(Foto: Archivo El Comercio)
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Angus Laurie

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Las dos líneas de transporte masivo que tiene Lima, la y el , han tenido un gran impacto. Son íconos de progreso para una ciudad que tiene poca inversión pública. Para muchos de los usuarios ha reducido los tiempos de viaje diario, dándoles más tiempo útil para otros fines: estar con su familia o trabajar.

La nueva infraestructura ha permitido que la ciudad siga expandiéndose, con la posibilidad de que se formen nuevas centralidades en lugares que, anteriormente, fueron menos accesibles. El centro de Independencia ha crecido radicalmente después de la llegada del Metropolitano, y la línea 2 del metro (todavía en construcción) ha tenido un rol importante al incentivar la generación de proyectos como el Real Plaza Puruchuco en Ate.

Sin embargo, en distritos céntricos, aún no se han visto grandes cambios cerca de las estaciones. En los alrededores del centro financiero de San Isidro, por ejemplo, muchos de los lotes que dan a la Vía Expresa todavía no han aprovechado la altura máxima permitida por las normas de zonificación, y en zonas cerca de las estaciones de la línea 1 en Surco, Miraflores y San Borja, por ejemplo, todavía tienen una zonificación residencial de densidad baja, lo que limita drásticamente el número de personas que pueden trabajar o vivir cerca del transporte público masivo.

En las proximidades de las estaciones actuales, uno se encuentra con veredas angostas y colapsadas por la cantidad de personas tratando de entrar o salir. En muchos casos, no hay facilidades para cruzar las calles y llegar a estas estaciones. Incluso, a veces, no hay veredas para caminar.

Por su alto nivel de accesibilidad al resto de la ciudad, las áreas de captación de las estaciones de transporte masivo deben recibir un tratamiento especial en términos de planeamiento. Muchas ciudades promueven que estas áreas tengan mayor mezcla de usos de suelo y mayor densidad que otros barrios.

Bajo este modelo de planificación, se pueden concentrar futuros centros de empleo, viviendas y equipamientos en zonas que son accesibles a gran cantidad de personas, sin depender del automóvil o las rutas de transporte público tradicionales. De esta forma, es posible articular las estaciones con su entorno a través de calles atractivas y seguras, con menos contaminación y ruido, y diseñadas para dar prioridad al peatón sobre el automóvil. Este tipo de planificación, conocido como desarrollo orientado hacia el transporte público, no ha formado parte de la planificación de ninguna línea de transporte masivo hasta la fecha en Lima.

Con el desarrollo del plan maestro de transporte masivo de Lima y el plan de desarrollo metropolitano en proceso, ahora es el momento para pensar en este modelo de planificación holística para la ciudad.