De izq. a der.:Marleny hace compras y cocina periódicamente para la olla común vecinal, Fabrizio va tres veces por semana a hospitales de Lima para repartir meriendas, Sadith es artesana de Cantagallo y busca reinventarse para vender sus productos. (Foto: Renzo Salazar)
De izq. a der.:Marleny hace compras y cocina periódicamente para la olla común vecinal, Fabrizio va tres veces por semana a hospitales de Lima para repartir meriendas, Sadith es artesana de Cantagallo y busca reinventarse para vender sus productos. (Foto: Renzo Salazar)
Yasmin Rosas

En los ocho años que Juana Tapur vive en la Agrupación Familiar Juventud Unida, en la zona alta de Santa Rosa, en el distrito de , nunca pensó ver que sus vecinos abandonaran sus casas por no tener un plato de comida. “Muchos han regresado a provincias para recibir apoyo de sus familias. Es muy difícil cuando no hay trabajo y nada que poner en la mesa”, dice la mujer.

La odisea empezó en la quincena de marzo del 2020 cuando muchos de los vecinos perdieron sus empleos por el confinamiento que dictó el Gobierno debido a la pandemia del . “Yo era docente, y digo era, porque trabajaba en un colegio particular en el que me pagaban S/950, luego me bajaron el sueldo a S/300 y al final me sacaron por falta de presupuesto. Así como yo, otros vecinos también se quedaron sin ingresos”, explica Tapur.

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La mujer señala que lo que percibía mensualmente no alcanzaba para los gastos de movilidad y compras para la canasta básica. Es así que ella, como líder de la comunidad, organizó a los vecinos para formar una olla común que pueda garantizar, al menos, un plato de comida al día.

Para el primer almuerzo comunitario se juntaron las papas y el arroz que cada familia tenía en casa. A eso se le sumó una donación de lentejas que llegó como bendición para preparar el guiso que por excelencia mata el hambre da energías. Con ese primer platillo se dio inicio a la Ollita de Barro, iniciativa que durante los primeros meses aseguró el alimento diario para más de 80 personas. Casi un año después, las raciones han bajado a 30 y con la recaudación diaria de S/1 por plato solo alcanza para comprar verduras y un poco de carne, pollo o pescado.

La Agrupación Familiar Juventud Unida se formó hace 8 años. Desde entonces, los vecinos se han organizado para hacer los caminos y llevar luz y agua a todas las familias. (Foto: Renzo Salazar)
La Agrupación Familiar Juventud Unida se formó hace 8 años. Desde entonces, los vecinos se han organizado para hacer los caminos y llevar luz y agua a todas las familias. (Foto: Renzo Salazar)
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En estos meses, la Ollita de Barro continúa existiendo gracias a donaciones de alimentos y al préstamo de utensilios de cocina. “Construir el lugar donde vivimos ha sido muy difícil, pero con los vecinos siempre nos hemos organizado para hacer los caminos, llevar luz y agua. Ahora no va a ser la excepción y confiamos en que esta situación pase para volver a nuestros trabajos y poder alimentar y educar a nuestros hijos”, dice Juana quien es madre de dos varones.

Como incentivo para no dejar de preparar los almuerzos, la comunidad ha propuesto que las dos personas que cocinan cada día tengan sus raciones gratis. Las jornadas de trabajo comienzan desde las 7 a.m. con realizando compras en el Mercado 1 de Septiembre de la Av. Héroes del Cenepa. El retorno es en mototaxi o colectivo hasta cierta parte y luego se continúa con una caminata de entre 5 y 10 minutos. “Nosotras ya estamos acostumbradas y caminamos bien rápido. Lo importante es tener todo antes de que salga el sol, cuando ya se siente el calor es más difícil”, dice Juana.

La olla común se mantiene desde marzo con las donaciones de vecinos y comerciantes. La jornada de trabajo empieza desde las 7:00 a.m. hasta el medio día. (Foto: Renzo Salazar)
La olla común se mantiene desde marzo con las donaciones de vecinos y comerciantes. La jornada de trabajo empieza desde las 7:00 a.m. hasta el medio día. (Foto: Renzo Salazar)
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“Nuestra historia es bien triste. Hemos enfrentado muchas situaciones adversas para poder darle una casa a nuestras familias y duele mucho ver lo que está ocurriendo. Nosotros seguiremos organizándonos y apoyándonos, creo que la solidaridad es lo más importante en estos tiempos”, sentencia la líder vecinal.

Así como la Agrupación Familiar Juventud Unida, se calcula que en Lima otras comunidades han establecido 1.300 ollas comunes en 33 distritos distritos de la capital. Datos registrados por la Mesa de Trabajo de Seguridad Alimentaria de Lima Metropolitana dan cuenta que con estas iniciativas comunitarias se alimenta a más de 129 mil personas cada día.

La Ollita de Barro necesita alimentos no perecibles, utensilios de cocina y productos de limpieza. Cualquier donación se puede hacer a través de la cuenta BCP N° 19139341114098 o comunicarse con Juana Tapur al 95777-7959.

Para llegar hasta la Agrupación Familiar Juventud Unida,  se toma un mototaxi o colectivo hasta cierta parte y luego se continúa con una caminata de entre 5 y 10 minutos. (Foto: Renzo Salazar)
Para llegar hasta la Agrupación Familiar Juventud Unida, se toma un mototaxi o colectivo hasta cierta parte y luego se continúa con una caminata de entre 5 y 10 minutos. (Foto: Renzo Salazar)
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Hacer el bien sin mirar a quién

Fabrizio Caciano nunca imaginó que, en una experiencia tan devastadora como la de esperar noticias sobre un familiar en estado crítico, encontraría la esencia para sacar adelante un proyecto solidario que busca ser una esperanza en medio de la adversidad.

“Esperar en alguna sala de Emergencia o de cuidados intensivos es una situación bien impactante y dolorosa. Pasas horas de angustia, sin abrigo y sin comida. Cuando yo atravesé por esa situación, dos personas desconocidas me asistieron. Años después, la experiencia fue parte de los insumos que nos ayudaron a crear Puertas de Emergencia, dice Caciano.

La asociación Los Hijos del Padre Pío entregan alimentos, útiles de aseo, mascarillas, etc., a los pacientes que esperan ser atendidos y a sus familiares. Las visitas se hacen tres veces por semana. (Foto: Renzo Salazar)
La asociación Los Hijos del Padre Pío entregan alimentos, útiles de aseo, mascarillas, etc., a los pacientes que esperan ser atendidos y a sus familiares. Las visitas se hacen tres veces por semana. (Foto: Renzo Salazar)
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Esta iniciativa que cuenta con más de 100 voluntarios activos prepara meriendas para familiares, pacientes, personal de salud, seguridad y limpieza que se encuentra desde muy temprano en los hospitales. En cuatro años ya ha repartido cerca de 300 mil refrigerios en 7 centros de salud de la capital en donde han concentrado su labor. Antes de la pandemia, Fabrizio cuenta que era muy gratificante ver a todo el grupo preparando sánguches, infusiones y compartiendo experiencias.

“Era muy gratificante ver al grupo compartiendo experiencias porque luego llevábamos esos ánimos a las personas que estaban en los hospitales. Es increíble como algo para comer o beber puede cambiar la perspectiva y darte la un poco de esperanza para afrontar tu día”, dice Fabrizio.

En cuatro años, Los Hijos del Padre Pío han repartido cerca de 300 mil refrigerios en 7 centros de salud de la capital en donde han concentrado su labor. (Foto: Renzo Salazar)
En cuatro años, Los Hijos del Padre Pío han repartido cerca de 300 mil refrigerios en 7 centros de salud de la capital en donde han concentrado su labor. (Foto: Renzo Salazar)
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Los Hijos del Padre Pío, como se llama esta asociación sin fines de lucro, visitan tres hospitales de la capital: el María Auxiliadora, INEN y Hospital del Niño. La jornada empieza empieza a las 5:30 de la mañana repartiendo botellas de agua, galletas y en algunos casos útiles de aseo, mascarillas y mantas para las personas que se encuentran haciendo colas fuera de los hospitales.

En estos tiempos adversos, este grupo de voluntarios también ha desarrollado tres proyectos. Con Ollas de Emergencia se provee de insumos a 15 ollas comunes de Villa María del Triunfo para que preparen desayunos en beneficio del 1.800 personas. Con Aulas de Emergencia se instalan módems inalámbricos para que más familias se puedan conectar a Internet y puedan disminuir las brechas de conectividad a programas educativos. Finalmente con, Calles de Emergencia se llevan alimentos a personas en situación de calle que viven en el Cercado de Lima, para esta iniciativa cada familia voluntaria cocina raciones que luego son distribuidas en las calles.

Las donaciones se pueden hacer a través de la cuenta Interbank 0473102350323 y el contacto de la asociación es con Fabrizio Caciano al 94309-0444.

La jornada empieza empieza a las 5:30 de la mañana repartiendo botellas de agua, galletas y en algunos casos útiles de aseo, mascarillas y mantas para las personas que se encuentran haciendo colas fuera de los hospitales.  (Foto: Renzo Salazar)
La jornada empieza empieza a las 5:30 de la mañana repartiendo botellas de agua, galletas y en algunos casos útiles de aseo, mascarillas y mantas para las personas que se encuentran haciendo colas fuera de los hospitales. (Foto: Renzo Salazar)
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Adversidad que transforma

Con el 50% de la población que se dedica a la artesanía, la comunidad shipibo-konibo de Cantagallo viene buscando la forma de reinventarse y continuar con la venta de pinturas, mantas, piezas de madera o cerámica que trabajan los maestros y maestras del lugar. Como parte de su propuesta, los artistas han sumado las mascarillas de tela a la variedad de artículos que trabajan con sus técnicas ancestrales.

Siguiendo los lineamientos elaborados por el Ministerio de Salud,  han hecho varios barbijos que tienen diseños kené, xao kené, tayan kené, corazón de ayahuasca, corazón de colibrí o escudo colibrí. Estos productos se pueden encontrar a la venta en algunas ferias virtuales hechas por municipios de la ciudad con los que los artesanos han hecho alianzas.

Los ingresos de la venta de artesanías y mascarillas, ayudan a que las familias puedan comprar víveres y materiales para seguir elaborando sus piezas artísticas. Las compras se pueden hacer en ferias virutales o vía WhatsApp. (Foto: Renzo Salazar)
Los ingresos de la venta de artesanías y mascarillas, ayudan a que las familias puedan comprar víveres y materiales para seguir elaborando sus piezas artísticas. Las compras se pueden hacer en ferias virutales o vía WhatsApp. (Foto: Renzo Salazar)
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“A pesar de la adversidad seguiremos adelante, demostrando que somos una cultura viva que mantiene su identidad y que está compuesta por gente muy trabajadora y con muchas ganas de salir adelante”, dice Karina Pacaya, presidenta de la Asociación de Artesanos Shipibos Residentes en Lima.

Además, en estos últimos 11 meses las 334 familias de Cantagallo (146 menos que cuando empezó la pandemia en marzo el 2020) también se han unido para enfrentar al coronavirus. Gracias al trabajo comunitario se levantó un cerco perimétrico para controlar los ingresos y las salidas. Además, Karina cuenta que se han organizado para repartir víveres, cocinar, recolectar agua y trabajar dentro de la comunidad evitando congregar a mucha gente y manteniendo la distancia social.

La comunidad de Cantagallo resiste al COVID-19 con ayuda de preparados medicinales naturales como el matico, que se combina con sacha ajos, miel y otras especias para aliviar males respiratorios. (Foto: Renzo Salazar)
La comunidad de Cantagallo resiste al COVID-19 con ayuda de preparados medicinales naturales como el matico, que se combina con sacha ajos, miel y otras especias para aliviar males respiratorios. (Foto: Renzo Salazar)
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Este año empezó sin pacientes COVID-19 en la comunidad. Las familias shipibo-konibo han confiando su salud a las plantas y hierbas ancestrales como el matico, vito o mapacho, que ayudan a calmar los males respiratorios, combaten la fiebre y evitan la flema y la tos. “La comunidad está controlada, estamos estables y continuamos con los cuidados. Los que salen a trabajar lo hacen con mucho cuidado y los que permanecen aquí siguen todas la normas de convivencia y bioseguridad”, explica Pacaya.

Los interesados en enviar donaciones y comprar artesanías pueden comunicarse con Sadith Silvano, presidenta de las Madres Artesanas al 91387-8549 o con Karina Pacaya al 97192-0247.

En la imagen, Sadith Silvano, presidenta de las madres artesanas pinta sobre madera. Cada pieza elaborada es única. (Foto: Renzo Salazar)
En la imagen, Sadith Silvano, presidenta de las madres artesanas pinta sobre madera. Cada pieza elaborada es única. (Foto: Renzo Salazar)
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