La emergencia sanitaria y las elecciones hacen que todavía se note una afectación económica y eso se refleja en el consumo de energía, afirma Luis Felipe Carrillo, presidente y CEO para la región CALA (Región Andina y Con Sur integradas) de General Electric. (Foto: General Electric)
La emergencia sanitaria y las elecciones hacen que todavía se note una afectación económica y eso se refleja en el consumo de energía, afirma Luis Felipe Carrillo, presidente y CEO para la región CALA (Región Andina y Con Sur integradas) de General Electric. (Foto: General Electric)
Leslie Salas Oblitas

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Poco más de un año ha pasado desde que GE (General Electric) anunciara su compromiso de lograr la neutralidad de carbono en más del 90% de sus instalaciones (fábricas, almacenes, oficinas y sitios de prueba) para 2030.

Al respecto, Luis Felipe Carrillo, presidente y CEO de la empresa industrial para región CALA (Centro y Latinoamérica, menos México y Brasil) comenta a El Comercio, ¿cómo está trabajando en ese sentido el Perú? y da luces del futuro energético y el comportamiento de la demanda de cara a la crisis sanitaria y la incertidumbre política.

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¿Cómo impacta el plan de descarbonización de GE en las operaciones de Perú?

Este plan es ambicioso porque, además de apuntar a que la empresa se vuelva neutro en emisiones, busca ayudar tecnológicamente a la transición hacia un mundo de muy bajas emisiones, y hay varias formas en las que se pueden aplicar en Perú. Entre ellas, ver la manera de cómo hacer que la flota térmica existente, de uso significativo, sea más amigable con el medio ambiente, y eso tiene que ver con la eficiencia de seguir mejorando para usar la menor cantidad de combustible. Una segunda opción es usar combustibles más limpios como el hidrógeno, gas que ya venimos usando en la flota hace 20 años, aunque todavía hay un reto con los costos de producción, sobre cómo transportarlo y almacenarlo. Pero, nuestra tecnología está preparada para quemar entre 5% y 95% de hidrógeno en la mezcla.

¿Qué tan utilizado es el hidrógeno?

Se usa en aplicaciones de refinería donde hay una producción de hidrógeno como residuo de otros procesos y que se puede incorporar en las turbinas, pero es un tema por resolver.

Otro elemento en esta transición es poder capturar carbono, es decir, reducir las emisiones térmicas a la salida de la planta y en nuestras plantas vemos esta oportunidad en Perú. Hay aplicaciones existentes en el mundo que se pueden usar y quizá pueden servir de transición hacia un mundo más verde. Obviamente, el gran paradigma es seguir incrementando la energía renovable (eólica, solar, etc.) a un mayor ritmo porque aun a la velocidad que avanza existe una brecha sustancial que tiene que ser cubierta con combustibles fósiles. En Perú, no hay generación a carbón pero sí a gas natural y esas plantas se van a poder usar cada vez más eficientemente para ayudar en la transición. Estas también cubren un rol de despacho y de mantenimiento de frecuencia del sistema.

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Pero, las energías renovables también tienen sus particularidades.

Sí, el problema con las energías renovables es que todavía no tenemos sistemas de transmisión suficientemente inteligentes que haga que no sean dependientes del recurso, ya que sino hay viento no hay generación de energía eólica y si no hay sol no hay energía solar, y por eso están las turbinas de gas. Ese rol de las máquinas térmicas va a jugar todavía un rol importante, y un país como el Perú que tiene 50% más o menos de generación térmica a gas y el otro 50% es una combinación de renovables (entre hidráulica, eólico y solar) está bien preparado a hacer una transición cada vez más verde, pero con una sólida base que mantenga la frecuencia para que no tenga los problemas que otros países han enfrentado por tratar de enfocarse en una sola cosa.

Entonces, su posición respecto al uso de energías es flexible…

Hay que hacer todo lo posible para incluir energías renovables, pero hay que ser flexibles y entender que todas las tecnologías juegan un rol, y dentro de las tecnologías despachables las naturales son las más limpias, las turbinas de gas natural son las que tienen que quedarse en ese espacio. Hay que darle un rol a las plantas de gas natural tratando de optimizarlas y elevando el nivel tecnológico de manera que podamos capturar carbono y que estén preparadas para incorporar este combustible como hidrógeno mientras se va incluyendo todo este parque de renovables.

En línea con lo dicho, ¿cómo avizora el mercado energético peruano?

Desde el punto de vista energético, el país está bien preparado, en el sentido que tiene un parque importante de generación eléctrica y que permite manejar cualquier tema que tengamos de exceso de demanda o de crecimiento acelerado por algunos años. Obviamente, en lo que tenemos que estar atentos es que conforme se incorporen nuevas tecnologías mantengamos la flexibilidad y no hagamos cosas direccionadas a una sola tecnología, a fin de que el sistema se vaya ajustando según lo disponible para no tener problemas.

La idea es diseñar sistemas regulatorios que tengan incentivos claros, sin dañar la estabilidad técnica del sistema.

Según el estudio RECAI 2018 de EY, Perú se posiciona como el quinto país en la región para invertir en energías renovables, ¿por qué?

El Perú tiene una serie de recursos interesantes para invertir en tecnologías renovable son convencionales. La costa sur tiene áreas de energía solar muy parecidas al norte de Chile y eso hace que tenga unos costos atractivos y en la parte eólica hay zonas de Ica, especialmente, y algunas otras zonas de Piura hasta Lambayeque que tiene vientos superiores a la media del mundo, son sitios donde pueden obtener altos rendimientos.

Eso tendrá que ser acompañado con plantas térmicas hidráulicas que permitan regular o despachar adecuadamente para cubrir esos picos cuando no haya recursos, lo cual será acompañado de una regulación adecuada para que no se desinvierta en las otras tecnologías, que es lo peor que podría pasar.

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¿Cómo impacta la incertidumbre política y la crisis sanitaria del COVID-19 en el mercado energético?

Obviamente las etapas electorales son siempre difíciles en nuestro país y quizá ahora hay más sobresalto por lo contrarias de las posiciones, pero el gran motor de este negocio es la demanda eléctrica y el crecimiento económico. La economía ciertamente se frenó mucho el año pasado, con caídas importantes de 25% y 30%, lo cual a fin se año se resolvió.

Entonces, ¿qué se espera en esta coyuntura?

Si las elecciones presidenciales en Perú y el próximo Gobierno reduce el ritmo de crecimiento y nos deja en una situación donde los industriales e inmobiliarios dejan de invertir, eso impactará en el largo plazo en el sector eléctrico; pero si permite que haya inversión en diversos sectores, acompañaremos ese crecimiento y habrán más posibilidades de aumentar el consumo eléctrico. Nada suplanta la inversión de la empresa privada (de la industria), ni aún las tendencias de electromovilidad.

¿Cómo se ha comportado el consumo de energía hasta abril?

Se mantiene flat, hay meses que la demanda subió 1% y otros que cayó, la realidad es que no hay un crecimiento, el sector aún no recupera los niveles prepandemia. La emergencia sanitaria y las elecciones hacen que todavía se note una afectación económica y eso se refleja en el consumo de energía.

¿La tendencia apunta a que la demanda se recupere en los siguientes meses?

Por lo que estamos viviendo en estos momentos es difícil saberlo, si se disipan algunas dudas y el ruido político el crecimiento se retomará mucho más rápido.

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