Eduardo ha sobrevivido al coronavirus, pero las huellas en sus pulmones (y en su memoria) perduran. (Foto: César Campos)
Eduardo ha sobrevivido al coronavirus, pero las huellas en sus pulmones (y en su memoria) perduran. (Foto: César Campos)
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Lourdes Fernández Calvo

Lo primero que vio Eduardo al despertar, después de estar 21 días en coma inducido, fue la muerte. El coronavirus se estaba llevando a los pacientes que colocaban junto a él. No recordaba nada, ni a su esposa ni a sus tres hijos. Lo último que supo de su vida fue que el estaba invadiendo sus pulmones y no podía respirar. “Me pusieron el ventilador, vi a mi hijo a lo lejos y me encomendé a Dios, porque sentía que no saldría de UCI”, cuenta aún con esfuerzo.

Eduardo estuvo internado un mes y medio en el hospital Dos de Mayo. Llegó a UCI. (Foto: César Campos)
Eduardo estuvo internado un mes y medio en el hospital Dos de Mayo. Llegó a UCI. (Foto: César Campos)
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Casi 45 días después de haber estado hospitalizado, Eduardo tuvo que aprender a caminar, a mover los brazos y a adaptarse a una vida marcada por el virus. Se ha ido acostumbrando al ahogo, la falta de aire, los mareos al levantarse de la cama, el dolor permanente en la espalda, la falta de visión en el ojo izquierdo y hasta al cambio de su voz. Pero ninguna de estas secuelas le duelen tanto como el sufrimiento que padeció su familia durante cada día que luchó por su vida. “Ese dolor no se cura”, susurra.

Para Mariel, de 39 años, las heridas que le ha dejado el coronavirus siguen frescas, abiertas, pero es optimista y confía en que (algún día) van a cicatrizar. Los dolores en la espalda y el cansancio que siente al intentar volver a su rutina diaria aún le pesan, tanto como los que siente cuando recuerda a quienes el virus se llevó de su lado. “Mi vida no es la misma, sé que no lo volverá a ser, me estreso, me canso. Además, estoy mucho más sensible, pero trato de relajarme y pensar que todo lo voy a superar”, cuenta. Hace un mes que el virus llegó a su casa y se llevó a su abuela. Cada integrante de la familia lleva ahora las placas de sus pulmones como un certificado de supervivencia.

Mariel  y toda su familia tuvieron coronavirus. Su abuela falleció.
Mariel y toda su familia tuvieron coronavirus. Su abuela falleció.

¿Qué sigue después del coronavirus? Miguel, otro sobreviviente, responde: “Mi vida ahora va al ritmo que ha dejado la enfermedad”. Según cuenta, ese ritmo es lento, agitado y aún tortuoso. Se contagió del virus al igual que su esposa y sus dos hijas de 2 y 13 años. Otra casa que se convirtió en un minihospital. A los 25 días de estar en cuarentena y vigilados por los médicos, les dieron el alta, pero todo ha cambiado, cuenta Miguel.

“Tengo fatiga al subir las escaleras, dolor en la espalda cuando hago esfuerzo y algo de vértigo cuando cambio de postura. No puedo ser el de antes”, se lamenta.

—Las secuelas—

La Organización Panamericana de la Salud informó que, a siete meses de los primeros contagios en el mundo, se puede afirmar que las principales secuelas que deja el virus son una inflamación intensa en el tracto respiratorio, así como en el sistema cardiovascular y el nervioso. Además, están los daños psicológicos y psiquiátricos.

-Los pulmones-

Rubén Huamán, médico neumólogo del hospital Guillermo Almenara, aclara que las afectaciones poscoronavirus dependerán de la gravedad de cada caso. “Si es leve, no habrá mucha secuela. Pero si es severa puede haber fibrosis pulmonar o una inflamación del tejido pulmonar”, refiere. Asegura que es necesaria una tomografía pulmonar dos meses después de superar el coronavirus.

“Lo ideal es que el paciente acuda a un neumólogo para evaluar los síntomas. Para saber si necesita un inhalador, un jarabe para la tos, o si hay falta de aire porque se le tiene que dar oxígeno. Después de dos meses se evalúa el daño y se hacen pruebas de punción pulmonar. Constan de espirometría, la pletismografia y la tercera el test de difusión de monóxido de carbono. Ese mide la cantidad de tejido del pulmón que se ha dañado”, explica.

-El daño al corazón-

David Gálvez, jefe del área de Cardiología de Essalud, explica que hay algunas condiciones de riesgo que se deben considerar en pacientes con coronavirus. Gálvez precisa que el desbalance en el consumo de oxígeno puede generar coágulos que son como infartos.

Además, se pueden producir inflamaciones en los músculos del corazón. “Se puede presentar como taquicardia, arritmias y dificultad para respirar”, indicó.

Gálvez recomienda hacerse un ecocardiograma y un electrocardiograma a aquellos que han tenido falta de aire, arritmia, desmayos, dolores. El signo más común es cuando hay falta de aire y cansancio al hacer pequeños esfuerzos.

-Los músculos y los nervios-

Otro punto importante son las secuelas en los músculos y los nervios. Karina Artica. jefa del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Dos de Mayo, refiere que la mayoría de pacientes que sale de UCI o de hospitalización termina con atrofias musculares ya que han estado inmovilizados. Los pacientes críticos, indica, son los que presentan disminución de fuerza en las extremidades y dificultad para caminar. “Si la secuela es severa vamos a poder rehabilitarlos hasta cierto punto y no en su totalidad. Algunos volverán a ser como eran antes, pero algunos tendrán que seguir con cierta afectación”, agrega.

Artica recomienda la rehabilitación y la terapia física para que los dolores disminuyan progresivamente.

“Hay pacientes asintomáticos que también están presentando secuelas musculares. Es necesario que todos los que hayan padecido el coronavirus se hagan pruebas funcionales para ver si requieren terapia y rehabilitación”, indica.

El hospital Dos de Mayo inició la terapia física y rehabilitación para pacientes recuperados del coronavirus. Por el momento, el servicio se está brindado solo a los trabajadores del hospital que tuvieron el virus.

El hospital Dos de Mayo inició las terapias con sus trabajadores.
(Foto: Britanie Arroyo)
El hospital Dos de Mayo inició las terapias con sus trabajadores. (Foto: Britanie Arroyo)

 -La salud emocional-

Una de las secuelas que perdura como una huella común entre todos los sobrevivientes al coronavirus es el daño emocional. La médico psiquiatra Benilde Cecilia Tirado Hurtado señala que se pueden identificar trastornos de estrés postraumático en los pacientes que han pasado por hospitalización. Esta situación se observa cuando la depresión afecta la funcionabilidad de la persona. “Tienen pesadillas vividas como si los estuvieran entubando de nuevo, sintiendo que se van a morir, entonces, el sistema inmunológico se queda hiperactivo ante ciertas situaciones”, indica.

Tirado asegura que la huella psicológica puede ser más profunda en los pacientes que nunca han padecido ninguna enfermedad previa: “Si la huella psicológica es grande y no es tratada se pueden quedar con esa ansiedad, y si es trastorno de estrés postraumático más grave no les permitirá tener una vida normal”.

La médico psiquiatra recuerda que es importante que las personas sepan que durante este proceso es comprensible que haya alteraciones en su sistema neurológico. “Si no pueden dormir, si les cuesta, si tienen pesadillas, si les cuesta hacer su rutina diaria, pueden hablar con su principal fuente de apoyo emocional y pedir ayuda porque es comprensible que están en un proceso de adaptación que dura unos tres meses probablemente”, precisa.

La psiquiatra señala que la principal recomendación es tener la red de apoyo emocional activa porque eso es lo que da soporte al sistema inmunológico. Segundo, refiere, es que se pueda recordar qué estrategias utilizaba antes para regular su estrés.

Tirado advierte que los daños emocionales pueden ser más severos en los niños que terminan contagiados y hospitalizados porque son aislados de sus padres.

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