María del Carmen Yrigoyen

De lunes a sábado desde las 8 a.m. hasta las 4 p.m., Gladys Ayala, de 62 años, acude a su taller de costura en el (INSN-SB). Allí, entre juguetes y dibujos de animales en las paredes, crea prendas que ayudan a acelerar el proceso de recuperación de .

Toda la ropa la confecciona con licra brasileña. “Es como si el niño usara una faja. La presión que ejerce la tela sobre la piel ayuda a que tenga una adecuada cicatrización y evita que se desarrollen queloides [cicatrices hipertrofiadas]”, explica.

A veces solo debe coser mangas. En otras ocasiones, debe pensar en tenidas completas que incluyan overoles, casaquitas y máscaras. A las prendas más grandes les suele colocar parches del Hombre Araña, Batman, la cerdita Peppa o de algún dibujo animado que esté de moda. Los mismos pacientes los escogen.

Todos los pequeños que pasan por su taller han sufrido quemaduras de segundo o tercer grado en más del 15% del cuerpo. Según cifras del instituto, cada año son internados unos 400 niños por quemaduras graves. El 80% de ellos tuvo un accidente con agua hirviendo. El más pequeño de los niños para los que Gladys ha cosido una prenda tenía 2 meses cuando llegó al INSN-SB.

Más datos 

► Atención Integral: En el INSN-SB, además del tratamiento médico y las intervenciones quirúrgicas, los pacientes que sufren quemaduras reciben acompañamiento psicológico y terapias de rehabilitación.
► Riesgo: Los casos que se atienden de menores heridos por el fuego aumentan en 20% en Navidad y Año Nuevo debido al uso de pirotécnicos.

—Sin costo—
Georgette, de 5 años, estaba en casa de su bisabuela, en Áncash, cuando una olla se volteó sobre ella. Eso fue el año pasado. Hace ocho meses fue derivada al INSN-SB. Gladys le cosió un overol y una chaqueta. Esta semana la niña volverá a su pueblo. Así que su madre la ha llevado donde Gladys para recoger un segundo overol. La nena abraza a la mujer. Luego, curiosea entre plumones y papeles para pintar.

Para su madre sería imposible comprar esta ropa en otros lugares. “Solo unos guantes de material elástico pueden costar hasta S/100 en centros privados. Un pantalón para un niño de 8 años, S/300 o S/350”, señala.

En el INSN-SB aseguran que todos los niños que se atienden por el SIS reciben las prendas que hace Gladys de manera gratuita. Los que vienen de provincias, que son cerca del 90% de los pacientes quemados de este centro, usualmente se llevan dos. Los bebes, que crecen rápido, también requieren más ropa.

Gladys se ha dedicado por más de tres décadas a la confección. Antes de abrir el taller, cosía, principalmente, disfraces para personas de todas las edades. Desde marzo del 2016, cuando llegó al INSN-SB, hasta la fecha ha elaborado más de 1.900 prendas para niños y adolescentes.

“Cuando les tomo la medida a los jovencitos, es difícil. Se ven y se deprimen. ‘Mejor me muero’, me dicen. Trato de animarlos. Hay un equipo de psicólogos que los acompaña también. Y conforme se van recuperando, ¡qué lindo es verlos!”, dice.