. El resultado de esta forma de ciudad es tener una mayor distancia entre las viviendas y los lugares de trabajo, de consumo o de estudio. (Foto: El Comercio)
. El resultado de esta forma de ciudad es tener una mayor distancia entre las viviendas y los lugares de trabajo, de consumo o de estudio. (Foto: El Comercio)
Angus Laurie

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En mi última columna, mencioné el problema que existe al planificar la ciudad en grandes áreas de un solo uso. Incluso, en zonas céntricas, Lima todavía tiene grandes áreas destinadas exclusivamente al uso residencial. El resultado de esta forma de ciudad es tener una mayor distancia entre las viviendas y los lugares de trabajo, de consumo o de estudio.

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Esta segregación de usos, junto con los requerimientos mínimos de estacionamientos, es una receta perfecta para que las personas dependan de sus automóviles. Esto se ha vuelto un problema urgente en los últimos años. Bajo el modelo de planificación actual, el crecimiento urbano y económico ha resultado en un incremento drástico en el número de automóviles en Lima. , ha generado más tráfico, más congestión, más contaminación, una ciudad menos caminable y un sistema de transporte público menos eficiente. Es un círculo vicioso donde las mismas condiciones generadas por los vehículos empujan a las personas hacia la burbuja de confort y hermeticidad generada por un auto.

Respondiendo a la problemática, los diferentes niveles del gobierno han estado tratando de promover el concepto de la movilidad sostenible en las ciudades peruanas. El DS 022-2016 [del Ministerio de Vivienda] define la movilidad urbana sostenible como “el conjunto de estrategias y medidas planificadas destinadas a recuperar la calidad del espacio urbano y mejorar el desplazamiento de personas y mercancías (logística urbana), favoreciendo los modelos de transporte que menos recursos naturales consumen y menos costos ambientales provocan”.

Dentro de los planes de desarrollo urbano, el mismo documento resalta la necesidad de incluir una estrategia de movilidad urbana, con un “énfasis en las soluciones multimodales y el transporte rápido masivo”. El problema de este concepto de la movilidad es que corresponda a estrategias exclusivas desde el lado de la oferta de la movilidad.

La ONU, en cambio, concibe la movilidad, principalmente, desde el lado de la demanda. Para ello, el desafío de la movilidad urbana sostenible es generar un cambio paradigmático “en la planificación urbana, fomentando ciudades compactas con uso mixto del suelo para mejorar la accesibilidad y reducir en general la necesidad de transporte”.

En resumen, mientras nuestras políticas nacionales y locales buscan mejorar la calidad del desplazamiento, las políticas de la ONU buscan reducir la necesidad de generar desplazamientos. El primero tiene que ver con modos de transporte e infraestructura, y el segundo tiene que ver con el ordenamiento de los usos del suelo.

En el contexto de Lima, el desarrollo de ciclovías y nuevos sistemas de transporte masivo es claramente positivo, pero hasta ahora, no ha sido acompañado con un cambio en el paradigma de hacer una ciudad que reduzca la necesidad de desplazarse.