(Foto: Difusión)
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Angus Laurie

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El distrito de San Borja recientemente ha lanzado su Servicio de Movilidad Segura. Este consiste en tres buses que van por dos rutas que conectan a los residentes con las estaciones de la línea 1 del metro ubicadas en el distrito, gratis. Según un video publicado por la municipalidad, el servicio cuenta con cámaras para hacerlo más seguro.

Miraflores también han lanzado su Bus Inclusivo. Este servicio gratuito funciona para personas mayores y personas con habilidades diferentes, lo que cumple con el concepto de accesibilidad universal.
Un tercer caso es San Isidro, que hace ya unos años tiene un servicio de bus distrital. El Mi Bus también es gratuito y ofrece dos rutas de accesibilidad universal dentro del distrito. Mi Bus también mejora el acceso desde el Metropolitano hacia los barrios del distrito, promoviendo el uso de transporte público masivo sobre el uso del automóvil.

En los tres casos, los alcaldes distritales están desarrollando algo positivo para sus vecinos. También, por lo menos en los casos de Miraflores y San Isidro, hay que reconocer que los servicios son casi los únicos ejemplos en Lima que ofrecen una mayor accesibilidad hacia la ciudad para personas con habilidades diferentes. Por otro lado, uno se pregunta: ¿por qué el resto de rutas de transporte público no son accesibles?

De hecho, más allá de un impacto local para sus vecinos, estos son casos que reflejan varios problemas que sufre la gran Lima. Para empezar, los distritos no deben desarrollar, gestionar ni planificar el transporte público.

En la Ley Orgánica de Municipalidades, el transporte público es rol de las provincias, o en este caso, de Lima Metropolitana. Con la creación de la ATU (Autoridad de Transporte Urbano), estas competencias se van a traspasar hacia la nueva autoridad, lo que permitirá una gestión integral entre Lima y Callao.

Que los distritos hayan empezado a desarrollar sus propias líneas de buses constituye una repuesta a una situación en la que las rutas de transporte que existen actualmente son inseguras, inaccesibles para varias personas y, en muchos casos, informales.

Pero quizás más preocupante es cómo la existencia de estos servicios refleja una desigualdad espacial en Lima. Mientras en unos distritos se lucha solamente para cubrir los sueldos de su personal, hay otros distritos que tienen mayores recursos para invertir en buses y otorgar servicios gratuitos para sus residentes.

Todas las ciudades poseen desigualdades, pero las autoridades públicas deben trabajar para mitigarlas, generando un buen nivel de servicios públicos y de infraestructura, independientemente de la escala socioeconómica del lugar en el que están siendo desarrollados.
Y así, Lima sigue haciendo lo opuesto.