Rubén Goycochea es un ciego que asegura poder 'ver' a través del tacto, el oído y la imaginación. Todos los meses recorre con su guía los atractivos turísticos y los monumentos de Lima.
Rubén Goycochea es un ciego que asegura poder 'ver' a través del tacto, el oído y la imaginación. Todos los meses recorre con su guía los atractivos turísticos y los monumentos de Lima.
Juan Pablo León Almenara

¿Qué ve un ciego? ¿Ve en blanco? ¿En negro?

Ni en blanco, ni en negro, ni en multicolor. Un ciego no ve. Es como si tratáramos de mirar a través de un dedo. Ya que el dedo no es capaz de recibir imágenes, este no puede enviar ninguna señal al cerebro sobre lo que está 'viendo' (tampoco tiene un nervio óptico). Porque el dedo no está hecho para ver.  

Pero los ciegos sí pueden ‘ver’ de otras maneras. Y probablemente lo hagan mejor que mucha gente que tiene los ojos en buenas condiciones.

Construyendo una imagen en 3D
Con Rubén Goycochea (31) uno aprende que no hacen falta los ojos para ver. Que somos mezquinos con los otros sentidos del cuerpo humano al momento de querer percibir una realidad. Que el cerebro es un procesador demasiado complejo como para dejarlo 'solo' con la vista. 

Rubén Goycochea nació ciego. "Pero soy capaz de ver. Y te lo digo en serio: yo veo", dice. Y se le escapa una sonrisa porque entiende nuestra sorpresa. Estamos sentados en un jardín soleado del Parque de la Exposición. Con él nos acompañan otros 15 discapacitados visuales, congregados por el proyecto "En Con-Tacto con el Patrimonio", un programa cultural que orienta a personas con discapacidad visual a valorar el patrimonio de la ciudad de Lima a través del tacto, el oído y la imaginación.

Rubén nos propone hacer el experimento de cerrar los ojos para –en cierta forma– lograr 'ver' a su manera durante unos segundos. El efecto es inmediato: el ruido del agua en una pileta, el aire en nuestras caras y la picazón del pasto en nuestras manos nos permite por un instante construir una imagen mental de nuestro alrededor. 

“Limitarnos a apreciar los detalles con un solo sentido, en este caso la vista, es quizás una forma muy básica de aprender. El cerebro es un gran procesador de experiencias y si empleáramos todos nuestros sentidos en reconocer los detalles histórico-artísticos que nos ofrece la ciudad, ¿te imaginas cuánto más podríamos llegar a descubrir?”, dice , fundador del proyecto "En Con-Tacto con el Patrimonio". Vladimir recorre la ciudad con estos invidentes una vez al mes. 


Esta clase de turismo cultural realizada en favor de los invidentes es, en ocasiones, mucho más satisfactoria para Vladimir, también fundador de . "El asombro de ellos por descubrir las siluetas, las texturas y sus rostros alegres son tal vez la mejor recompensa", dice.

Rubén descansa al borde de la pileta central del Parque de la Exposición. Ya ha recorrido con las manos unas 10 esculturas y monumentos cercanos, pero era la primera vez que se acercaba y percibía los chorros de agua que salen del mármol de esta gigante estructura.

"Son varias veces las que he pasado por aquí, pero es la primera vez en la cual puedo ‘verlo’, por decirlo así. Puedo ver lo que tiene el plato, las imágenes que hay, porque gracias a la descripción que hace Vladimir, puedo saber lo que hay. Puedo entender, incluso, que es una maravillosa vista", explica.

Rubén y sus compañeros de ruta son miembros, desde hace hace 7 u 8 años, de la Unión Nacional de Ciegos, asentada próxima a la Plaza Bolognesi. Tiempo atrás, cuando caminaban a tientas hacia el local de esta asociación, no se imaginaban cómo era esta plaza, y mucho menos sabían que en medio del Paseo Colón había esculturas que hubieran podido percibir en el camino. "No sabía que Bolognesi tenía, a su mano derecha, el arma cogiéndola. No sabía que debajo de Bolognesi había laureles. Hoy tengo una imagen de todo eso y disfruto más la ciudad", dice Rubén.


Rubén nos habla de la figura que encabeza la pileta de la Plaza Mayor, donde también ha hecho recorridos. "Es una figura mitológica romana, parecida a un ángel. Tiene alas y una trompeta, ¿no?". Y continúa explicando todo lo que 've' a través de sus recuerdos: "Hablo de ese tipo de instrumento de metal. Que es frío al tacto. Una trompeta real es de color dorado. El dorado, un color que brilla, ¿no?".

¿Cómo sabes todo eso?, le preguntamos. "Porque lo veo. No con los ojos. Sino con la imaginación que me permite tener los demás sentidos y lo que me cuentan sobre eso". 

Ciudad indiferente
Para Vladimir, Lima no es una ciudad accesible para personas con discapacidad. “Cruzar la avenida Paseo Colón es una tarea imposible. Las coasters no paran, el semáforo solo da verde a los autos y nadie ayuda a las personas a cruzar”, dice.

Para el urbanista Angus Laurie, los problemas de accesibilidad para personas con alguna discapacidad se dan en toda la ciudad.

“Lima es caótica para invidentes, adultos mayores o personas en silla de ruedas. Los semáforos solo buscan maximizar el tiempo de paso de los autos”, indica. Este es un gran reto para la entrante gestión municipal, encargada de dejar una capital embellecida de cara del Bicentenario de la Independencia del Perú. Una capital que también sea accesible y no tenga restricciones.