Hay elementos básicos que permiten que el mercado de capitales interno sea débil frente a sus pares de la región, explica Paul Antonio RebolledO, CEO de Tandem Finance. (Foto: utc)
Hay elementos básicos que permiten que el mercado de capitales interno sea débil frente a sus pares de la región, explica Paul Antonio RebolledO, CEO de Tandem Finance. (Foto: utc)
Paul Antonio Rebolledo

Un mercado de capitales desarrollado permite que un país canalice eficientemente su ahorro. Así, este canal, alternativo a la dación tradicional de créditos, se convierte en la “carretera” por donde circula el dinero de las personas y empresas. Si la carretera no está en buen estado, poco importará tener alternativas interesantes de inversión o personas con grandes excedentes. Esos recursos no lograrán financiar los proyectos más rentables de acuerdo con el perfil de riesgo de los ahorristas.

Desafortunadamente, las condiciones de nuestro mercado son pobres en comparación al crecimiento de nuestra economía en los últimos 25 años. Incluso comparando con países de la región, nuestro mercado se quedó en el tiempo, a pesar de los esfuerzos en algunos períodos y de las recomendaciones de distintas misiones del FMI o el Banco Mundial. ¿Qué elementos básicos han permitido a estos países dar un paso mayor al nuestro?

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Un primer elemento se centra en la existencia de un mercado de bonos que permita tener referencias válidas y visibles de tasas de interés a distintos plazos de inversión. En países como Colombia y México, hace más de una década, los ministerios de Hacienda y/o bancos centrales realizaron un gran trabajo para poder “poblar” toda la curva de rendimientos de bonos gubernamentales tanto a tasa nominal como real (inflación) con emisiones frecuentes y predecibles desde los plazos más cortos (1 semana) hasta más de 30 años.  Esta sería una primera ancla para “salir al mercado” y, al menos, tener claridad sobre la “tasa libre de riesgo”.  Asimismo, facilitaría la inversión en títulos de protección a inflación, estrategia preferida por algunos inversionistas (aseguradoras, por ejemplo).

Un segundo tema para considerar está vinculado con la organización de un mercado centralizado de derivados financieros, que permita cubrir los riesgos de buena parte del sistema financiero y, a su vez, brindar señales de las expectativas de mercado en cuanto a tasas de interés o tipo de cambio. La ausencia de una cámara de compensación que permita intercambiar flujos de estos instrumentos de manera segura impide una toma de riesgos más fluida por parte de inversionistas institucionales y con ello, aprovechar movimientos de mercado en aras de obtener una mayor rentabilidad.

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Una tercera arista enfatiza una mejor rendición de cuentas sobre las rentabilidades de los inversionistas. En este punto, se necesitan indicadores más objetivos (benchmarks) para calificar la gestión de los inversionistas institucionales, los cuales deben guardar correlato con el apetito de riesgos de cada vehículo de inversión. Como ejemplo de ello, tanto Chile como Colombia, hace algunos años, hicieron una nueva clasificación de fondos mutuos de manera que la comparación sea justa y obedezca a los objetivos de retorno y riesgo de cada uno de ellos. Ello brindaría al inversionista una mejor referencia de comparación (“papas con papas”).

En suma, las acciones para cimentar este wishlist básico en el mercado local debe considerar la experiencia de países de nuestra región en los últimos 10 años. En la mayoría de las veces, los resultados fueron parte de una acción conjunta privado-pública por con el liderazgo del lado público.

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