El último viernes, Osinergmin ordenó que las empresas de luz retiren los cables aéreos en 67 centros históricos en el país. La idea es que estén soterrados. (Foto: Municipalidad de Lima)
El último viernes, Osinergmin ordenó que las empresas de luz retiren los cables aéreos en 67 centros históricos en el país. La idea es que estén soterrados. (Foto: Municipalidad de Lima)
Angus Laurie

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En anteriores columnas he escrito sobre el tema del estorbo urbano, refiriéndome a la cantidad innecesaria de postes, tachos y otros elementos de mobiliario urbano que están colocados en el espacio público. A menudo, en una esquina, uno se encuentra con un poste de semáforo al lado de un poste para cables de luz, al lado de un poste para un farol, al lado de un poste para una cámara de tráfico, al lado de un tacho de basura.

Mientras el estorbo urbano es un problema que ocurre en muchas ciudades, hay algunas que son mejores en ordenar sus calles y espacios públicos a través del multiuso de elementos de mobiliario. En Chicago, por ejemplo, los postes para los faroles, en muchos casos, sostienen también semáforos vehiculares y peatonales. En Toronto, los postes que cargan los cables de luz también soportan los faroles, semáforos y la señalética de las calles. En otras ciudades, se cuelgan los tachos de otros postes ya existentes.

Cuando se duplican o triplican las funciones de cada poste, se genera un mayor sentido de orden en el espacio público.

Lo mismo aplica a la cantidad de cables que hay en las vías públicas. En Lima, junto con las otras ciudades del Perú, la cantidad de cables en las vías públicas genera una imagen de desorden y decadencia.

Parece que esto empezará a cambiar. El último viernes, Osinergmin ha ordenado que las empresas de luz retiren los en 67 centros históricos en el país. La idea es que en vez de tener cables aéreos, estén soterrados. En la capital, esto afectaría directamente el Centro Histórico de Lima, Santiago de Surco, Miraflores, Barranco, Chorrillos, Chosica, Rímac, Pueblo Libre y Ancón. También la zona monumental en El Olivar (San Isidro) y los centros históricos del Callao y La Punta.

Esta noticia es un buen punto de partida, y sería bueno poder extender este tipo de propuesta hacia el resto de la ciudad. En el extranjero, por ejemplo, muchas ciudades han construido ductos subterráneos para poder colocar los cables de telecomunicaciones y electricidad, entre otros tipos de infraestructura.

Estos ductos se pueden financiar a través del cobro de un alquiler a la empresa de telecomunicaciones o de luz. Alternativamente, se puede abrir la posibilidad de que los mismos vecinos paguen por la ejecución del trabajo. Esta suma se puede calcular en relación al valor económico que genere el mejoramiento de la calle, ya que el soterramiento de los cables generará mayor valor en las propiedades de los vecinos.

Esta iniciativa debe ir de la mano de un diseño previo y planificación de cada calle, ya que el caos que encontramos ahora se debe en gran medida a la falta de continuidad y a las iniciativas improvisadas de la gestión de turno

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