Carlos Hurtado de Mendoza

Nadie negará en nuestro país que durante los últimos cinco años hemos visto un prometedor desarrollo de las . Este ha sido un quinquenio marcado por la evolución de exitosos emprendimientos digitales peruanos como los populares Cine Papaya (hoy Fandango) y Mi Media Manzana, por citar un par de ejemplos. Pero, aunque este suceso genera expectativa alrededor del ecosistema local de startups, queda todavía mucho camino por recorrer y una serie de retos pendientes para cada uno de los jugadores (o ‘stakeholders’) que participan en esta actividad: el Estado, la academia, las corporaciones, los inversionistas y, por supuesto, los emprendedores. 

Con la idea de elaborar un diagnóstico sobre la situación de nuestro ecosistema, el Ministerio de la Producción () y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), compartieron –la semana pasada– un estudio que identifica qué déficits quedan por cubrir en este sector para los próximos cuatro años. “El ecosistema peruano está cada vez más articulado, pero todavía se encuentra en sus etapas iniciales”, adelanta a Día1 el director general de Innovación del Produce, Gonzalo Villarán.  

El funcionario destaca que el MIT, a través de su Programa de Aceleración de Ecosistemas Regionales de Emprendimiento (REAP, por sus siglas en inglés), ha colaborado con el Produce en la investigación y análisis del estudio mencionado anteriormente (los cuadros se detallan en la infografía), basado en encuestas online a postulantes y ganadores del programa Innóvate Perú.

“Una de las tareas en la que debemos embarcarnos primero es equiparar la inversión en innovación que realiza el sector privado con la que ejecuta el Estado. Aunque cueste creer, los privados destinan apenas la octava o novena parte de lo que utiliza el sector público para este fin”, comenta Villarán. 

En esa línea, otro pendiente de urgente atención es incrementar la inversión que privados y Gobierno dedican a la innovación, precisamente. Si hacemos la suma y la comparamos a nivel regional, el Perú destina la décima parte de Chile para innovar, de acuerdo a cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Para tener una idea, eso es el 0,15% de nuestro PBI. Israel o Finlandia, que lideran la tabla, utilizan en innovación alrededor del 4% de su PBI.  

Y aunque en el Produce han ejecutado durante la última década más de S/.450 millones en recursos no reembolsables para el programa Innóvate Perú, son conscientes de que el Estado no considera fondos del presupuesto público para innovar. Todo se hace vía préstamos de instituciones cooperantes, como el BID.    

EMPRENDER NO BASTA
Los datos mencionados dejan ver que el perfil emprendedor de nuestro país no garantiza la innovación. En ese contexto, lo único que permite a una startup globalizarse es contar con una propuesta única.    

En este aspecto son dos los trabajos por hacer. El primero, de corto y mediano plazo, tiene que ver con involucrar, a través de la academia (universidades) a los emprendedores digitales con los llamados inversionistas mentores. “Son inversionistas que acompañan el desarrollo de una startup, y no solo están preocupados por recuperar y rentabilizar su dinero”, refiere Karen Weinberger, profesora principal de Administración en la Universidad del Pacífico ().

Siguiendo esa lógica, el director del Centro de Emprendimiento de la UP, Javier Salinas, acota que su institución dispone de una activa red de inversionistas ángeles, a quienes ayudan a valorizar un emprendimiento desde sus etapas tempranas, en pro de cerrar un acuerdo. 

“La innovación debería ser la cara opuesta del emprendimiento”, reflexiona a su turno Julio Vela, director del Cide . Su centro ha vinculado a más de 100 proyectos con empresas y distintas áreas de investigación de la universidad. Esta es, justamente, una de las acciones que más propone el estudio del Produce y el MIT: vincular a los emprendedores con las corporaciones, para que estas compartan sus necesidades y así se gesten startups para resolverlas.

El reto de largo plazo implica educar, apunta Weinberger. “La innovación es parte de una cultura que se enseña desde el colegio, que promueve la creatividad, el trabajo en equipo y la multidisciplinariedad”, apunta. Y hay que comenzar ya.

Parte de la evolución de nuestro ecosistema de startups pasa por generar cada vez más un clima en pro de compartir información entre los distintos actores, como destaca Karen Weinberger, profesora principal del Departamento de Administración de la Universidad de Pacífico (UP).

“También es una tarea pendiente. Cuando estaba trabajando en el programa Perú Incuba nos costó mucho confiar y aprender a trabajar en equipo”, refiere la ejecutiva. Añade que hoy, todavía, hay ‘stakeholders’ que no quieren compartir información. “Si  tú tienes un estilo de liderazgo en una universidad o incubadora donde por principio tú no vas a compartir, no hay forma de que te integres”, apunta.

En ese sentido, Sara Jane Naxted, directora del programa REAP del MIT, sugiere que nuestro país haga un esfuerzo por integrar a la diáspora de investigadores e inversionistas peruanos que en la actualidad laboran en distintas partes del mundo. “No tienen que volver a trabajar aquí, pero su aporte y sus conexiones ayudarían mucho”, detalla.

Con Weinberger no coinciden, sin embargo, ni Julio Vela, del Cide PUCP, ni Javier Salinas, de Emprende UP. Este último resalta, más bien, que nuestro país ganó en febrero último el premio como uno de los ecosistemas más dinámicos del mundo, durante el Global Entrepreneurship Network, lo que da señas de un ecosistema en el que los actores confían. 

¿Qué acciones se deben tomar para impulsar las startups? Responden los emprendedores

(Ilustración: Víctor Aguilar)

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