San Martin liderando su ejercito a través del Paso Uspallata de los Andes. Esto llevó a la derrota de los españoles en Chacabuco (1817). Esta es una pintura del artista argentino Agosto Ballerini.
San Martin liderando su ejercito a través del Paso Uspallata de los Andes. Esto llevó a la derrota de los españoles en Chacabuco (1817). Esta es una pintura del artista argentino Agosto Ballerini.
/ Bettmann
Claudia Rosas

Es necesario considerar que la composición de la élite limeña era heterogénea y estaba formada por la nobleza, los grandes comerciantes, la burocracia colonial, los terratenientes, los intelectuales; incluso estos grupos se entrecruzaban. El Consulado de Lima, que agrupaba a los grandes comerciantes, realizó cuantiosos donativos para la contrarrevolución del virrey Abascal.

Si bien existió un temor de las élites al arribo de la expedición libertadora que representaba un peligro para su posición social privilegiada, también hubo quienes vieron con buenos ojos la presencia de San Martín y conspiraron, por ejemplo, a través de la correspondencia.

Es el caso de Brígida Silva de Ochoa, quien muestra una cara de la participación femenina en el proceso de independencia. Sin embargo, la incertidumbre, el temor y la zozobra ante el arribo de la expedición se manifestaron de diferentes maneras, alimentados por noticias, rumores y falsas informaciones que circularon en la capital.

El miedo al levantamiento de la plebe, compuesta por indios, castas, negros y mestizos, junto con la población esclava, llegó a su clímax cuando el virrey La Serna abandonó Lima y partió hacia el Cusco.

Asimismo, existía el miedo a una política antiespañola, lo cual no era ajeno a la verdad, pues posteriormente, durante el Protectorado de San Martín, su ministro Bernardo de Monteagudo llevó a cabo una política de expropiaciones y expulsiones dirigida a los peninsulares, que le granjeó el odio de los afectados, como muestran los trabajos de historiadores como Arnaldo Mera y Pablo Ortemberg