El local de La Panka ubicado en la Costa Verde (Barranco) fue cerrado tras una denuncia por discriminación (Foto: Leandro Britto)
El local de La Panka ubicado en la Costa Verde (Barranco) fue cerrado tras una denuncia por discriminación (Foto: Leandro Britto)
María Inés Ching

La discriminación es -lamentablemente- noticia repetida en el Perú. Uno de cada tres peruanos ha sido discriminado en el 2019, según datos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, una cifra que con relación al 2018.

El principio de todo acto de segregación puede resumirse en que “la naturaleza humana deja al otro siempre en el lugar de la carencia”, sostiene el divulgador filosófico Darío Sztajnszrajber. Esto quiere decir que lo más parecido a mí y a los míos es pleno, mientras que el otro es “el otro” porque es carente de rasgos familiares.

En nuestro país, hay “motivos” diversos para la discriminación: formar parte de la población LGTBI (70%), ser portador de VIH o de SIDA (70%), ser indígena (64%), sufrir alguna discapacidad (61%), estar privado de la libertad (56%) o ser afroperuano (55%); según indica un último estudio de Ipsos al respecto.

El último sábado, el gerente de la franquicia La Panka negó el ingreso a su local de la Costa Verde a una familia con dos miembros que sufren discapacidad. Jorge Mendoza Ríos se estacionó en el lugar que les correspondía estas personas por su condición. La reacción de La Panka fue rápida: deslindó con el gerente, y prometió las medidas correctivas pertinentes.

¿Por qué no aceptamos lo diferente? ¿Por qué nos asusta? Normalizamos la segregación cuando en las escuelas permitimos el acoso hacia el alumno inmigrante, cuando nos reímos de la o cuando le regalan un jabón a un político en un debate. Cuando sintonizamos programas racistas en la TV, cuando nos incomodamos con los extranjeros en el transporte público o cuando ensuciamos la calle sin considerar a quienes se movilizan en silla de ruedas.

Una frase, un gesto o un chiste pueden ser la semilla de actos de discriminación. Combatirla cuando aún es pequeña es la clave para reducirla y para potenciar la empatía. Recordemos que son las diferencias las que nos hermanan y aceptarlas nos hace más humanos.