(Foto referencial: El Comercio)
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Angus Laurie

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En marzo de este año, el periódico español “El País” publicó un artículo sobre las ideas urbanas del sociólogo estadounidense Richard Sennett. En este artículo resaltan la visión de Sennett, que indica que la participación ciudadana es importante, pero que las municipalidades, urbanistas y arquitectos no pueden simplemente escuchar sin tener una posición crítica.

El artículo cita a Sennett: “Debemos escuchar a la gente [...] Pero una cosa es escuchar y otra dejar de pensar. Si hiciéramos lo que la gente quiere, acabaríamos construyendo urbanizaciones valladas.

Segregaríamos a la población por raza, creencias o clase social. ¿De verdad consideran que se deben apoyar esos prejuicios?”.Aunque en Lima no tenemos una cultura de participación ciudadana tan desarrollada como en algunos países de Europa, el problema de excluir en base a la opinión de la gente es algo común en muchas partes de la ciudad. En los distritos de Lima moderna, como San Isidro, San Borja, Surco y Miraflores, las municipalidades han promovido un modelo de ciudad residencial, y en algunos barrios de densidad baja, a pesar de la ubicación de estos distritos en el centro de la ciudad, donde existe un mejor nivel de acceso a los beneficios (empleo, equipamientos e infraestructura) que ofrece la ciudad.

Como he mencionado antes, los requerimientos exagerados de tamaños mínimos para departamentos, y requerimientos para un número mínimo de estacionamientos son una forma descarada de excluir a grandes secciones de la población del mercado inmobiliario.
Uno puede ver la misma tendencia de excluir en los nuevos proyectos de vivienda en el antiguo aeródromo de Collique, en Comas. Allí, las nuevas urbanizaciones están valladas, ubicando sus estacionamientos en el retiro frente a las calles, y concentrando sus áreas verdes en el centro. Esto representa una receta para generar el mayor valor económico, y un sentido de seguridad para sus vecinos al costo de generar buenas calles y espacios públicos.

Tanto en Collique como en Lima moderna, algunos vecinos exigen la residencialidad sobre un modelo de ciudad compacta y de usos mixtos. El resultado es la segregación de usos en grandes bloques, donde es difícil acceder al trabajo, educación y tiendas desde las viviendas. Además, representa un modelo de planeamiento orientado hacia el automóvil, y va en contra de los retos de planeamiento contemporáneo a escala mundial, incluyendo la nueva agenda urbana firmada por el Perú en Quito, en el 2016.

Parte del problema es que los distritos tienden a representar los intereses de sus vecinos, perdiendo de vista lo que es mejor para la metrópolis. En parte es el resultado de la falta de un plan metropolitano, pero, por otro lado, es una consecuencia de municipalidades que han dejado de pensar en los procesos de participación.

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