Hasta enero de 2021 operaban en el país un aproximado de 28.000 salones de belleza, de los cuales solo han podido soportar la asfixia económica de febrero (tras las restricciones para mitigar la segunda ola del COVID-19)  alrededor de 20.000, estima APEB. (Foto: Anthony Niño de Guzmán / GEC)
Hasta enero de 2021 operaban en el país un aproximado de 28.000 salones de belleza, de los cuales solo han podido soportar la asfixia económica de febrero (tras las restricciones para mitigar la segunda ola del COVID-19) alrededor de 20.000, estima APEB. (Foto: Anthony Niño de Guzmán / GEC)
Leslie Salas Oblitas

De regreso al punto de partida. Desde el primero de marzo hasta el 14 del mismo mes, las peluquerías reabrirán sus puertas con atenciones previa cita y con un aforo del 40%, luego de permanecer todo febrero sin percibir ingresos.

Esta medida dada por el Gobierno ha generado alivio a la Asociación Peruana de Empresarios de la Belleza - APEB, pero la incertidumbre del control de la pandemia y el cumplimiento de obligaciones -como el pago de arriendos de los locales y el cada vez más cercano plazo de Reactiva Perú- no deja de ser una preocupación constante.

Rebeca Antezana, presidenta de APEB, confiesa que el nuevo confinamiento ha hecho más largo el proceso de recuperación de los salones de belleza, a tal punto que avizoran que recién en 2023 recuperarán sus utilidades preCOVID-19.

“La consiga del sector este año y, probablemente, en 2022 es sobrevivir a la pandemia. No estamos pensando, ni trabajando en obtener utilidades, solo en mantener a nuestro personal que queda en planilla, cubrir los costos altos de alquiler y mantener los protocolos”, asevera.

Indica que requieren que el Gobierno les dé un salvavidas, que les permita sobrellevar y cubrir ciertos compromisos, ya que han tenido que fraccionar muchas deudas e incluso el pago de la CTS. Así, solicitan, por ejemplo, la condonación por un año del IGV, como se ha dado en Colombia, y la ampliación del periodo de gracia por un año del pago de Reactiva (que empieza en mayo) y que este se amplié en cuotas a tres años.

“Necesitamos que nos den las herramientas para salir de esta crisis económica, y como asociación también pedimos que las peluquerías más pequeñas -que tienen régimen simplificado, pero que igual tributan- puedan acceder a préstamos como Reactiva”, dice.

SECUELAS DE LA SEGUNDA OLA

Hasta enero de 2021 operaban en el país un aproximado de 28.000 salones de belleza, de los cuales solo han podido soportar la asfixia económica de febrero (tras las restricciones para mitigar la segunda ola del COVID-19) alrededor de 20.000, estima Antezana.

Esto ha generado, asegura, que queden fuera de carrera alrededor de 9.000 profesionales de la belleza, 10% menos que en el mes pasado, por lo que ahora solo quedan 75.000.

Mientras que a nivel de facturación, el sector dejó de facturar unos S/36 millones, tras el confinamiento.

Detalla, además, que el 70% de los negocios que todavía subsisten redujeron personal y un 75% de estos facturan 50% o menos de lo registrado en el 2019. “En enero habíamos logrado llegar a nuestro punto de equilibrio; sin embargo con estas nuevas medidas hemos retrocedido”, puntualiza.

ESTRICTOS PROTOCOLOS

Afirma que van a seguir implementando los cuidados que tenían antes de que cerraran. Recuerda que en el salón no hay sala de espera y que el cliente solo va una vez al mes y para servicios esenciales.

La representante gremial estima que al día, con el 40% de aforo, pueden llegar a atender en promedio a 20 clientes, aunque esto dependerá del espacio del local y del número de profesionales que atiendan.

“La peluquería, prácticamente, se ha convertido en una sala quirúrgica, donde el que llega se desinfecta los zapatos, se lava las manos, se le proporciona una mascarilla adicional y una especie de sobretodo y se desinfecta el lugar donde se sentará. Mientras que, el personal también está preparado cual médico antes de una operación”, detalla.

Asegura que tienen la gran responsabilidad de cuidar al cliente y al personal porque de ello depende la sobrevivencia del rubro.