Wall Street reportó una caída de 4,12% en la última semana. (Foto: AP)
Wall Street reportó una caída de 4,12% en la última semana. (Foto: AP)
Carlos Ganoza

Economista y cofundador de Quantum Talent

“Los mercados pueden ignorar riesgos por años hasta que un día dejan de hacerlo, y cuando eso ocurre reaccionan de forma súbita y salvaje, causando una crisis”. La audiencia escuchó la advertencia sin inmutarse. Robert Rubin (ex secretario del Tesoro de Estados Unidos y ex CEO de Goldman Sachs) le hablaba a la élite de las altas finanzas globales –banqueros centrales, autoridades multilaterales, CEO de bancos– que asistía a la última conferencia sobre política macroeconómica del Peterson Institute, uno de los ‘think tanks’ de economía más prestigiosos.

Desde la crisis del 2007, el mundo ha acumulado riesgos financieros como nunca en su historia moderna, y a la vez los mercados y las autoridades los han ignorado como si no hubiesen habido crisis en la historia moderna. Los eventos de la última semana en los mercados tampoco han creado alerta, han sido desestimados como consecuencia de correcciones pasajeras.

Diez años de depresión de tasas de interés por parte de los bancos centrales han llevado a que los inversionistas busquen retornos en otras clases de activos, acumulando riesgos sin precedentes. Varias clases de activos altamente riesgosas han alcanzado niveles de valorización históricamente altos, que difícilmente pueden ser explicados por motivos que no sean las distorsiones de la política monetaria.

El mercado de acciones por ejemplo alcanzó niveles récord sin que haya una explicación clara por fundamentos en la economía real. Hace poco el S&P 500 estuvo 70% por encima del nivel más alto alcanzado precrisis 2007 (que a su vez era similar al nivel alcanzado preestallido de la burbuja punto com).

El mercado de adquisiciones de fondos de capital privado también alcanzó un récord. La ola de transacciones fue impulsada por la facilidad de endeudarse a tasas muy bajas y en términos más flexibles que nunca. El “Financial Times” reporta que términos que en otras épocas eran considerados indispensables, como covenants que restringen apalancamiento adicional y exigen mantener una posición senior en la estructura de deuda de la compañía, han sido gradualmente olvidados, al punto en el que los créditos “covenant light” hoy representan el 70% de los créditos para compras apalancadas, comparado con 30% antes de la crisis del 2007.

Los mercados emergentes también han sido contagiados. Por primera vez desde el 2007 su participación en los portafolios globales de deuda se ha movido en la dirección opuesta a los ratings soberanos de los países. A pesar de que los balances fiscales de los países emergentes se han deteriorado gradualmente desde el 2013, los rendimientos de deuda emergente han seguido bajos. Como consecuencia, el monto total de emisiones soberanas sin grado de inversión aumentó en el 2017 en 50%, según Dealogic.

La enorme distorsión creada por la facilitación cuantitativa es la mejor explicación para este comportamiento anómalo. En la misma conferencia, Ben Bernanke admitió que “la facilitación cuantitativa funciona muy bien en la práctica, pero no en la teoría”. Significa que nadie sabe cuáles pueden ser los efectos de haber inundado el mundo con dinero barato por tanto tiempo. La advertencia de Rubin es más pertinente que nunca. Se vienen tiempos muy difíciles e inciertos y el Perú ha hecho poco para navegarlos con éxito.

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