Autodefensa femenina para sobrevivir en una sociedad violenta
Autodefensa femenina para sobrevivir en una sociedad violenta
Juan Pablo León Almenara

A sus 23 años, Melissa Peña es capaz de defenderse de un violador o un ladrón. Lo demuestra frente a nuestras cámaras en una academia miraflorina de krav magá, uno de los sistemas de defensa personal más completos del mundo.

Otro aprendiz hace las veces de atacante. La toma del cuello. Melissa no pestañea, aplica una llave al brazo y se anticipa, con perspicacia, a los movimientos del oponente. Emplea la memoria muscular: tiene muchas posibilidades de ataque, y cada posibilidad tiene pros y contras.

Su instructor la mira de reojo. Es un tipo de ascendencia japonesa y seriedad inquebrantable. Se llama Henry Ishibashi. Está certificado por la federación sudamericana de krav magá. La mitad de sus estudiantes son mujeres.

“Esta disciplina emplea todo lo necesario para volver a casa entero. Aquí te enseñamos a defenderte”, asegura. Melissa somete al oponente en segundos.

—Otras armas—
Cada mes, un promedio de diez mujeres en el Perú son asesinadas en un contexto de feminicidio, según la fiscalía. El 40% de las víctimas son acuchilladas, asfixiadas o estranguladas. La gran mayoría tiene entre 15 y 35 años.

Esta situación estaría motivando cada vez a más mujeres a aprender a defenderse. Solo en Lima, hay unas 12 academias de artes marciales y otros sistemas de protección personal donde han comenzado a entrenar. Casi todas se ubican en Miraflores, Barranco, La Molina y Jesús María.

Al menos cuatro de cada diez alumnas dicen que entrenan únicamente para sentirse protegidas en sus casas o en las calles de la ciudad.

Al otro extremo de Lima, en La Molina, Deborah Gautier es atacada por uno de sus alumnos más experimentados en un intento de violación ficticio. Es campeona sudamericana de jiu-jitsu aunque asegura que cualquiera puede aprender y poner en práctica esta disciplina.

Deborah dice que es como un juego de ajedrez. Las piezas son sus extremidades, la estrategia es su mente y el tablero es el suelo. Deborah ahora levanta las piernas en un movimiento rápido y las entrecruza alrededor del cuello del oponente asfixiándolo.

“Aquí no usamos golpes, solo aprovechamos la energía del contrincante a nuestro favor”, dice esta campeona, que ya recibe a un numeroso grupo de mujeres que buscan sentirse seguras en las calles.

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