Familiares acudieron el jueves a la Morgue Central de Lima para reconocer el cuerpo del menor. (Foto: El Comercio)
Familiares acudieron el jueves a la Morgue Central de Lima para reconocer el cuerpo del menor. (Foto: El Comercio)
Ana Briceño

Cuando Kevin tenía tres años, su mamá, Irma Rivas, empezó a sospechar que algo le sucedía a su hijo porque no respondía a sus llamados y no dejaba de llorar con desesperación. Su mirada era extraviada y no podía comunicarse como otros niños de su edad. Junto a su esposo, Algemiro Moreno, llevó al pequeño al , donde le diagnosticaron trastorno de autismo en grado moderado.

No iba al colegio, pero desde hace dos años asistía a terapias en el Instituto de Salud Mental Honorio Delgado Noguchi. En noviembre había cumplido 10 años y su dibujo animado preferido era Mickey Mouse. El niño no podía dormir tranquilo sin el televisor encendido. Si sus padres lo apagaban cuando él descansaba, se despertaba de madrugada y volvía a encenderlo. Otra de sus costumbres era intentar salir despavorido a la calle cada vez que alguien en su casa, ubicada en San Martín de Porres, abría la puerta. Su hermana, Janet, un joven de 19 años, recuerda que el niño se había extraviado dos veces antes, pero en aquellas ocasiones lo encontraron en menos de 24 horas por una acequia cerca de su casa.

El 28 de diciembre, sin embargo, no hubo la misma suerte. Como a la 1.30 p.m. su papá salió a comprar marcianos a una tienda al frente de la casa, y el pequeño se escabulló afuera. A los pocos minutos, toda su familia lo buscaba con la esperanza de que estaría merodeando por los alrededores, en algunas zonas descampadas, pero él ya estaba lejos. “Decidimos separarnos para buscarlo en distintos lugares, pero nada.

Entonces, fuimos a la comisaría de Pro a poner la denuncia”, cuenta Janet, quien tenía 9 años cuando su hermano nació. Según la familia, los policías les dijeron que iban a dar aviso a todas las comisarías para que se inicie la búsqueda, pero lamentablemente no fue así. Mientras los agentes cumplían con el trámite, los vecinos y otros familiares angustiados caminaban por calles y avenidas buscando al pequeño. El temor era que llegue la noche.

- Acompañado por la indiferencia -
Es probable que, mientras sus familiares lo buscaban, el menor habría estado en la avenida Universitaria, en San Miguel. A través de su cuenta de Facebook, Janet publicó la foto de su hermano y pidió que si alguien se enteraba de su paradero se comunique con ella. Una joven le escribió diciendo que el pequeño había estado en una coaster de la empresa Norlima, una compañía que no cuenta con más de 20 vehículos y que transita desde Carabayllo a San Miguel. “Me dijo que mi hermano no tenía para pagar el pasaje y por eso lo llevaron hasta el último paradero. Cualquiera se pudo haber dado cuenta de que era un niño enfermo. Si lo hubieran dejado en una comisaría, nosotros lo hubiéramos encontrado. Nadie hizo nada por él”, se queja llorosa Janet.

Los cobradores y conductores que trabajan en Norlima no son formales. Las coasters les pertenecen a diferentes dueños y, según comentaron algunos choferes, es difícil que uno se tome la molestia de ir hasta una comisaría a entregar un niño extraviado dentro de uno de los vehículos. Las coasters llegan hasta el cruce de las avenidas La Marina y Universitaria, y luego dan la vuelta de retorno hacia Carabayllo. A Kevin lo habrían obligado a bajar en esa intersección y se supone que caminó el resto de la Universitaria hasta llegar al final, a la playa La Costanera.

En ese lugar, de acuerdo a la Policía Nacional, una mujer observó al niño desnudarse y meterse al mar, uno de los más bravos de Lima. Ella creyó, según su testimonio, que el menor iba a salir rápido, pero no lo hizo. Las olas lo arrastraron mar adentro y murió ahogado. La mujer, preocupada, acudió a la comisaría de Magdalena, con la ropa del menor, para denunciar lo que había sucedido y los policías lacraron el polo y el pantalón azul marino del niño, así como sus zapatillas negras para que los peritos realicen los análisis. Por tratarse del caso de una persona ahogada, cuya identidad se desconocía, las investigaciones fueron derivadas al Departamento de Investigación Criminal (Depincri) de San Miguel. Hasta ese momento, en dos dependencias policiales, la de Pro y la de Magdalena, estaba el caso del niño, como dos piezas de un rompecabezas, pero los policías lo desconocían por completo. En Pro, la familia había detallado con precisión las características de la ropa del menor, y en la comisaría de Magdalena estaban las prendas, pero no hubo ningún tipo de coordinación entre ambas comisarías. Así acabó el 28 de diciembre.

- Fallas humanas y tecnológicas -
El comandante Enrique Uribe, de la Depincri de San Miguel, asegura que nunca llegó a su despacho la alerta de la desaparición de Kevin, con las características de su ropa. “Parece que el sistema de búsqueda de menores está fallando. Hicimos lo que pudimos”, responde.
El jueves 3, cinco días después de la denuncia de desaparición, el capitán Carlos Checa, de Salvataje, recibió la orden ir a rescatar un cuerpo que estaba flotando en La Costanera. “Fuimos tres policías con dos motos acuáticas y un bote inflable. El cuerpo estaba mar adentro, estancado en una especie de basural que se forma en el mar.

Los familiares buscaron durante seis días al menor desparecido. (Foto: Ana Briceño)
Los familiares buscaron durante seis días al menor desparecido. (Foto: Ana Briceño)

Tardamos como dos horas en retirarlo. De ahí lo llevaron a la Morgue Central de Lima”, detalla. Se trataba del niño. La noticia del hallazgo salió en los noticieros de la mañana del viernes. Janet dice que durante seis días tocaron las puertas de los canales de televisión, de periódicos y radios para que difundan la denuncia de desaparición, pero nadie les hizo caso. “Un medio nos pidió dinero a cambio de sacar el rostro de mi hermano. Nadie nos apoyó, solo unas madres que tienen hijos con autismo. Yo me pregunto: ¿Esto habría pasado si el niño perdido hubiese sido el hijo de algún conocido con dinero? No es justo”, reclama afuera de la Morgue. Su padre acaba de decirle que el cuerpo hallado en el mar es el de su hermano, según los médicos forenses.

Inspectoría de la Policía Nacional ha iniciado un proceso de indagación para establecer las responsabilidades dentro de la institución por la demora en la búsqueda del menor y por la falta de coordinación entre policías. El sábado, los comisarios de San Miguel, Magdalena, Pro, y los jefes de los departamentos de investigación criminal Los Olivos y San Miguel acudieron a la sede de Inspectoría para dar cuenta de cómo procedieron en este caso y por qué nunca se activó una alerta para encontrar con mayor rapidez al menor.

- Una norma que no se cumple -
De acuerdo al Decreto Legislativo que Desarrolla Medidas para Casos de Desaparición de Personas en Situación de Vulnerabilidad (como es este caso), aprobado en setiembre del 2018, la policía está en la obligación de emitir una nota de alerta sobre la denuncia y, si se requiere, una alerta de emergencia. Esto no sucedió nunca.

La comunicación y difusión deberían ser inmediatos, según la norma. Además, los reportes se incluirán en el Portal de Personas Desaparecidas, que tendrá un registro de casos no resueltos. En marzo del año pasado el Ministerio del Interior lanzó la campaña #TeEstamosBuscando. Hay una página web con el mismo nombre donde figura el rostro del niño, pero la página no cuenta con redes sociales (ni Twitter ni Facebook) para difundir los rostros de los menores desaparecidos. En el Twitter del Ministerio del Interior nunca apareció un tuit informando sobre esta desaparición. Quién si lo hizo fue la cuenta @soyautistayque.

Ricardo Valdés, ex viceminitro del Interior, asegura a El Comercio que la página web “fue mal hecha, mal construida y solo por cumplir”. “Hubo una propuesta para que la página sea realizada por el Ministerio del Interior, pero la policía se negó y ahora hay una página que no tiene ningún tipo de difusión masivo. Los portales de búsqueda requieren una amplia difusión. En este caso no se activó ninguna alerta”, resalta.

Afuera de la Morgue Central de Lima, el tío del menor le pregunta a un policía de la Dirección de Desaparecidos de la Policía Nacional por qué tardaron tanto en las coordinaciones, el oficial avergonzado solo responde: “sin recursos no se puede hacer nada, señor. Esa es la realidad”.