Tragedia en Villa El Salvador: ¿Dónde donar sangre y entregar ayuda humanitaria? (Lino Chipana / GEC)
Tragedia en Villa El Salvador: ¿Dónde donar sangre y entregar ayuda humanitaria? (Lino Chipana / GEC)
Katherine Subirana Abanto

Aunque las diferencias y fracturas de la sociedad peruana son bastante evidentes un desafortunado evento cambió los titulares de esta semana previa a elecciones: el incendio en el distrito de Villa el Salvador que hasta suma ocho muertos y cincuenta heridos. El panorama triste e indignante movilizó a miles de personas: se organizaron cuadrillas para recoger alimentos no perecibles o útiles de aseo; mientras los bancos de sangre de los hospitales que albergaban a los heridos no se dieron abasto para recibir a todas las personas que se acercaron a donar sangre para las víctimas . La respuesta solidaria no conoció de raza, clase, condición social o nacionalidad, demostrando el valor de la empatía.

Es curioso que la palabra empatía sea pronunciada tantas veces en situaciones de crisis cuando un vistazo a las peleas en redes sociales hace parecer que esta no existe. ¿Acaso la empatía es selectiva?

Emociones educadas

La empatía es una reacción de identificación ante la situación que experimenta otra persona. Podemos distinguir dos tipos: la emocional, donde el sujeto se involucra emocionalmente con la situación de otra persona; o cognitiva, donde el sujeto es capaz de entender cómo se encuentra una tercera persona. La primera implica una capacidad emocional, la segunda pide un trabajo cognitivo. Hay diversos estudios sobre las reacciones químicas que generan una reacción empática, algunos científicos mencionan las neuronas espejo --capaces de representar acciones observadas en los otros en su propio sistema-- y el funcionamiento del sistema límbico.

El filósofo Ricardo Falla Carrillo, docente de la UARM, pone el tema en perspectiva histórica: “David Hume y Adam Smith, filósofos del siglo XVIII, fueron los primeros en hablar del tema. Muchas veces nuestras acciones morales están motivadas por sentimientos y no por la razón ni por la convicción religiosa. Uno de esos sentimientos es la empatía, esta posibilidad de ponerse en el lugar del otro. El otro sufre y ese sufrimiento lo siento como mi propio sufrimiento. Desde ahí se habla de la empatía como uno de los principios o criterios morales que rigen la ética”, dice.

Hay consenso en afirmar que la empatía es necesaria para la cohesión social, por lo que se la puede identificar como una reacción primitiva. Sin embargo, también hay consenso en que esta debe ser educada. María Paz Sáenz, docente de la carrera de Psicología de la UPC, explica: “la empatía es algo que debe educarse. Por ejemplo, veamos a los niños que suelen ser egoístas y egocéntricos, pero se les va educando para que no miren solo sus necesidades. La empatía se trabaja desde las relaciones más tempranas y más importantes y surge de primero la sensación subjetiva y emocional de también haber sido comprendido y acompañado”.

"La empatía es algo que debe educarse. Por ejemplo, veamos a los niños que suelen ser egoístas y egocéntricos, pero se les va educando para que no miren solo sus necesidades"
"La empatía es algo que debe educarse. Por ejemplo, veamos a los niños que suelen ser egoístas y egocéntricos, pero se les va educando para que no miren solo sus necesidades"

Entonces, hay algo muy interno y personal cuando hablamos de empatía pero también hay algo colectivo, ¿cuánto una persona puede ponerse en los zapatos del otro? ¿Realmente reacciono con los demás como me gustaría que reaccionen conmigo? La capacidad de ponerse en el lugar del otro tiene que ver también con la cercanía que se sienta ante la situación en cuestión. “Si la gente reacciona con más fuerza cuando sucede un atentado en Francia que cuando sucede uno en Afganistán, es porque hay un conocimiento de un país que de otro, o porque lo sienten más cercano por experiencias personales”, añade la psicóloga.

Sin embargo, hay sensaciones de cercanía que poco tienen que ver con lo geográfico o lo económico. A decir de María Paz Sáenz lo sucedido ayer motivó tanta empatía por dos razones: la primera es que se trató de un accidente que le pudo pasar a cualquier persona por cuya calle haya pasado un camión con GLP y la segunda es por la emotividad del llamado de los medios de comunicación. “Las víctimas no hicieron nada para que el accidente suceda. Eran personas que estaban empezando su día como cualquiera de nosotros y el accidente los agarró en medio de una situación cotidiana. Y el llamado que hicieron los medios y el mismo Estado a la ayuda fue masivo y dramático. Ambas cosas pueden explicar lo sucedido tras el incendio”, señala.

Sociedades complejas

Algo que tornó asombrosa la respuesta masiva de la población al llamado de donar sangre fue el anuncio sorpresivo de “no se pueden recibir más voluntarios, pues no hay dónde poner la sangre”. En el Perú la donación de sangre no es cosa común. Así lo dicen las estadísticas del Ministerio de Salud: en nuestro país se necesitan donaciones de 640 mil unidades de sangre al año. En 2018 se logró recaudar 382,586 unidades de sangre y de este total solo el 9.85 % fueron de donantes voluntarios. “En un país donde se vende sangre y plaquetas en el mercado negro, la respuesta de los donantes sobrepasó y sorprendió al sistema y a la población”, destaca la psicóloga.

Cientos de personas, entre mujeres y hombres, llegaron hasta los hospitales de EsSalud Guillermo Almenara (La Victoria), Edgardo Rebagliati (Jesús María) y Alberto Sabogal (Callao) para donar sangre. (EsSalud)
Cientos de personas, entre mujeres y hombres, llegaron hasta los hospitales de EsSalud Guillermo Almenara (La Victoria), Edgardo Rebagliati (Jesús María) y Alberto Sabogal (Callao) para donar sangre. (EsSalud)

¿Quiere decir que la empatía se nos va en el día a día y la reservamos para ocasiones extraordinarias? Para entender esto, Ricardo Falla explica que en los seres humanos hay una tendencia natural de ayudarnos, pero esto se hace más complejo en la medida que las sociedades son más diversas o más amplias. “Cuando se trata de una familia o de un clan pequeño la solidaridad es mucho más inmediata, pero cuando las sociedades son más complejas, estos criterios no son suficientes. Ante una tragedia se genera una solidaridad empática, pero esta no es duradera en el tiempo si no se realizan esfuerzos más complejos que tienen que ver con mejorar el sistema de salud pública, por ejemplo. Si te imaginas un terremoto de escala 8 donde hay medio millón de heridos, la empatía fracasa, no alcanza”, dice.

Entonces, es muy positiva la empatía, pero sociedades complejas requieren respuestas más complejas. Siguiendo con el ejemplo de la donación de sangre, Falla Carrillo menciona que se puede motivar a las personas a realizarla por distintos mecanismos, como la reducción impositiva. “En otras sociedades lo que se hace es captaciones de sangre imperativas. No es por decisión individual. Justamente porque las tragedias pueden ser muy grandes”, añade. Pero, más allá de los bancos de sangre, la política pública más importante es la educativa. “Empatizar con el otro no solo es un tema sanguíneo, sino también un tema de derechos, pero la nuestra no es aún una sociedad lo suficientemente sensible al sufrimiento de alguien diferente. Es un proceso que tiene que ver con la maduración social. Nuestro país está en un nivel inicial y para eso también se necesita una política que lo fortalezca”, dice Falla Carrillo.