“Discurso de promoción”, creación colectiva montada por Yuyachkani. (Foto: Elías Alfageme)
“Discurso de promoción”, creación colectiva montada por Yuyachkani. (Foto: Elías Alfageme)
Miguel Ángel Vallejo

El teatro peruano ha celebrado el nacimiento de la República de múltiples maneras. En nuestras tablas, cada época reconoció a héroes diferentes y representó a distintos personajes. Partimos de una premisa: la manera en que representamos eventos relacionados con nuestra independencia construye ciertas ideas sobre nuestra identidad nacional.

Por ejemplo, durante las guerras por la independencia en América, se publicaron en el Perú textos teatrales anónimos a favor o en contra de los ideales republicanos. Son obras de agitación y propaganda, en su mayoría loas o entremeses, de pocos personajes y escasa calidad artística. Tenemos, por ejemplo, “El ataque del Callao por Lord Cochrane”, (1820), que caricaturiza a la expedición que bloqueó a las naves virreinales durante meses. O “Diálogo en el consistorio patriótico” (1820), donde los personajes apoyan a la República por intereses personales.

La primera obra teatral de la República es “Los patriotas de Lima en la noche feliz”, de M.C (atribuida a Miguel del Carpio), que se estrenó el 1 de agosto de 1821. En esta pieza casi sin conflictos, criollos de clase media cuentan la llegada de San Martín a la capital. También narran sus sueños de construir un país poderoso al que Europa deba admirar.

Sin embargo, en estas obras no aparecen personajes indígenas ni afroperuanos, pese a su activo papel en las guerras independentistas y a ser la mayoría de la población. En la naciente república pervivía un fuerte racismo.

La representación

El costumbrismo es nuestra primera narrativa nacional. Criticaba con humor al presente, pero no podía pensar en el pasado de nuestro joven país. Así, pocas obras teatrales costumbristas abordan la independencia, como “Don Leocadio y el aniversario de Ayacucho” (1833), de Felipe Pardo y Aliaga, que incluye una criada afroperuana, caricaturizada.

Manuel Ascencio Segura rompe los moldes de la época con una pieza poco conocida, “La espía” (1854), donde la protagonista es una indígena autosuficiente, que tiene un romance con un militar español y es ella quien toma las decisiones.

A mediados del siglo XIX aparecerían obras románticas que abordaron más directamente hechos de las guerras por la independencia. Es el caso de “Rodil” (1852), de Ricardo Palma, sobre el militar español que tomó el Real Felipe hasta 1826. Algunas piezas románticas trataron de representar a la nobleza incaica dentro de procesos por la independencia, como “El pueblo y el tirano” (1862), de Carlos Augusto Salaverry, en la cual una revuelta liderada por nobles indígenas derroca al virrey en 1564.

Asimismo, destaca “Hima-Sumac” (1884), de Clorinda Matto de Turner, que retoma una leyenda sobre el tesoro de los incas y la ambienta durante una rebelión inca, con una particular versión de Túpac Amaru. Esta es la primera mención de este líder rebelde en el teatro peruano sobre la independencia.

El libro
Teatro peruano sobre la independencia

Editado por la Academia Peruana de la Lengua, está a la venta a S/40 en el local de la Academia y en las librerías Escena Libre y El Caminante. 

Teatro peruano sobre la independencia

Crítica a la República

Luego de la derrota peruana en la Guerra del Pacífico no habrá obras teatrales sobre la independencia hasta 1921, cuando el peruano-italiano Arturo Molinari publicó “Libertas… o la independencia del Perú”, donde se plantea una reconciliación entre patriotas criollos y españoles.

En el teatro de inicios del siglo XX, los indígenas y más aún los afroperuanos quedaron de lado. Y, en las décadas de 1920 y 1930 aparecerán piezas sobre patriotas como María Parado de Bellido y José Olaya en obras escolares.

Otras obras del siglo XX, ya en la estética realista, cuestionan la propia estructura de la República. Por ejemplo, “Pruvonena” (1957) de José Miguel Oviedo, que critica a personajes históricos como los presidentes Torre Tagle y Riva Agüero, al igual que a las instituciones democráticas. A partir de esta época no es importante el conflicto entre patriotas y españoles, sino la estructura de la República.

En la década de 1970 aparecieron piezas sobre Túpac Amaru II, pero también creaciones colectivas sobre otros luchadores por la independencia. Así, la agrupación Perú Negro presentaría en 1975 el montaje “Vida, pasión y muerte de Lorenzo Mombo” sobre este rebelde afroperuano, que critica la exclusión a los africanos.

Por la inclusión

Durante los años del terrorismo las obras se vieron marcadas por la violencia. Así aparece “El caballo del Libertador” (1986), de Alfonso Santistevan. Un profesor criollo e ilustrado recibe a una prostituta embarazada en una Lima asolada por explosiones y muerte, y en determinado momento se convierten en Simón Bolívar y una indígena que lo atiende.

Las piezas más recientes proponen nuevas luchas. Por ejemplo, “Sueños de victoria” (2016), de Paola Estupiñán, donde la protagonista es una mujer que abandona a San Martín por defender sus ideales, y presenta a personajes indígenas y afroperuanos tan protagónicos como los criollos. Por otro lado, “Discurso de promoción” (2017), creación colectiva de Yuyachkani, requiere de la participación del público. Con personajes arquetípicos, la obra reflexiona sobre diferentes episodios de peruanidad, cuestionando la exclusión de lo originario y el sistema económico.

Más directa es “Bicentenaria” (2018) de Mariana Silva y Claudia Tangoa, representada en un espacio público, el Parque de los Próceres, y donde doscientas mujeres en escena cuestionan la exclusión histórica hacia las mujeres, la desigualdad y el machismo, y alcanzan a criticar el racismo. Su protagonista es Micaela Bastidas representada por Magaly Solier.

Alrededor del bicentenario aparecieron puestas que repensaron nuestra identidad con algunos eventos de la independencia. Por ejemplo, el musical “Todos vuelven”, de Mateo Chiarella, dirigido por Carlos Galiano en el 2019. Y pese a la pandemia, continuaron montándose piezas sobre este tema, como “Somos libres”, de Eduardo Adrianzén (2021).

El teatro sobre la independencia construye una idea sobre el país. En estos más de doscientos años, sus propuestas han cambiado mucho. El teatro contemporáneo muestra propuestas feministas y antirracistas, lo que habla de otras independencias por obtener, en esta lucha por ser representados y representadas.