La buena salud de la historieta francesa
La buena salud de la historieta francesa
Luis Wong

El mayor festival de historietas de Francia no se realiza en París. A unas tres horas de viaje en tren de la capital francesa se encuentra Angulema, una comarca medieval que hoy se considera como la ciudad del cómic y que recibe a finales de enero a unas 200.000 personas (cinco veces su población) que se reúnen para conocer las novedades editoriales de los próximos meses, asistir a conferencias y obtener dedicatorias de sus autores favoritos. El Festival del Cómic de Angulema  (en francés, Angoulême) es el tercero más grande del mundo —los otros son el Comiket, en Japón; y el Lucca Comics & Games, en Italia— y ha sido central durante la evolución de la historieta franco-belga, que ha dado personajes como Tintín, Astérix y Lucky Luke. 
     A diferencia de la espectacularidad del cómic masivo norteamericano y de la introspección del manga japonés, la historieta franco-belga suele tocar temas autobiográficos y de actualidad con más regularidad a través de diversos géneros y estilos, sin dejar de lado las historias fantásticas e históricas. En su patrimonio se encuentran títulos como la obra de culto de ciencia ficción "El Incal", escrita por el chileno Alejandro Jodorowsky e ilustrada por el francés Moebius (Jean Giraud); el wéstern "Blueberry", escrito por el belga Jean-Michel Charlier e ilustrado también por Moebius; y los semanarios "Pilote", "Tintín", "Métal Hurlant", que brindaban una tribuna para las nuevas voces del cómic. Y en los últimos años, historias como la narración autobiográfica "Persépolis", de la iraní Marjane Satrapi; "Crónicas de Jerusalén" (y otros reportajes similares), del canadiense Guy Delisle; o el recuento a través de viñetas de lo que sucede en el día a día del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia en la historia "Quai d’Orsay", de los franceses Christophe Blain y Antonin Baudry, han sido la referencia de lo que es hoy la historieta francófona, que en el 2015 recibió más de cinco mil nuevos títulos, según las cifras de la Asociación de Críticos y Periodistas del Cómic. Sin embargo, la novela gráfica que muestra mejor el panorama actual es "El árabe del futuro", del francés de origen sirio Riad Sattouf. En esta historia que ya tiene dos volúmenes publicados, Sattouf narra su infancia y juventud en el mundo árabe durante los regímenes de Hafez el Asad en Siria y de Muamar el Gadafi en Libia. El primer volumen de "El árabe del futuro" ganó en el 2015 el premio a la publicación del año en Angulema. Este año, sin embargo, la ceremonia de premios llamaría la atención por su falta de diversidad.
     Dos semanas antes del festival, se conoció a los autores elegibles para ganar el Grand Prix, otorgado como reconocimiento a la trayectoria. De los 30 nombres, ninguno era de mujer. El festival fue acusado de sexista y el director, tras ser amenazado por la mayoría de los nominados de no participar de las actividades del evento, decidió añadir nombres de mujeres a la lista pero luego cambió de opinión y decidió mantener a los finalistas en secreto. Días más tarde, se nombró al ganador: el belga Hermann Huppen, conocido por "Bernard Prince" y "Comanche". Él recibió el premio con agrado, pero también asumió la responsabilidad de señalar lo sucedido, y declaró lo siguiente al diario francés Le Figaro: “Todo lo que deseo es que las mujeres estén más presentes. Hay lugar para ellas. El mundo del cómic está lleno de dibujantes talentosas”. Las acusaciones de sexismo y el espíritu de reclamo por la falta de diversidad se mantuvieron durante los cuatro días del festival, y ha abierto el debate sobre el rol de las mujeres en la escena del cómic actual.

Las exposiciones
La noche previa al inicio del festival, unas 100 personas se encontraban reunidas en La Maison des Auteurs, un lugar que ofrece becas de residencia para autores de cómics de todas partes del mundo para que trabajen en sus proyectos personales durante un año. Esa noche, la planta baja del edificio servía de galería para una muestra colectiva de los creadores en residencia, como Lucas Varela —un humorista gráfico argentino—, Jessica Abel —una novelista gráfica estadounidense—, entre otros. La velada sirvió de antesala para comenzar las actividades del fin de semana. Las exposiciones durante el Festival de Angulema sirven para ofrecer una mirada a las nuevas tendencias del cómic mundial, para generar encuentros entre autores y editores, y para reconocer el impacto de sus obras en la historia del noveno arte.
     La exposición más visitada durante el festival de este año fue la de Hugo Pratt. El autor italiano (que pasó una parte de su vida en Argentina y que falleció en 1995) fue el padre de "Corto Maltés", una saga de aventuras de un marinero que viaja por el mundo y que es considerada como una obra de culto por la calidad de sus guiones y su estilo gráfico. En la muestra se podían observar versiones originales de las planchas dibujadas por Pratt, así como reflexiones sobre sus influencias literarias y artísticas, entre las que destacan escritores como Robert L. Stevenson, Jack London o Jorge Luis Borges. 
     Otra visita obligada durante el festival fue la muestra del arte de Morris, el autor belga creador de "Lucky Luke", una serie de historias del Lejano Oeste, en Estados Unidos, que tenía como protagonista a un vaquero. Desde los inicios de la serie, a mediados de los años cuarenta, "Lucky Luke" se convirtió en una de las historietas más populares en todo el mundo. Morris (cuyo nombre real era Maurice de Bévère) fue uno de los referentes de la historieta franco-belga y participó del semanario "Spirou", que reunía series de varios personajes y que se convirtió en un trampolín para autores como André Franquin ("Spirou" y "Fantasio") o Peyo ("Los pitufos"). La muestra se enfocó en el arte del trabajo de Morris, que se extendió durante más de cinco años en una época en que se comenzaba a descubrir un lenguaje propio para el cómic.
     Otras exposiciones durante el festival fueron las de "Interduck" (una reconstrucción de la historia del arte reemplazando al hombre por patos), un homenaje a la obra de Katsuhiro Otomo (uno de los padres del manga japonés, creador de la serie "Akira") y una muestra del universo de "Lastman" (una de las series de cómic francés más populares del momento). En total fueron más de 15 exposiciones simultáneas, que junto a las conferencias y talleres crearon un programa variado para la edición número 43 del festival. Y cuando las puertas de los pabellones y galerías se cerraban, comenzaba un circuito alternativo de exposiciones, conciertos y fiestas alrededor de la ciudad.

Yo soy Charlie
Desde la edición del 2015, para entrar a todas las exposiciones del Festival del Cómic de Angulema, se debe pasar por un control de seguridad. Un guardia utiliza un detector de metales y verifica que ningún asistente lleve armas ni explosivos. Esto es parte del plan Vigipirate, un programa de seguridad nacional que se emplea desde los atentados del 7 de enero del 2015 a las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdo en París, donde fallecieron 11 de sus integrantes. Reírse de los poderosos en público tiene una larga tradición en Francia, siendo el semanario Hara Kiri (creado en 1960 y que finalmente se convirtió en Charlie Hebdo a inicios de los noventa) el referente en las últimas décadas. El hábito de burlarse del poder en Francia nació de los panfletos que se ofrecían en las calles durante el siglo XVIII y la Revolución francesa, gracias a la masificación de la imprenta. La historieta satírica se convirtió en un examen continuo de tolerancia para los aludidos, y mostraba que los franceses no solo podían tener buen humor sino también un compromiso con la libertad de expresión.
     Tres semanas después del atentado del 2015, el Festival del Cómic de Angulema se inició con una caminata alrededor de la ciudad como homenaje a las víctimas y como una muestra de unión entre autores y lectores por el derecho de reírse de lo que quisieran. El alcalde de la ciudad encabezó la marcha y durante esa edición se otorgó el premio especial "Charlie Hebdo por la Libertad de Expresión" al equipo del semanario. Desde entonces, la escena actual de la historieta francesa lleva la marca de Charlie Hebdo. Hoy ningún tema es tabú y todas las voces son escuchadas —como las de François Durpaire y Farid Boudjellal, quienes a través de la historieta "La Présidente" imaginan un futuro mandato presidencial en Francia de la política de ultraderecha Marine Le Pen—. 
    La historieta ha dejado de ser considerada como un pasatiempo para niños y se ha convertido en un vehículo para difundir ideas progresistas y liberales que llegan a un público cansado de los medios tradicionales. El festival celebra esta evolución y refresca los ánimos y las ideas para el inicio de un nuevo año editorial.