Las malas elecciones
Las malas elecciones

Si una serie de investigaciones y tachas pusieron esta vez al Jurado Nacional de Elecciones en el ojo de la tormenta, la historia nos demuestra que en temas electorales las decisiones polémicas son más comunes de lo que parecen. 

— Fuera de carrera —
En estas elecciones un candidato fue retirado de la campaña presidencial por entregar dádivas a sus posibles electores, pero la actividad no es nueva en el país. “Lo nuevo es la sanción, pero no el recurso de ofrecer algo a cambio de votos”, dice el sociólogo y especialista en temas electorales Fernando Tuesta Soldevilla. La práctica se remite a los inicios de nuestra vida republicana, y se potencia en la segunda mitad del siglo XIX, cuando las campañas electorales comienzan a concentrarse en las elecciones de primer grado (el proceso electoral era indirecto: primero se elegían representantes en el ámbito parroquial, quienes luego conformaban una junta en la que se votaba por el presidente y vicepresidente). En ese entonces, comprar el voto era habitual e incluso había un personaje llamado el “capitulero”, que mediaba entre el candidato y el electorado, cobrando al primero una alta suma monetaria a cambio de determinada cantidad de votos, los cuales conseguía repartiendo pequeñas fracciones de ese mismo dinero a cada votante (evidentemente luego de arrogarse una generosa tajada). 
    La compra de electores podía realizarse también de forma menos explícita, como nos da a entender Manuel González Prada cuando inmortaliza las prácticas de candidatos como Manuel Pardo y Lavalle con el rótulo de “política de la butifarra y el aguardiente”. En cuanto a las tachas, también existen precedentes: en el contexto de la dictadura de Manuel A. Odría, un candidato que ya estaba técnicamente en carrera fue retirado de la contienda. Se trató de Ernesto Montagne Markholz, a quien se le rechazó la inscripción en las elecciones de 1950. Obviamente, el motivo era favorecer la candidatura única odriísta. Hubo revueltas y muertos en Arequipa, y se responsabilizó de ello a Montagne, quien fue apresado y después enviado al exilio.
    En la historia también existen casos en que se impidió  la inscripción de partidos. Dos víctimas históricas fueron el Partido Comunista y el Apra. Ambas organizaciones fueron impedidas de participar en las elecciones de 1936, acusándolas de tener filiación internacional, algo que estaba prohibido desde la Constitución de 1933. La situación no cambiaría hasta 1962. 
    Manuel Odría adoptaría también esta táctica para evitar la inscripción de partidos. Lo hizo en las elecciones de 1956, cuando impidió la inscripción del recién formado Frente de Juventudes Democráticas, liderado por el arquitecto Fernando Belaúnde Terry. Este convocó entonces a una marcha para reclamar su derecho a la participación. La respuesta violenta del régimen no se hizo esperar, pero, en medio de la agitación popular, Belaúnde logró  inscribirse. 
    Un último ejemplo de impedimento de inscripción se dio en 1980, durante la transición a la democracia. Esta vez, las elecciones fueron convocadas por el gobierno militar, presidido por el general Francisco Morales Bermúdez. Entonces, no se permitió la inscripción del Partido Revolucionario de los Trabajadores del líder trotskista Hugo Blanco. Ante la decisión del Jurado Nacional de Elecciones, Blanco realizó una huelga de hambre frente al local electoral en el Campo de Marte. La presión surtió efecto, y consiguió participar en los comicios.

— Marchas y contramarchas —
Las elecciones de 1936 fueron bastante movidas. Con el Apra y el Partido Comunista fuera de carrera, se llevó adelante el proceso electoral. Todo parecía resuelto, pero en pleno conteo de votos sucedió lo impensado. El ganador era a todas luces el entonces alcalde de Lima y candidato socialdemócrata Luis Antonio Eguiguren; sin embargo, como este era apoyado por el Apra, se declaró la nulidad del proceso. Las elecciones volvieron a convocarse recién en 1939. El ganador fue Manuel Prado Ugarteche. 
    Y las marchas o manifestaciones contra candidatos forman también parte de nuestra historia reciente. Tuesta Soldevilla recuerda el caso de 1990, cuando se inventó una procesión del Señor de los Milagros en marzo, apoyada por grupos católicos, para contrarrestar el apoyo de los evangélicos a la candidatura de Alberto Fujimori. 
    Como vemos, en el Perú las elecciones siempre han dado y darán que hablar. Como dijo en cadena nacional el ex ministro de Economía Hurtado Miller la noche del 8 de agosto de 1990 tras soltar el primer “fujishock”: “Que Dios nos ayude”.