Redacción EC

Bastó caminar unos minutos pos la avenida Abancay para confirmar que el caos del tránsito pone a los limeños al límite de su tolerencia.

El Comercio entrevistó a seis personas que concluyeron, a su manera, que el paso de los años solo ha empeorado este problema en la capital.

"Esto es demasiado. Vivo en el Rímac y he tenido que renunciar a mi trabajo porque llego muy tarde. Imagínate, llegar del Rímac a Wilson me toma 45 minutos, cuando debería ser 15", manifestó una señora.

Otra dama apuntó sus críticas hacia los choferes y los cobradores, que por ser parte de un sistema en crisis, tratan muchas veces sin el respeto necesario a sus pasajeros.

"Ellos son terribles. Deberían tener paciencia con los pasajeros, con los adultos mayores y con los niños. Deberían ser capacitados porque no tienen valores", refirió.

En otro momento de la encuesta, una vecino limeño se quejó por la ambición de los transportistas, que muchas veces llevan gente en la puerta, con tal de obtener más dinero.

"Ir sentado es un lujo. Ahora te meten como sea. Si quieren llevarse a toda la gente, que construyan un tren y ahí lo van a hacer. Lo único que hoy queda vacío es el techo de los carros", se quejó.

Lo caótico del tránsito en la capital predispone a los usuarios a pasar malos ratos durante sus viajes. No obstante, nada justifica agresiones contra cobradores y choferes