Vista de la sala de exhibición
Vista de la sala de exhibición
José Carlos Picón

Hay artistas que en su exploración dejan pistas de hallazgos nítidos. Otros hacen de su búsqueda un viaje en torno de las verdades de la vida. Heinrich Helberg Chávez pertenece a estos últimos. Su espíritu curioso lo hizo beber de estudios diversos en lingüística, filosofía y antropología en la Universidad de Tubinga, en Alemania. Su forma de afrontar el arte es cercana a una tradición que encuentra en José María Eguren, César Moro, Jorge Eduardo Eielson a sus hitos más reconocidos: el quehacer artístico como forma de vida y viceversa.

Los primeros acercamientos de Heinrich Helberg a la creación fueron a través de la poesía experimental y visual. Poemarios atípicos como “Juegos para soñar” (1972), que Javier Sologuren ayudó a publicar y, posteriormente, “Espuma” y “Poemas fundamentales”, ambos inéditos, a través de los que, según el propio Helberg, buscaba transmitir experiencias mediante el juego, la interacción y las relaciones con los objetos y las formas. Proponía en ese sentido, rutas lúdicas sin instructivos ni fórmulas. Así, a la manera de Vallejo y otros poetas de nuestras más potentes antologías, explora el dolor, el sufrimiento, también la luz, el deseo y la alegría pero con imágenes y artificios.

-La muestra-
En estos días Helberg Chávez presenta en el Museo de Arte del Centro Cultural de la Universidad de San Marcos una personal visión del mundo, pero sobre todo del mundo amazónico: “Materia poética: De la palabra al silencio (que habla)”. Esta muestra articula una sutil arquitectura de percepciones, miradas y mensajes. Dice Helberg que en estas instalaciones, fotografías, lienzos, esculturas y objetos da voz a lo aparentemente inanimado. “Y esto es una forma de hacer poesía”, sostiene. Deja al espectador o lector de estas realidades y situaciones, la libertad de establecer las relaciones que se acerquen a sus necesidades psíquicas y medioambientales. Él llama a este sistema “constelaciones”. De pronto nos ponemos a observar sus últimos lienzos, presentes en la sala. Tomamos posesión de una idea que tiene que ver con las causas y los efectos, con las consecuencias de los actos de la naturaleza. “Vemos allí la sugerencia de animales multicolores, hechos de luces, como alucinaciones tal vez inducidas por plantas en contextos rituales, y elaboradas con técnicas que tienen por base el blanco y el color puro con aceite”.

En el trabajo de Helberg Chávez son percibidas las resonancias del arte indígena amazónico y el balance entre las fuerzas de la naturaleza, así como las transformaciones que el hombre aporta en aquellas estancias todavía sin mácula. Para ello se vale de algunas técnicas que los artistas indígenas usan para representar su cosmovisión e iconografía. “Las uso para dar sentido a mi propio lenguaje. De lo contrario estaría cayendo en una colonización semántica”, acota el artista.

Piezas en exhibición
Piezas en exhibición

La sabiduría ancestral la utilizamos como paradigma para una nueva forma de vida. No solamente en el arte sino también en la salud y la espiritualidad, en la dinámica social, hasta en la economía. Tenemos que reaprender a ser humanos”.

-El recorrido-
Quizás lo más curioso de la muestra son sus objetos. Volúmenes, instalaciones y ensamblajes que nos dejan mensajes a veces claros, otras misteriosos. A través de ellos, la naturaleza cobra vida, se van articulando constelaciones que nos permiten ver más allá de los ojos, como energías relacionadas con la fantasía colectiva, con el inconsciente, con los cuentos, los mitos y las historias.

En una pared observamos piezas de bambú a la manera de un soporte y sobre ellas diversos objetos superpuestos: semillas, un jabón, ajíes, un pedazo de papel, hojas caídas de árboles solitarios y húmedos. Representaciones que asociamos indistintamente con los ready-mades de Marcel Duchamp. Si bien estos diseños encajan en vertical a la manera de cuadros, más allá, fotografías de fondo negro, dan a conocer una escultura de un venado que tiene por pata un cerillo extinguido, más hojas y elementos recogidos en el camino por Helberg para ‘resignificarlos’ dentro de los marcos, y encender una constelación.

Piezas en exhibición
Piezas en exhibición

En una vitrina vemos hojas de floración de la palmera huasaí a modo de barcas que conducen velas negras encendidas: la maldad, la santería, el daño ligado a la práctica curanderil representados en este extraño conjunto que incluye una estructura esférica de cortezas de árbol resecas, así como un ceramio circular pintado de negro con volutas doradas: un cielo estrellado poseído en pequeño espacio. En el medio una especie de jardín de arena y piedra, informe, listo para ser ordenado por un efluvio mental, un sueño.

Más al medio de la sala, retazos mayores de palmera sostienen en vertical objetos artesanales amazónicos ligados a la magia. También hay canastos, tejidos, escobas, objetos cotidianos ligados a la vida en el bosque tropical. “El curandero es un constructor de realidades, un demiurgo, y muchas veces ocupa una posición de poder. Decide sobre la vida y la muerte de las personas. Así como ayuda a la gente a sanar también contiene oscuridad”, contextualiza Helberg.

-Compromiso y respeto-
Helberg investiga intensamente el conocimiento indígena harakmbut, machiguenga, huitoto, shipibo y su interrelación con el medio ambiente. “Si no tratas la naturaleza con justicia y mesura deviene todo en un desbalance ecológico y entonces morimos”.

Pieza que forma parte de la exposición
Pieza que forma parte de la exposición

En este mundo, los individuos se organizan de tal manera en que nada les falte. Poseen sus propios saberes y se forman desde chicos en ser curanderos, artesanos, constructores, tejedores, cazadores, pescadores, etcétera. “Necesitamos una nueva civilización. Estos hermanos son necesarios para construirnos como nación pero están dominados. No existen las políticas estatales ni las leyes que les permiten que disfruten del porcentaje que les corresponde por actividades extractivas en la Amazonía”, reflexiona el artista.

Los males de esta relación desproporcional los conocemos todos. No hay voluntad ni mea culpa por parte de las autoridades para dar el giro necesario, puntualiza el poeta, filósofo y experto en interculturalidad. Revalorar sus saberes, su cultura y su arte ya es un gran paso.

Para tener en cuenta
La exhibición estará disponible hasta el 10 de setiembre en la sala Jorge Vinatea Reinoso del Centro Cultural San Marcos.
El 6 de setiembre se presentará el catálogo de la exposición.
Ingreso: S/. 8.00 general y S/.4.00 estudiantes universitarios. Ingreso libre para estudiantes sanamarquinos.