(Paolo Aguilar)
(Paolo Aguilar)

(Por Gabriel Levrini, docente de Pacifico Business School)
Los pueden traducirse como los Juegos Olímpicos de las Américas. La edición 2019 en Lima, por primera vez en Perú, mostró un récord de atletas: 6.680 atletas de 41 países en 39 deportes. Esto, es increíblemente mayor cuando la comparamos a la edición de 1963 en San Pablo, Brasil donde asistieron 1665 atletas de 22 países.



Vemos como, cada vez más, pequeños países como pequeñas islas de Caribe y países que enfrentan crisis económicas importantes como Brasil, Venezuela, y otros países centroamericanos, también se hacen presente en mayor o menor escala a pesar de sus problemas.

La política y el deporte siempre han ido juntos y tengamos cuidado de no mezclar la parte sana con la política de corruptos que han estado en los medios hace poco, como es Ricardo Teixeira, Blatter, Platini, entre otros. El deporte siempre ha sido una herramienta de fomento político, de transformación y, en algunos casos, de logros fundamentales y fundamento de algunas luchas.

El deporte es hermoso, es lucha, es fuerza, es unidad, superación y siempre será nuestro combustible, a pesar de que no es tan esencial como la comida, el deporte siempre ha ayudado mucho en la formación moral y la dignidad de la población, la lucha por los derechos, contra el racismo y para ver cómo la corrupción podrida está incrustada en nuestra sociedad, donde el deporte también se convierte en un reflejo de la parte mala de nuestra nación.

A pesar de todos los problemas sociales, tenemos el ejemplo de Brasil, que enfrenta una de las peores crisis económicas de su historia con cerca de 30 millones de personas sin empleo, pero que obtuvo el mayor número de medallas de su historia (171 medallas, 55 de oro) alcanzando un honroso segundo lugar en general y lo mejor, consiguió la clasificación para las Olimpíadas de Tokio 2020 en 9 modalidades deportivas de 14 posibles, con un total de 29 atletas clasificados. Argentina que también vive un momento económico extremadamente frágil obtuvo un sexto lugar (con 101 medallas siendo 32 de oro).

“Jugamos juntos” fue el slogan del Pan 2019, un espectáculo de diversidad cultural y se refleja en la superación de muchos atletas. Muchos de ellos, a pesar de no tener el apoyo estructural y económico de sus países, buscan recursos en el extranjero, por ejemplo, en las universidades americanas para avanzar hacia logros mayores.

Es común ver eso en muchos deportes como natación, atletismo y otros deportes como handball, vóley, donde casi todos juegan en Europa. Si miramos a los medallistas, la mayoría de los atletas de alto rendimiento entrena fuera de su país. El uso político es notable, pero no se refleja en forma de apoyo y en la renovación de nuevos y jóvenes atletas, o sea que no se ve un futuro mejor en las próximas olimpiadas de Tokio 2020.

Con seguridad tendremos nosotros muy pocas medallas, y las que tendremos serán de atletas que entrenan fuera de sus países, lo que prueba la gran elitización del deporte de alto rendimiento, que a pesar de todo tiene una audiencia de más de 120 millones de telespectadores y hace un rescate a los valores ciudadanos, amor y orgullo a los países panamericanos.