Sin confianza no hay seguridad ciudadana, por Pedro Ortiz Bisso
Sin confianza no hay seguridad ciudadana, por Pedro Ortiz Bisso
Pedro Ortiz Bisso

Más que extraña, resultaba inverosímil. En un país donde lo único que parece funcionar es la selección juvenil de vóley –bueno, a veces no muy bien como ocurrió anoche–, la versión inicial del Ministerio de Defensa de que no se les había perdido una sola granada de sus almacenes parecía salida de un cuento para niños.

Un cotejo posterior permitió confirmar las sospechas: parte de los explosivos que usan los extorsionadores salió de un almacén militar, específicamente del Ejército. Es decir, han sido comprados con dinero de todos los peruanos. Son fruto de la corrupción que carcome a una de las llamadas “instituciones tutelares del país”.                     

Lo que sí no resultó raro fue que Gerald Oropeza haya sido detenido en el exterior. Y ello no solo por la impericia de la policía para detener a algunos peces gordos de la delincuencia en territorio nacional, sino por la facilidad con que los controles fronterizos suelen ser evadidos por estos facinerosos.

Rodolfo Orellana, Martín Belaunde Lossio y este ‘Tony Montana’ de caricatura se marcharon del país cuando quisieron, con la misma facilidad con que se toma un bus azul en la avenida Arequipa a las 10 de la mañana.

Para combatir la inseguridad ciudadana se han esgrimido diversas alternativas, la mayoría ligadas a la necesidad de incrementar el número de agentes, mejorar las labores de prevención o adquirir mayor equipamiento e infraestructura. Pero la pata de la mesa de la que menos se habla –y que resulta fundamental para la estabilidad de cualquier entidad– es la corrupción.

Y es ahí donde está la madre del cordero. La corrupción rompe el pacto de confianza entre las instituciones y la gente. Destruye la relación estrecha que debe existir entre el agraviado y quien está encargado de velar por su seguridad, de perseguir a quien delinque.

¿Cómo acudir a un agente en busca de ayuda, si en lugar de ser visto como un aliado, es percibido como un potencial elemento peligroso? La relación policía-coima es inmediata. La desconfianza es generalizada. Por eso muchos delitos ni siquiera son denunciados en las comisarías.

¿Cómo quedan aquellos que pedían que los militares salieran a las calles a dar seguridad, si ha sido personal de ese cuerpo el que ha provisto las granadas que han desatado el miedo en Lima?

Pese a haberse realizado en Ecuador, la captura de Oropeza ha sido una demostración de que la policía puede ser eficiente. Sin embargo, esto no alcanza para restablecer la confianza de la gente.

Lo menos que ha tenido el gobierno en estos cuatro años ha sido una política sostenida que permita el fortalecimiento de las instituciones llamadas a velar por la seguridad de la ciudadanía.

Reconstruir la confianza es una labor compleja que requiere de hechos concretos y tiempo; y aunque esto último es lo menos que le queda a este gobierno, debería empezar por hacer algo ya.

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