(Foto: Mincetur)
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Redacción EC

Este mes se cumple el décimo aniversario de la implementación del (TLC) con Estados Unidos, ocasión oportuna para realizar un balance de sus principales resultados y limitaciones.

Conviene no perder de vista que este fue el primer arreglo negociado por el Perú, en el que se liberaliza la totalidad del intercambio de bienes y servicios, y se incorporan disciplinas vinculadas a ámbitos más amplios como las inversiones, propiedad intelectual, compras públicas, y temas laborales y ambientales, entre otros.




Los intercambios comerciales con EE.UU, han crecido significativamente impulsados por el acuerdo, especialmente nuestras , las mismas que se duplicaron la última década. Las ventas agrícolas representaron casi la mitad de dichos flujos, pasando de US$580 millones en el 2008 a US$1.800 millones el año pasado.

En ese sentido, el acceso ampliado al mercado estadounidense resultó fundamental para el despegue de uno de nuestros sectores productivos más dinámicos y generadores de empleo.En esa línea, el TLC gatilló un importante proceso de diversificación exportadora.

Así, mientras que antes de la suscripción del acuerdo exportábamos alrededor de 2.000 categorías de bienes, ahora despachamos poco más de 2.300 partidas, 98% de las cuales pertenece al sector no tradicional.

De otra parte, las importaciones, sobre todo de bienes de capital e intermedios, también aumentaron, contribuyendo a fortalecer la competitividad de distintos sectores productivos que, gracias al acuerdo, se beneficiaron con un acceso más amplio y menos costoso a tecnologías e insumos de mayor sofisticación.

Contrariamente a lo que los detractores advertían durante las negociaciones, el TLC no se ha traducido en el descalabro de nuestra agricultura tradicional. De hecho, no hubo que implementar el sistema de compensaciones domésticas que inicialmente se había programado.

Además, lejos de contraerse, la producción de los bienes agropecuarios considerados como sensibles siguió creciendo, impulsada por el mayor consumo de la población y el crecimiento en sus cotizaciones internacionales.

Si bien la implementación del acuerdo no ha estado exenta de dificultades, su operatividad ha resultado bastante fluida. Así, se han producido consultas sobre temas ambientales y laborales, pero hasta el momento el mecanismo de solución de controversias no ha sido invocado para saldar disputas en esos frentes.

En cuanto a inversiones, solo hay dos casos que están siendo ventilados y que difícilmente serán favorables para los demandantes.

El TLC con EE.UU. marcó un hito fundamental de la política comercial peruana al impulsar y profundizar la apuesta por la apertura de mercados. A partir de la vigencia de este tratado, avanzamos aceleradamente en la negociación de una ambiciosa red de otros acuerdos comerciales (21 en total) que apuntalaron nuestro acceso a las principales plazas del mundo, tanto en América como en Europa y Asia.

Sin embargo, para potenciar los beneficios que nos ofrecen estos acuerdos hace falta avanzar en la agenda de la competitividad, eliminando los procedimientos y trabas burocráticas, afianzando el capital humano de nuestros trabajadores y generando un entorno facilitador de la inversión. De lo contrario, nuestras empresas no estarán en condiciones de aprovechar al máximo las condiciones de acceso privilegiado que hemos logrado en los principales mercados del mundo, incluyendo el norteamericano.

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