(Foto: GEC)
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Angus Laurie

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A través de esta columna, he criticado algunas obras viales, como el paso a desnivel en 28 de Julio, bajo la lógica de que fueron proyectos puntuales y no sistémicos, y porque el incremento de capacidad vial en una ciudad muy congestionada podría inducir una mayor demanda para utilizar las vías, y generar más tráfico. En vez de hacer obras viales, he apoyado proyectos para mejorar la gestión de las vías que ya existen en la capital, resaltando la necesidad de fortalecer el Centro de Control y Gestión de Tránsito (CCGT) de la (MML).

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Parece una buena noticia que la ciudad expandirá el número de semáforos articulados a la red del CCGT de 415 a 704 este año. Por una inversión de S/117 millones, según un artículo de este viernes en El Comercio, la municipalidad va a instalar 120 kilómetros de cables de fibra óptica. Por un monto mucho menor de lo que la última gestión invirtió en el paso de desnivel en 28 de Julio, el proyecto empezará a controlar los flujos del tráfico en tiempo real, reduciendo la congestión a través de la gestión y no el concreto.

Unas urbanistas argumentan que la congestión vial en sí misma sirve como herramienta para incentivar el uso de la bicicleta o viajar a pie. Aunque la congestión efectivamente puede desincentivar el uso del automóvil cuando existen alternativas más rápidas y atractivas, hay que recordar que, todavía, la gran mayoría de limeños se movilizan en transporte público (73% según Lima Cómo Vamos). Esta gran mayoría hoy en día pierde millones de horas atrapada en el tráfico cada año.

Yo concuerdo con lo que dijo Gustavo Guerra García en una entrevista en El Comercio, acerca de que esta acción de la Municipalidad de Lima podría tener mucho mayor impacto en mejorar la movilidad de los limeños que la estrategia de ‘pico y placa’. Con una solución de relativamente bajo costo, la expansión de los semáforos coordinados a través del CCGT puede priorizar la eficiencia de los viajes de esta gran mayoría, y así mejorar el acceso hacia la ciudad.

Por otro lado, la interconectividad de los semáforos permitiría una gestión más flexible de los cruces, posibilitando la priorización de diferentes usuarios en diferentes momentos. Por ejemplo, se puede dar a los peatones más tiempo para cruzar durante las horas valle, o en la hora de llegada y salida de los colegios.

La generación de mayor fluidez en las vías puede traer beneficios, pero debe ir de la mano con estrategias para desincentivar el uso del automóvil, incluyendo el cobro para estacionar en las vías públicas.