Usuarios esperan varios minutos para abordar a un bus del Metropolitano. (El Comercio)
Usuarios esperan varios minutos para abordar a un bus del Metropolitano. (El Comercio)
Angus Laurie

author

Recientemente, la séptima encuesta de Lima Cómo Vamos ha sido publicada. El informe se basa en una muestra de más de 2.300 personas e incluye la siguiente pregunta: ¿Cómo se moviliza usted principalmente dentro de la ciudad para ir a su trabajo o centro de estudios? Como se ha utilizado la misma pregunta desde el 2010, la encuesta ofrece un punto de comparación para observar cómo los patrones de los principales viajes en Lima están cambiando poco a poco a través del tiempo.

Un dato sorprendente es que el porcentaje de viajes hacia el trabajo y centros de estudios, en auto propio, no ha cambiado en los últimos siete años, quedando cerca del 9%, a pesar del aumento marcado en el parque automotor (el número total de autos en Lima) durante el mismo tiempo. Esto sugiere que, a pesar de que más hogares tienen acceso a un auto propio, no están necesariamente usándolos para sus viajes principales.

Esta cifra también ayuda a explicar por qué las obras viales realmente no resuelven el problema de la congestión en Lima, ya que la ciudad está amasando una gran demanda acumulada de tráfico, la cual puede llenar cualquier nueva infraestructura de un día para otro, como ha pasado en las ampliaciones de la avenida Raúl Ferrero, en La Molina. La primera modificación, de uno a dos carriles, se dio en el 2007; y la habilitación de un tercer carril en el 2017.

Por otro lado, la encuesta muestra un cambio desde el uso de transporte público tradicional hacia el transporte público formal.
En el 2010, el 69% de limeños se movilizó con buses, combis y coasters. Hoy en día, esta cifra se ha reducido al 60,4%, mientras que más del 9% se moviliza en transporte público formal, que incluye al Metropolitano (4,9%), el metro de Lima (3,1%) y los corredores complementarios (1,6%). Esto sugiere algo muy positivo: que existe una relación inversa entre la oferta de transporte público formal y la de las combis y coasters.

Mientras esto es algo positivo, la transformación del transporte está avanzando a una velocidad glacial. Según otra encuesta en Bogotá, Bogotá Cómo Vamos, en el 2000 el 53% de viajes principales en la capital colombiana fueron logrados en buses tradicionales. En el 2002, después de la implementación del Transmilenio (el BRT de Bogotá) esta cifra fue reducida al 46%, mientras el Transmilenio cargaba el 20% de los viajes principales en solo su segundo año de operación. Ahora, el sistema de transporte moderno de Bogotá (el Transmilenio y el Sistema Integral de Transporte Público) carga el 51% de todos los viajes principales en la ciudad, mientras los buses tradicionales cargan solo un 11% según la encuesta más reciente.

En otras palabras, siguiendo nuestro ritmo, Lima demorará alrededor de 15 años para lograr el mismo cambio que Bogotá obtuvo en dos años.