¿Cómo explicar la violencia homicida?, por Gino Costa
¿Cómo explicar la violencia homicida?, por Gino Costa
Gino Costa

A partir del 2011 las ciudades peruanas más violentas fueron las mismas casi todos los años hasta el 2014. Nos referimos a Barranca, Tumbes, Trujillo, Chimbote y Huacho en la costa norte, Callao en la costa central y Cañete y Pisco en el sur chico. Así lo demuestra un informe sobre homicidios recién publicado por el INEI. Esto significaría que, en general, los niveles de violencia tienden a ser estables a lo largo del tiempo, aunque, por supuesto, eso no significa que sean invariables.

Dentro de la estabilidad, las variaciones más importantes fueron al alza y las experimentaron Barranca y Tumbes, que entre el 2011 y el 2012 pasaron de tasas de alrededor de 5 homicidios por 100 mil habitantes a tasas de 34 y 25, respectivamente, para mantenerse luego en los niveles más elevados. Pisco también tuvo un salto de 5 a 20 y Cañete de 10 a 30 entre el 2013 y el 2014.

¿Qué explica estos saltos? Difícil saberlo porque la información no nos permite identificar los móviles de los homicidios, su peso relativo y su evolución en el tiempo. Sin embargo, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la estabilidad en las tasas refleja un cierto equilibrio, probablemente motivado por la decisión de las organizaciones criminales de tolerarse o controlar la violencia. A su vez, la ruptura de dicho equilibrio reflejaría la incapacidad de los actores legales e ilegales de prevenirla y controlarla.

La hipótesis principal para explicar las elevadas tasas de homicidios en ciertas ciudades peruanas tendría que ver con la expansión de las extorsiones y las disputas por dicho mercado entre una diversidad de organizaciones criminales. En efecto, el mapa de las ciudades más violentas coincide con el del fenómeno extorsivo. Una excepción sería Chiclayo, donde podría primar una paz mafiosa, es decir, un acuerdo de no agresión entre organizaciones criminales o una suerte de monopolio en la explotación de este mercado ilegal.

Otra hipótesis que no se puede descartar es que los homicidios estén asociados a las disputas de las organizaciones del narcotráfico. Esta es la principal explicación, aunque no la única, de las elevadas tasas de homicidios en América Latina, la región más violenta del mundo, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc). El fenómeno extorsivo en países como Colombia y México, además, es el resultado del esfuerzo de diversificación de mercados de las mafias del narcotráfico.

Ocurre, sin embargo, que las zonas de producción de drogas cocaínicas en la sierra y en la selva, especialmente el Vraem, no parecen estar seriamente afectadas por la violencia homicida, al igual que las rutas terrestres o marítimas de salida hacia Argentina, Chile, Bolivia y Brasil, principales mercados de consumo regional y países de tránsito hacia el que sería nuestro principal mercado de exportación: el europeo.