"Sin inteligencia", por Gino Costa
"Sin inteligencia", por Gino Costa
Gino Costa

Cinco meses después de constituida, la comisión encargada de reorganizar la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) acaba de hacer público su informe. Su más importante recomendación es que haga inteligencia estratégica, es decir, producir conocimiento útil para la toma de decisiones al más alto nivel del Estado sobre las amenazas, riesgos, preocupaciones, debilidades y oportunidades del país en seguridad, la defensa y el desarrollo nacional. 

No es a eso a lo que se ha venido dedicando, sino más bien a competir mal, según la comisión, con la inteligencia táctica y operativa que, sobre el frente interno, hacen los órganos de inteligencia del Ministerio del Interior y la policía, cuando no a husmear en la intimidad de las personas y hacer seguimiento de los opositores políticos del régimen. Dos grandes temas descuidados han sido el frente externo, casi totalmente desatendido, y la defensa cibernética, los que se exige atender en el futuro.

Para impedir que vuelva a ocurrir el mal uso político de la DINI, se recomienda que su jefe, nombrado por el presidente de la República, sea ratificado por el Congreso y que su Comisión de Inteligencia, encargada de fiscalizarla, sea presidida por un parlamentario de la oposición. 

El retrato que emerge del informe es demoledor y da cuenta de que, en 15 años de democracia, hemos fracasado en la tarea de sustituir la maquinaria de extorsión y de corrupción que fue el SIN de Montesinos por un órgano civil y profesional que cumpla el rol de ente rector del Sistema de Inteligencia Nacional, y que dé al presidente de la República información y análisis de calidad. 

Junto con una confusión de su rol, producto de la herencia montesinista, la más grande debilidad de la DINI ha sido la inexistencia de una carrera, lo que explica la poca calidad profesional de su personal, su alta rotación y la falta de un adecuado sistema de selección y formación. Casi la mitad de su personal es destacado de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, y el 91% de ellos son suboficiales. De sus 649 servidores, permanentes y destacados, solo una cuarta parte son universitarios, diecinueve tienen maestría y uno doctorado.

Con esta precaria base profesional, no debe llamar la atención que su significativo aumento presupuestal de los últimos años, incluyendo los gastos reservados, no se haya traducido en mejor inteligencia, sino en una sucesión de errores y despropósitos que han liquidado su poca credibilidad. Corresponderá al nuevo gobierno fortalecer su escuela y dotarla de una carrera, para hacerla atractiva a jóvenes talentos que pongan su inteligencia al servicio del país y no del régimen de turno.

Sobre los equipos de interceptación telefónica adquiridos por la DINI no se ha pronunciado la comisión. Ojalá el gobierno cumpla con ponerlos en manos de la policía para la lucha contra el crimen organizado, bajo adecuados protocolos de control fiscal y judicial; de lo contrario, tendrá que hacerlo el próximo gobierno.