Escape a la libertad: aprender a leer en el penal Castro Castro
Escape a la libertad: aprender a leer en el penal Castro Castro
Juan Pablo León Almenara

Walter Barrientos ya no les pide a otros internos que le lean “Paco Yunque”: hace unos meses aprendió a hacerlo por sí mismo en los pasadizos del penal

Acabará de leer este libro de Vallejo y buscará alguna edición de “El Quijote”, una obra escrita, paradójicamente, en la cárcel. Con él estudia Bernardo Natividad, un preso de 63 años que quiso vencer el analfabetismo para leer cuentos y poder escribir la primera carta a sus familiares, dos años y medio después de haber sido sentenciado, y que decía: “Estoy bien, aquí tengo un trabajo y tengo amigos. Vendo café y jugos a los otros internos y me queda tiempo libre para hacer artesanía”.

Walter y Bernardo son vecinos de celda en el pabellón 2-A, una especie de túnel de escape para todos sus internos: tiene un taller de cerámica y salones donde reciben clases de actuación, música, danza e idiomas. Pero estos dos reclusos también comparten una nueva forma de disfrutar la libertad: la lectura. 

La otra salida

Hoy, 23 de abril, Día Internacional del Libro, es una fecha que el 16% de los presos en el ámbito nacional no podrá celebrar. Este es el porcentaje de la población penal que sufre de analfabetismo, según cifras del Instituto Nacional Penitenciario (INPE). Pero entre ellos hay un grupo creciente que ha logrado vencer el miedo a las letras, y que ahora están sentados en pupitres pronunciando vocales y consonantes, sujetos y predicados, verbos y sustantivos. 

“Los internos analfabetos del penal Castro Castro demoran cerca de un mes en aprender a leer lo básico. A los dos meses ya escriben sus primeras líneas y, medio año después, terminarían de leer su primer libro. Para nosotros, la palabra es como una terapia, es una manera de escapar”, dice Juan Felipe Ruiz, interno y profesor a la vez, quien lleva 23 años en este establecimiento penitenciario, casi todos ellos enseñando a leer en español e italiano a sus compañeros.

Voluntad de cambio

¿Pero qué produce un libro en una persona que permanece encerrada durante años? “No creo que haya nada más parecido a la libertad que leer. En primer lugar, porque es un acto voluntario, y lo que hace la prisión es precisamente restringir la voluntad. En segundo lugar, porque se trataría de textos abiertos a interpretación personal, si es el caso de un periódico, un libro de texto, una novela o un ensayo. Allí hay una clara vocación por volver a conectarse con lo público”, explica Joaquín Yrivarren, sociólogo de la Universidad de Salamanca, España.

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