“Un ministro tiene la capacidad de hacer que las cosas ocurran”
“Un ministro tiene la capacidad de hacer que las cosas ocurran”
Julio Escalante Rojas

Es frecuente que uno pase minutos interminables esperando que los ascensores del Ministerio de la Producción lleguen al primer piso. Por eso, el ministro Piero Ghezzi no tiene problemas en subir por las escaleras los siete pisos hasta su oficina.

Tampoco tiene problemas en levantarse muy temprano para ir a jugar un partido de tenis y luego llegar a una conferencia o una reunión de trabajo. 

Pero en esta tarde Ghezzi quiere hablar de la diversificación productiva. Tiene sobre la mesa una presentación impresa con cuadros y números, una tasa hermética, y de fondo, en el salón, están las fotografías de todos sus antecesores en el cargo. En unos meses también colgarán allí su retrato. 

¿El plan de diversificación productiva está donde se esperaba para esta fecha o está retrasado?
Uno va actualizando los objetivos en la medida que va aprendiendo y este ha sido pensado siempre como un plan vivo. Hemos ejecutado más y hecho menos estudios de los que se pensaba al inicio. La mayor innovación en el 2015 ha sido la de las mesas ejecutivas sectoriales, con ellas hemos encontrado una forma de que el Gobierno y las empresas coordinen, identifiquen trabas y resuelvan problemas que han existido en el Perú de manera natural. Se ha entendido la necesidad de que para que el país vuelva a crecer a tasas de 5% o 6% se requiere generar sectores que se sumen a lo que ha impulsado la minería. Desde el 2014, cuando comenzamos, el precio del cobre ha seguido bajando, por eso ahora es mucho más necesario hablar de diversificación productiva. Cualquiera que diga lo contrario no quiere ver la realidad.

¿Con las mesas de trabajo que ya existen alcanzará para que se note el crecimiento que menciona?
En general, los diagnósticos se han armado en las mesas. No existían diagnósticos absolutos. Como es normal, el sector privado solo tiene una parte de la historia: sabe sus problemas, pero no las soluciones. Al no tener una relación con el sector público, no saben qué se puede hacer. El diálogo ha sido fundamental. La mesa forestal es la que más ha avanzado y ya comienzan a verse las primeras inversiones. En el tema acuícola estamos en 90% porque ya se están construyendo los CITE, en la mesa textil se están tratando temas laborales. La mesa de gastronomía recién ha comenzado. El Perú tiene que añadir más sectores y no tiene que ser una lista exhaustiva. El siguiente paso es institucionalizar de una manera más clara estas mesas, para que dependan menos de un ministro de turno.

¿Cómo es que el plan industrial, que se preparaba en la gestión anterior, cambió a un plan de diversificación?
Le dije al presidente Humala que debíamos hablar de diversificación productiva, que es un tema más amplio. Se pensaba que la industrialización era el camino, pero la realidad es que en los últimos años se ha vuelto más complicado desarrollarse solo con el sector industrial, porque al tener China una relevancia macroeconómica tan grande ha terminado dejando poco espacio para los países emergentes. China con salarios bajos y mano de obra altamente productiva nos deja ‘offside’. Además, la robótica y la tecnología han hecho que el sector industrial sea cada vez menos demandante de mano de obra, y en ese sentido no hay que centrarse solo en la industria manufacturera, sino ver otros sectores que tienen sus mismas características. Lo que sobra en el Perú es gente que ha tenido una educación deficiente y con habilidades relativamente bajas comparadas con los países industrializados. Entonces, lo que se tiene que generar son sectores que demanden lo que tiene el Perú y que generan empleo. Allí está la oportunidad de los sectores que estamos impulsando, como el forestal.

¿Encontró en el sector público lo que se imaginaba antes de estar aquí?
De alguna manera traté de poner en práctica lo que escribimos con el ministro José Gallardo en el libro “¿Qué se puede hacer con el Perú?”. Fue una ventaja haber pensado cosas antes de entrar al Gobierno, pero he aprendido muchas más sobre la marcha. A diferencia de lo que se cree, el Estado sí se puede mover y un ministro tiene la capacidad de hacer que las cosas ocurran. Yo pensaba que algunas ideas eran impracticables porque el Estado te absorbe, pero la realidad es que sí se puede. Lo que sí me sorprende es la poca información que hay en el sector privado con respecto a lo que hace el sector público. Hay falta de empatía. Mucha gente en el sector privado exige cosas porque ve problemas y quiere soluciones, pero nunca se llega a dar cuenta de las restricciones con que opera un funcionario. He aprendido mucho a valorar a los buenos empleados públicos, que trabajan mucho más y ganan mucho menos que lo que podrían recibir en el sector privado y con los riesgos judiciales y políticos que podrían cargar.

¿Se mantendría en el sector público?
No. Uno cumple un ciclo. Este es un trabajo muy demandante. Yo me voy en julio. Siempre voy a estar dispuesto a asesorar o ayudar, y desde el otro lado, desde la tribuna, voy a exigir que lo avanzado se continúe. Porque es importante defender el trabajo hecho. Este ministerio ha estado históricamente dominado por temas pesqueros y corre el riesgo de que vuelva a enfocarse exclusivamente en la pesca. Hay que exigir al siguiente ministro que haya un balance. Para mí debería ser de un 60% a 70% para producción y un 30% o 40% para pesca. Antes era 80% pesca. 

¿Se ha equilibrado?
Sí. Yo le dedico más tiempo a producción que a pesca. Hay contrapartes muy organizadas en la pesca y el ministro podría terminar llevado por eso, pero un ministro tiene la obligación de poner la agenda, afirmar cuál es la importancia relativa que tiene cada sector para el país. 

¿Qué conoció en el cargo de ministro que cree le servirá en adelante?
Uno al pasar de ser una persona privada a una pública se vuelve más sujeto a críticas, a lo que uno no está acostumbrado. Pero se aprende a cargar con eso. Algo que dijo el politólogo Martín Tanaka hace unos meses, y que me parece importante, es que en el Perú todos creen que se actúa por intereses y no se entiende que mucha gente actúa por ideas. Si yo tomo una decisión, no la hago con la idea de beneficiar a unos y perjudicar a otros. Esa gran sospecha que existe en el Perú sobre que cualquier decisión de política se basa en interés y lobbies es algo que hasta no estar adentro no había sentido.  

¿Qué dejó al tener un trabajo tan absorbente?
Lo más importante es la familia, pero he tenido menos tiempo con ellos. También he dejado de leer mucho y de ver a mis amigos, pero esos sacrificios se compensan con el papel que uno cumple aquí. Ya habrá tiempo para ver a los amigos que no vi o leer los libros que no leí. Los chicos crecen y en ese sentido mi tiempo libre se lo dedico a mis hijos y a mantenerme en estado saludable.

¿Qué tanto solía leer?
Leía un libro a la semana, ahora leo poquísimo. Y casi todo lo que leo está relacionado a la diversificación productiva. Porque aquí no hay mucho ‘know how’ sobre el tema y quiero estar informado de lo que pasa en el mundo en tecnología, en innovación, estar al tanto de lo que se está haciendo para tener fuentes de enriquecimiento profesional. 

¿Lo que no ha dejado es de jugar tenis? 
El deporte no se puede dejar. Yo juego tenis los martes y jueves a las 7 de la mañana, también los fines de semana. Y voy al gimnasio. Si alguien me dice que no puede hacer deporte porque tiene mucho trabajo, en realidad es que no quiere hacerlo.

¿Puede apartarse los domingos de su rol de ministro?
Siempre estoy pensando en mi trabajo, pero, claro, cuando le pego a una pelota con la idea de matar al contrincante, no estoy pensando en otra cosa.