Comprender nuestras razones personales de alineamiento con el trabajo nos permite evitar el riesgo de tomar decisiones con base en mitos comunes o en aquello que la gente repite sin ningún sustento. (Foto: Pixabay)
Comprender nuestras razones personales de alineamiento con el trabajo nos permite evitar el riesgo de tomar decisiones con base en mitos comunes o en aquello que la gente repite sin ningún sustento. (Foto: Pixabay)
Inés Temple

Presidente de LHH DBM Peru y LHH Chile

Muchos piensan que la principal razón por la que trabajamos es por el dinero que llevamos a casa. Ciertamente, el poder generar ingresos económicos para pagar las cuentas y cumplir con nuestras obligaciones es una razón fundamental y de mucho peso para salir a trabajar; pero no es la única.

Habiendo ayudado nuestro equipo a que decenas de miles de personas de todos los niveles se recoloquen exitosamente en el país, hemos sido testigos de excepción de las muchas otras razones por las que las personas trabajan con satisfacción. Por eso, consideramos vital apoyarlos a identificar esas razones personales que los motivan y movilizan en lo laboral, ya que luego los ayudan a recolocarse, en promedio, con ingresos mejores en 3 de cada 4 casos, y en posiciones más altas en 9 de cada 10 casos de ejecutivos. El 20% decide emprender cuando descubre su perfil emprendedor.

Unos persiguen posiciones de liderazgo, de más responsabilidad o de más poder –poder no como un tema de ego necesariamente; sino de poder, por ejemplo, lograr que sus ideas sean realidad en menor tiempo–. A muchos, el trabajo les brinda la oportunidad de tener retos interesantes y motivadores que los hacen levantarse contentos y estimulados en las mañanas. Otros necesitan la adrenalina que esos retos les traen. Para muchos, la satisfacción viene de los éxitos, del cumplimiento de metas y objetivos, de la generación de resultados, o del reconocimiento que traen los logros o de la sensación de contribución. Algunas personas se energizan por la oportunidad de resolver problemas, otros de seguir creciendo y desarrollándose, de aprender y saber más. Muchos, sobre todo los más jóvenes, se inspiran y movilizan por ayudar a causas que consideran valiosas, por propósitos o por dejar legados. O simplemente, para ayudar y servir a los que más lo necesitan.

Para muchos, el trabajo los ayuda a definirse y a saber quiénes son en realidad. Les da un sentido de identidad, los ubica y posiciona entre los demás. Les da prestigio, relevancia. Para otros, el trabajo les permite ser parte de una comunidad, de una “tribu” que les otorga sentido de pertenencia, que los acompaña y hace sentir aceptados, aprobados e “incluidos”; y, ojalá, en un ambiente agradable. A otros el trabajo les permite liderar equipos o ser parte de ellos, conocer gente diferente y estimulante que los ayuden a crecer y ampliar sus paradigmas. Algunos trabajan por el contenido mismo del trabajo, otros por el conocimiento o por hacer crecer a los demás.

Comprender nuestras razones personales de alineamiento con el trabajo nos permite evitar el riesgo de tomar decisiones con base en mitos comunes o en aquello que la gente repite sin ningún sustento: por ejemplo, aquel que insiste que cuando alguien ha alcanzado un cierto nivel de ahorros, ya no necesita trabajar; o que el dinero o los beneficios materiales lo son todo. Conocer nuestros motivadores y actuar sobre ellos es un importante acto de lealtad personal que nos facilita lograr satisfacción, continuidad laboral y éxito profesional.

Y tú, ¿por qué trabajas?

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