una de las piezas clave para mejorar estos indicadores es tener un buen sistema de prevención junto a un sistema de liderazgo claro, expreso y activo.

Lamentablemente, “el 39% de líderes considera exagerado denunciar como acoso sexual bromas en doble sentido o invitaciones reiteradas a salir y tres de cada cuatro personas atribuye responsabilidad a la víctima por no haber detenido la situación de manera oportuna”, dice el reporte.

Por ello, Marlene Molero afirma que hay tres acciones que los líderes de las empresas deben tener en cuenta:

  1. Tener una mirada hacia afuera; es decir, ver a su alrededor las interacciones de los equipos. Hay muchas cosas que tenemos normalizadas, aunque nos parezcan mal.
  2. Tener una mirada hacia adentro, porque podemos tener muchas de estas actitudes sin mala intensión o sin ser conscientes de ello.
  3. Tomar acción. Si antes había una broma homofóbica y nos reíamos, es necesario llamar de alguna manera la atención hacia ello con el tono adecuado y el lenguaje que se use en la organización. Guardar silencio ya no es una opción porque si lo hacemos, estamos aceptando ese comportamiento.
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“Nuestra ley es buena, lo que falta es claridad, por ejemplo, en las reglas asociadas a la confidencialidad. Se dice que todo debe ser confidencial, pero en este caso la confidencialidad está construida o debe estar construida para proteger a quien denuncia: a la potencial víctima. Una confidencialidad mal entendida podría ser usada también como una mordaza, como para evitar que ella busque ayuda”, comenta Molero.

Asimismo, afirma que el lado legal también es muy importante porque hay cosas que están fallando, como, por ejemplo, que muchos acosadores o denunciados de acoso amenazan a la víctima directamente o a través de abogados diciéndoles que serán denunciadas por difamación o falsa denuncia.

“Entonces, si bien hay niveles de protección, creo que tiene que estar mejor tratado en la legislación; porque hoy en día si tenemos una serie de empresas que toman acción de manera propositiva, que asumen una serie de contingencias; pero que están más o menos atadas de manos para cortar las amenazas que vienen de parte de estos agresores”, menciona.

Es decir, el problema de fondo no es la ley, sino su aplicación. Según Molero, existen ya sentencias que a primera instancia han tomado y adoptado conceptos de acoso sexual sin una mirada enfoque de género. Por lo tanto, es importante tener los ojos abiertos respecto a lo que las primeras instancias del Poder Judicial están haciendo, ya que están tomando posturas que protegen a los acosadores y no a las víctimas.

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