Antes de que la pandemia del COVID-19 llegara al Perú y se decretara el estado de emergencia, muchos pacientes con epilepsia, autismo, ansiedad o dolores crónicos se trataban con cannabis medicinal. Muchos han tenido ahora que suspender sus tratamientos o deben recurrir al mercado negro para continuarlos. (Foto: Alessandro Currarino).
Antes de que la pandemia del COVID-19 llegara al Perú y se decretara el estado de emergencia, muchos pacientes con epilepsia, autismo, ansiedad o dolores crónicos se trataban con cannabis medicinal. Muchos han tenido ahora que suspender sus tratamientos o deben recurrir al mercado negro para continuarlos. (Foto: Alessandro Currarino).
María del Carmen Yrigoyen

A pesar de que durante el mandato del expresidente Pedro Pablo Kuczynski el Congreso de la República despenalizó el uso medicinal del no psicoactivo, a la fecha no es posible acudir a una farmacia y acceder al producto. La única manera de comprar el aceite (que tiene como compuesto principal el cannabidiol-CBD) es acudiendo al local de Digemid (Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas), ubicado en , con una receta otorgada por un médico especialista, previa consulta. La receta se queda en Digemid y a cambio se le entrega al paciente un pomo de 10 mililitros por S/50.

Antes de la pandemia del esto ya era un problema para muchos usuarios del cannabis, principalmente para quienes vivían en provincia y debían viajar a Lima cada vez que se les acabara el contenido del frasco. También para aquellos con dolores crónicos (pacientes oncológicos, con escoliosis, reumatismo, etc.), que necesitaban otro tipo de aceite, el que contiene THC, y que no es expedido ni por la Digemid.

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Ahora, en medio del estado de emergencia, el problema se extiende a aquellos consumidores que viven en Lima, por el terror a subir a un medio de transporte público e infectarse de COVID-19. Para Yolanda, por ejemplo, quien vive en la urbanización José Carlos Mariátegui, en , solo salir de su casa y caminar al paradero es un peligro. A eso hay que añadirle lo que podría ocurrir en ―al menos― hora y media de viaje en bus hasta llegar a la farmacia de Digemid. “Me da mucho miedo", dice.

Sin embargo, correría el riesgo si supiera que al llegar al local va a encontrar no solo el aceite de CBD sino también el de THC, que es el que mejor le sienta a su nieto Liam, de 5 años. El pequeño necesita el aceite para mantener a raya un síndrome con el que nació y que le provoca convulsiones terribles, el Síndrome de West.

Liam tiene también autismo y nació con displasia del nervio óptico. “Todo el primer año estuvo con los ojos desorbitados. Sufría espasmos diarios y a veces convulsionaba hasta 30 o 40 veces al día. Eso no le permitía controlar sus movimientos. No podía ni sentarse. Era como una gelatina”, recuerda la abuela.

Liam, de 5 años, nació con el Síndrome de West, una condición que le provoca convulsiones. También tiene autismo y cuando nació no podía controlar el movimiento ocular.  (Foto: Alessandro Currarino/El Comercio).
Liam, de 5 años, nació con el Síndrome de West, una condición que le provoca convulsiones. También tiene autismo y cuando nació no podía controlar el movimiento ocular. (Foto: Alessandro Currarino/El Comercio).

El médico que lo monitoreaba le recomendó a la familia comprar unas ampollas de US$400. “No las vendían acá. Tuvimos que pedir a unas amistades que nos las enviaran de Chile”, recuerda Yolanda. Hicieron caso y las ampollas mantuvieron al pequeño tranquilo por dos meses. “Luego de eso volvió la crisis de una manera brutal", dice la mujer.

Asegura que eran pocos los momentos en los cuales el bebé podía respirar tranquilamente. "Nosotros ya también andábamos enfermos. No podíamos ni dormir. Un día vimos que en Argentina había una niña con el mismo diagnóstico y que ya se trataba con cannabis. Me puse en contacto con madres cultivadoras y me apoyaron”, cuenta.

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Liam comenzó su tratamiento con cannabis en junio del 2016. Para noviembre de ese año, asegura la abuela, podía mantener fija la mirada, volteaba cuando alguien decía su nombre y las convulsiones ya no eran tan habituales. Podían darse cada quince días. “Ahora puede ser cada uno o dos meses. El espasmo ya no es fuerte, no es brusco. Antes nos obligaba a llevarlo a UCI”, dice.

El problema ahora es que a Yolanda solo le queda un pomo de aceite que se acabará antes de la primera quincena de junio. “Si Liam interrumpe el tratamiento podría venirle otra crisis. Llevarlo a UCI sería terrible ahora con todos los contagios. Voy a tener que acudir al mercado negro y van a querer cobrarme S/150 o S/200 por algo que normalmente podría costar S/50. ¿Pero, qué hago? Sé que vale la pena el sacrificio”, dice.

Desde que Liam comenzó a tomar el aceite de cannabis, sus convulsiones se redujeron y logró conectar con su familia. Pero las reservas del aceite que le compraba su abuela se agotarán antes de mediados de junio (Foto: Alessandro Currarino/El Comercio).
Desde que Liam comenzó a tomar el aceite de cannabis, sus convulsiones se redujeron y logró conectar con su familia. Pero las reservas del aceite que le compraba su abuela se agotarán antes de mediados de junio (Foto: Alessandro Currarino/El Comercio).


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-Los más perjudicados-

De acuerdo con la Federación de Cannabis Medicinal (Fecame), que agrupa a siete asociaciones de hasta 300 afiliados cada una, más del 67,5% de los usuarios de cannabis medicinal ha tenido problemas para adquirir el aceite o ha debido suspender su tratamiento. Las causas están relacionadas con la dificultad para desplazarse hasta el local de venta, con la falta de disponibilidad en sus ciudades o con el aumento de los precios del producto en el mercado negro,

“Muchos pacientes han perdido sus puestos de trabajo por la crisis del COVID–19. Son usuarios con dolencias crónicas que no pueden interrumpir sus tratamientos y el Estado debe garantizar su derecho al acceso a la salud”, señala Mario Ríos Barrientos, presidente de la Fecame. Por eso ha pedido al gobierno tanto la “descentralización” del acceso al cannabis medicinal como su inclusión en las coberturas de los seguros de salud.

La federación también está pidiendo que se reevalúe el volumen permitido para la venta de aceites sin THC.

Luis Kaqui tiene tres hernias discales y espondiloartritis. Dice que en el 2015 los dolores eran tan fuertes que no podía ni siquiera girar echado en la cama. El tratamiento con el aceite de cannabis le ha permitido atenuar esos dolores, volver a caminar y mejorar su calidad de vida (Foto: Alessandro Currarino/El Comercio).
Luis Kaqui tiene tres hernias discales y espondiloartritis. Dice que en el 2015 los dolores eran tan fuertes que no podía ni siquiera girar echado en la cama. El tratamiento con el aceite de cannabis le ha permitido atenuar esos dolores, volver a caminar y mejorar su calidad de vida (Foto: Alessandro Currarino/El Comercio).

“No podía moverme de la cama”

Luis Kaqui tiene múltiples problemas de salud: tres hernias discales, artrosis en columna y rodillas, espondilolistesis (cuando la vértebra se sale de su sitio) y psoriasis. “Hasta antes de probar el cannabis había días en que no podía moverme de la cama. Tenían que ponerme inyecciones de Diclofenaco, Neurobión, Lírica (pregabalina) y arcoxia. El daño al estómago era terrible”, cuenta.

En el 2015 empezó a consumir el aceite y asegura que ya desde el primer mes notó una mejoría. “Me bajó el dolor en un 30%. Ya para el tercer mes era notorio. Ahora tengo una calidad de vida extraordinaria. Puedo subir escaleras, bailar”, dice.

Todo lo logrado, sin embargo, podría perderse. " Los cultivadores que abastecían a las familias con el aceite de THC no pueden conseguir la materia prima. Así que muchos estamos trayendo del extranjero, de laboratorios con productos estandarizados. Pero es complicado porque las fronteras están cerradas", explica.

Igual de complicado es enviarle los aceites a su nieta Alanna, de 5 años, quien vive en Huánuco y también consume el cannabis desde que era muy pequeña.

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Así como Liam, Alanna nació con el Síndrome de West. Con apenas meses de nacida, convulsionaba cada 2 a 3 horas. “Eso hacía que se desconectara de la realidad”, explica Luis.

Los medicamentos anticonvulsivos tradicionales tenían efectos nocivos en la niña, quien a los siete meses perdió la facultad de deglutir los alimentos, de agarrar objetos, de sostener su cabeza. Dejó de reír. Tampoco le salían las lágrimas. Luis recuerda que los médicos le dijeron que entre el 30% y el 40% de los pacientes con ese diagnóstico moría antes de los 2 años de edad.

Por eso Luis comenzó a investigar tratamientos alternativos. Así descubrió el cannabis medicinal. Fue donde el neurólogo que atendía a Alanna y le pidió que la monitoreara. “No me vengan con plantitas, eso no está autorizado”, recuerda que le dijo el especialista.

La imagen es de octubre el 2015, cuando Alanna, la bebé de Zhenya Kaqui, ya tenía un mes iniciado el tratamiento con cannabis medicinal. Ya no convulsionaba.
La imagen es de octubre el 2015, cuando Alanna, la bebé de Zhenya Kaqui, ya tenía un mes iniciado el tratamiento con cannabis medicinal. Ya no convulsionaba.

Para entonces Alanna convulsionaba en promedio 120 veces al día. Así que la familia de la pequeña insistió en probar la nueva alternativa. “Comenzó a tomar el aceite en setiembre del 2015. Luego de la primera semana sus convulsiones se redujeron a 70 por día”, recuerda el abuelo.

Le daba una gota en la mañana y otra en la noche. Terminando la tercera semana la niña reventó en llanto. La familia presenció la escena como si se tratase de un nuevo nacimiento.

También recuerda con precisión la fecha en la que la Alanna dejó de convulsionar: fue el 5 de octubre de ese año. "Después de eso aprendió a gatear como cualquier bebé. Al año y dos meses comenzó a caminar. Hasta hoy, gracias a Dios, no ha vuelto a convulsionar. Mi niña ha recuperado todas sus facultades: juega, camina, ríe. Es muy inteligente. Ya está llevando sus clases virtuales”, cuenta Luis. La niña que nació con pronóstico reservado lleva hoy los cursos de inicial.

Alanna, de 5 años, recibe tratamiento con cannabis medicinal desde que tenia siete meses de nacida.
Alanna, de 5 años, recibe tratamiento con cannabis medicinal desde que tenia siete meses de nacida.

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